Hay fenómenos políticos que requieren análisis académico, perspectiva histórica o sesudos gráficos de barras. Y luego están los machitos del PSOE, que no necesitan nada de eso, basta con observarlos dos minutos para entender que algunos dirigentes siguen viviendo en una especie de arcadia socialista-patriarcal donde la igualdad se declama, pero no se practica… salvo en fotos de campaña
Confieso que cada vez que escucho a algún dirigente del PSOE presumir de feminismo, no puedo evitar imaginar una reunión interna del partido: una mesa larga, muchas corbatas, dos o tres mujeres tomando notas, y alguien diciendo aquello de “compañeras, aquí todos somos feministas…
Porque si algo caracteriza al socialismo español contemporáneo es su extraordinaria capacidad para declararse referente moral en igualdad mientras reproduce con sorprendente naturalidad los viejos tics patriarcales de siempre. Como si hubieran descargado el pack “Feminismo 2.0” sin leer los términos y condiciones.
La expresión “los machitos del PSOE”, que tanto puede irritar a sus protagonistas involuntarios, no nació de un conjuro malvado ni de una asamblea clandestina de feministas furiosas. Surgió, más bien, de la sencilla observación empírica cuando hay una decisión importante, allí están ellos, los guardianes del templo, los estrategas del manual, los que saben lo que “de verdad” conviene. Qué casualidad que siempre sean los mismos y, sobre todo, del mismo perfil, machitos amparados en su liderazgo que realizan propuestas deshonesta a la fémina subordinada.
Y ojo, no es que el PSOE no haya impulsado leyes pioneras. Las ha hecho, y muchas. El problema es que, entre ley y ley, en los pasillos del partido parece que el tiempo no pasa, el liderazgo no aprende nada de su discurso sobre la igualdad real entre hombre y mujer. Una especie de museo del poder masculino, solo que con wifi. Cuando hablan de igualdad, a veces suena como cuando un señor se hace un selfie con gafas de realidad virtual. Sí, técnicamente está ahí, pero sabes que no entiende del todo lo que ocurre.
Las bases feministas, esas que el partido recuerda con cariño cada 8 de marzo y olvida el resto del año, llevan tiempo señalando la desconexión entre el discurso oficial y la estructura interna, sin ser oídas, a veces, con la connivencia de alguna que otra mujer. Señalan que hay más eslóganes que cambios, más gestos que prácticas, y más solemnidad que autocrítica. Y eso, claro, incomoda. Porque no hay nada que moleste más a un machito ilustrado que le digan que lo es… especialmente cuando él está convencido de que es un aliado modelo.
En el fondo, la ironía del asunto es deliciosa, el partido que presume de haber modernizado España sigue sin modernizar del todo su propia casa. Como esos pisos “reformados” que solo han cambiado la cocina, pero mantienen el gotelé o papel pintado en el salón. El PSOE quiere ser vanguardia, pero a veces se queda en un machismo vintage.
¿Podrán el PSOE reeducar o expulsar a sus machitos para que cambien sus conductas? ¿O seguirán explicándonos a todos, con su tono condescendiente habitual, cómo funciona la igualdad en la teoría… mientras ellos la bloquean en la práctica?
Ojalá algún día lo veamos. De momento, seguiremos observando como sale en prensa este curioso experimento sociológico de un partido que proclamó la revolución feminista, pero que aún no ha descubierto que, para que sea creíble, también debe llegar al comité ejecutivo, denunciar y expulsar a los "machitos"
Ojo, nos es el PSOE el único partido salpicado por este tema, ya anteriormente lo fue Podemos, y seguirá saliendo a la luz pública casos como éste en estos y otros partidos, porque machitos en nuestra sociedad, hay un puñado, queda mucho por hacer.
