domingo. 22.03.2026

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Quién le pone el cascabel al gato en las inundaciones
Quién le pone el cascabel al gato en las inundaciones

En nuestra ciudad cada vez que llueve se inunda, y cada vez que ocurre, el guion parece el mismo con carreteras cortadas, viviendas anegadas y vecinos atrapados mientras nuestras administraciones se apresuran a calificar el episodio como “excepcional”. No lo es. Lo excepcional es seguir fingiendo sorpresa y no actuando responsablemente para atajar el problema.

Existe un cambio climático, y la borrasca Leonardo, y ahora Marta no han hecho más que destapar una realidad conocida, documentada y reiteradamente ignorada, Jerez ha crecido urbanísticamente de espaldas a la responsabilidad y en contra del sentido común, hemos tenido durante muchos años sequía, está permitió un urbanismo ilegal y descontrolado en zonas inundables, cauces naturales y suelos rústicos donde nunca debió levantarse una vivienda.

Nuestro término municipal está plagado de parcelaciones ilegales, muchas de ellas ubicadas en áreas con riesgo claro de inundación, la necesidad de vivienda en algunos casos, y en muchos otros segundas residencias ha plagado el mundo rural de ellas. Los mapas existían al igual que os informes urbanísticos que desaconsejaban y advertía de la ilegalidad de las mismas. Las advertencias de técnicos, ecologistas y colectivos vecinales fueron sistemáticamente desoídas por nuestros gobernantes, pues a veces no es políticamente rentable electoralmente aplicar las normas y leyes. Mirar hacia otro lado resultó más cómodo que aplicar la ley.

Estos días el agua hace lo que siempre ha hecho: ocupar su espacio. Lo que no es natural es que encuentre viviendas, muros y carreteras bloqueando su paso, la construcción del Autovía partiendo los llanos de la Ina en dos es para hacérselo mirar. Cada arroyo desbordado, cada camino rural convertido en trampa, es la prueba de un fracaso colectivo, pero con responsabilidades muy concretas, nuestros gobernantes.

Porque aquí no hablamos de errores inocentes, estamos hablando de décadas de permisividad, de expedientes que nunca se cerraron, de órdenes de demolición que jamás se ejecutaron y de regularizaciones prometidas como moneda electoral. Hablamos de administraciones que supieron, miraron al cielo y no actuaron.

Hablamos de politicos que cuando llegan las inundaciones, movilizan recursos públicos para rescatar a quienes viven en zonas de alto riesgo. Se indemnizan daños, se reparan infraestructuras y se anuncian planes de emergencia. Lo que no se hace es atacar el origen del problema. Y eso también es una decisión política.

Invocar el cambio climático como única explicación no solo es insuficiente, es una forma de eludir responsabilidades. El clima puede ser imprevisible; la ocupación ilegal del suelo no lo es. Construir en una zona inundable es una irresponsabilidad. Permitirlo, una negligencia.

La pregunta es incómoda pero inevitable: ¿cuántas inundaciones más hacen falta para actuar? ¿Cuántos rescates, cuántos millones en daños, cuántas vidas puestas en riesgo? Porque mientras no se aborde de frente el problema de las construcciones ilegales en zonas inundables, Jerez seguirá siendo rehén de cada temporal.

Demoler, reubicar, sancionar. Son palabras impopulares, pero necesarias. No hacerlo es aceptar que el próximo episodio volverá a dejar imágenes de angustia que ya no deberían sorprender a nadie. Gobernar no es gestionar catástrofes anunciadas, es evitarlas.

En nuestra ciudad, el agua no es el enemigo. El enemigo es la cobardía política, la falta de planificación y la renuncia sistemática a ponerle el cascabel al gato. Y cada día que pasa sin hacerlo, el riesgo crece poniendose vidas en juego, y la responsabilidad también.

Muchos dirán no es momento para denunciar, si no para ayudar, lo mismo que se dijo en las últimas inundaciones, en las anteriores también.

¿Quién le pone el cascabel al gato?