En nuestra ciudad, la Navidad no empieza con luces ni belenes, aunque hace unos años existía gran tradición de belenes que se ha difuminado con el tiempo, sino con el ronco quejido de la zambomba. Según estudios está es una tradición que se remonta en nuestra ciudad desde el siglo XVIII, este instrumento humilde hecho con una tinaja, piel de cabra, antaño, ahora tela de muselina, tensa sobre una caña, que con sus ronquidos convocaban a los jerezanos en patios empedrados y bodegas centenarias para cantar villancicos flamencos, zambombas puras. Es tradición en estado puro, espontánea, comunitaria y gratuita. De casa en casa, con palmas, jaleos, copa de anis, coña, pestiños y poco más, la economía marcaba su son. Pero hoy, en 2025, esa esencia choca frontalmente con la realidad, las zambombas se han convertido en un negocio millonario que da un respiro económico a la ciudad, por ende, a nuestras familias.
¿Es esto una traición a los puristas o la única forma de que el duende sobreviva en tiempos de influencers y Airbnb? El lamento de los puristas... "Se nos escapa el alma"
Los guardianes de la tradición no callan. En las peñas flamencas como La Bulería o La Yedra, y en las redes sociales, resuenan las quejas "Antes era de pobres para pobres; ahora es un circo para guiris". Tienen razón en mucho. Las zambombas "oficiales" se dividen en dos mundos paralelos, las zambombas puras y las teatrales enfocadas al turismo con cajas de resonancia, luces y mucho marketing. En estas el duende se diluye: menos tertulia, más postureo para Instagram. El turista aplaude, pero ¿siente el pellizco del cante navideño por excelencia? Los puristas ven una profanación: "La zambomba no se paga, se regala", dicen. Y no es nostalgia vacía; es defensa de un rito que forjó el flamenco en la miseria de postguerra.
El negocio que salva la tradición.....pero detengámonos. Sin ese "circo", ¿sobrevivirían las zambombas? Jerez, con más de 220.000 habitantes, vive dos meses de la Navidad. Datos del Ayuntamiento 2024-25 nos dicen que más de 100.000 asistentes en eventos pagados, 2 millones de euros en impacto turístico (hoteles, hostelería, tablaos). Las entradas financian las gratuitas: el 70% de las zambombas oficiales no cuestan un euro.
Sin negocio, muchas peñas cerrarían. Ejemplo: La Yedra hace zambombas íntimas gratis, pero colabora en las pagadas para pagar luces y sillas. Los jóvenes descubren el flamenco en La Guarida del Ángel o el Hotel Palacio Garvey "turista-friendly" y luego buscan las auténticas en el barrio. La tradición no muere; se multiplica. Es evolución, no traición.
Soy de los que defiende lo políticamente incorrecto cuando lo incorrecto ayuda a nuestras familias a sobre vivir. las zambombas son tradición y negocio, no hay más. Los puristas tienen el alma intacta, pero ignoran la aritmética, en un mundo donde el flamenco compite con reggaetón y TikTok, hay que exportar el duende para que no se apague y con nuestras zambombas también sirven para esto, es escaparate de una ciudad en constante evolución. Jerez no renuncia a sus patios; los llena de visitantes que, al final, financian la cesta de la compra de mañana.
Jerez se ha convertido en una ciudad de quejicas con la nevera vacía y el rabo lleno de moscas de caballo, eso sí, manteniendo la esencia del purismo, que es muy importante....
- Jerez tiene Zambombas para puristas y para modernos:
- Peña La Bulería (gratis y con duende)
- Zambomba Villamarta (estrellas)
- Patio Taberna Tío Pepe
- La Guarida del Ángel (vibrante)
- Barrio San Pedro (auténtica)
- Hotel Garvey (lujo accesible)
Conclusión: Dejad de pelear puristas, defended vuestros patios; emprendedores y hosteleros, llenad las teatralizaciones de la misma. Jerez gana multiplicando formatos: el que busca alma, la encuentra; el que paga, disfruta show. Este año, id a las dos. La zambomba no es reliquia de museo: es vida que se reinventa.
¡Ole por Jerez que no se rinde!
