lunes. 23.03.2026

Politica y el bosque de las ilusiones

Pedro Sánchez, el único de la banda del Peugeot que todavía no ha entrado en la cárcel
Pedro Sánchez

El liderazgo de Pedro Sánchez parece acercarse a su fin tras una etapa marcada por una política de resistencia personalista, sostenida más en la supervivencia política que en la reconstrucción de consensos y credibilidad. Su trayectoria al frente del Gobierno y del PSOE ha estado caracterizada por una notable capacidad para sortear crisis internas y externas merecedoras de ser estudiada en los manuales de Ciencias Políticas, pero también por un desgaste progresivo que ha tenido un coste evidente de descrédito de la política institucional y la pérdida paulatina de apoyos electorales del socialismo tradicional.

Pedro Sánchez, ha gobernado con una lógica de confrontación permanente, tanto con la oposición como, en no pocas ocasiones, con sectores de su propio partido, también de imposición dentro de él. Esta estrategia, eficaz a corto plazo para mantener el poder, ha profundizado la fractura interna del PSOE, un partido históricamente plural, articulado sobre el peso territorial de sus “barones” y sobre una cultura política basada en el equilibrio interno. Hoy, ese entramado aparece debilitado, desorientado y, en muchos casos, desacreditado ante una militancia y un electorado que perciben más táctica que proyecto.

La incógnita que se abre ahora no es menor: ¿Quién será capaz de aglutinar a un partido exhausto y devolverle una identidad reconocible y un horizonte político ilusionante? El PSOE no solo se enfrenta a un relevo de liderazgo, sino a una crisis más profunda de sentido. La socialdemocracia española, como la europea, lleva años buscando su lugar en un escenario marcado por la polarización, el auge de los populismos y la desafección ciudadana hacia las élites políticas. En este contexto, el símil del “AVE Fénix” resulta pertinente, será capaz de resurgir ideológicamente? El PSOE ha demostrado a lo largo de su historia una notable capacidad de resurrección tras derrotas severas y crisis internas desde la travesía del desierto tras la Transición hasta su reconstrucción en los años noventa y hasta su regreso al poder en etapas inesperadas. Sin embargo, cada resurgir ha requerido algo más que un cambio de rostro; ha exigido liderazgo, relato y una conexión auténtica con las preocupaciones y problemas reales de la ciudadanía.

Quizá este sea, además, un momento propicio para romper inercias históricas de todos los partidos tradicionales, "el techo de cristal". El PSOE cuenta con mujeres con experiencia de gestión, peso orgánico y capacidad política suficiente para liderar una nueva etapa. Que una de ellas rompa de una vez el techo de cristal en los grandes partidos tradicionales no sería solo un gesto simbólico, sino una oportunidad para ensayar un liderazgo distinto y menos centrado en la épica personal y más en la reconstrucción colectiva, en el diálogo interno y en la pedagogía política hacia fuera. En Andalucía contamos una líder ducha en mil batallas sindicales que dió el paso a l política, Carmen Castilla, con un currículum académico impresionante y de trabajo por los derechos de los trabajadores desde la UGT, aunque tengo que reconocer que su figura se ha diluido desde entonces, además, le falta "agallas" para desmarcarse del sector oficial.

Un liderazgo femenino al frente del PSOE podría representar una ruptura con la lógica de hiperliderazgos patriarcales que ha dominado la política. No por una cuestión de género en sí misma, sino porque permitiría, si se acompaña de un proyecto sólido, reorientar el partido hacia una cultura política más coral, más territorial y más sensible al hartazgo ciudadano frente a “políticos” percibidos como alejados del interés general.

Nuestro país necesita un PSOE fuerte, reconocible y coherente. No solo por su peso histórico, sino porque la estabilidad democrática depende en buena medida de la existencia de una socialdemocracia capaz de articular mayorías amplias y ofrecer soluciones realistas a problemas complejos: la desigualdad, el modelo productivo, la cohesión territorial o la calidad institucional. Un PSOE reducido a una maquinaria de poder personalista sin alma ni proyecto es un problema no solo para la izquierda, sino también para el conjunto del sistema político.

El fin del liderazgo de Pedro Sánchez no debería entenderse únicamente como el cierre de una etapa personal, sino como una oportunidad para una reflexión profunda dentro del PSOE. El desafío no es quién será capaz de liderar las cenizas de un proyecto con  tantos años de historia, sino quién será capaz de devolverle la credibilidad, vocación de servicio público y una razón de ser que vaya más allá de la mera ocupación del poder. Solo entonces podrá, una vez más, renacer de sus cenizas como Ave Fénix.

Como en los cuentos de mágicos, en política también existen hadas, gnomos y duendes que con sus esfuerzos y magia hacen de nuestra sociedad, una sociedad más justa, equitativa y solidaria, pero de vez en cuando también surgen trolls que hacen desvanecerse esa magia de la ilusión por un futuro esperanzador y mejor para todo la ciudadanía, no solo para una parte interesada de ella.

Quién quiera entender que entienda.

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