jueves 19/5/22

Carta al obispo de Salamanca

"Dice usted, que el habla andaluza y sus vocablos cofrades suenan mal, quizás no lo ha reflexionado suficientemente"
El MIRA | Noticias
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Señor obispo de Salamanca, Monseñor Carlos López Hernández, imagino que muy conocido en esa provincia castellana leonesa, y desde ahora en toda España, especialmente en Andalucía, desde donde enojado y sorprendido le escribo.

No me conoce, pero soy un andaluz por nacimiento, derecho y convicción. También soy católico, apostólico y romano por la gracia de mis padres, por la gracia de Dios y gracias a que no escucho ni hago caso a determinados miembros de la Iglesia más empeñados en empañar su imagen que en dar ejemplo.

Por ejemplo, los casos de pederastia, de sacerdotes a los que les gusta demasiado el dinero ajeno o de monjas que, como la tal Sor Lucía, le gusta hacer campaña política en vez de campaña por la Iglesia, su causa y su fin. Son gente que no me gusta. En ese grupo ha ingresado usted, monseñor. No sabe cuánto lo siento. Porque, como andaluz que soy, también soy hijo de Dios y, además, tengo mi corazoncito. Soy cofrade y como tal me considero parte de la Iglesia.

Leyendo su currículum, observo que usted nunca ha ejercido su ministerio pastoral en Andalucía. No sabe lo que se ha perdido. Luego, nunca llegará a entender el por qué de la celebración de la Semana Santa en cualquier rincón de esta santa tierra, que de alguna forma está usted demonizando y faltando al respeto. Usted jamás podrá discernir sobre el habla andaluza.

Para que lo comprenda. En Andalucía no se celebra la muerte de Cristo, sino su resurrección. Es decir, el triunfo de la vida, que es alegría, sobre la muerte, que como usted bien sabe es luto y tristeza, características de los pagos de su Diócesis. Tal vez por eso, convertimos nuestra fe en vítores, halagos, palmas o poesías cada vez que sobre un trono o un paso – según sea el habla en cada lugar de Andalucía – se procesiona una imagen de Cristo o una Virgen Dolorosa. Es una forma que tenemos los andaluces de hacer pública nuestras creencias.  Tan respetable como la de otros puntos del orbe terráqueo, entre los que se encuentra Salamanca.

Creo que usted no lo sabe. Pero por razones históricas y como consecuencia de las escasas comunicaciones existentes en el interior de Andalucía, cada una de las comarcas ha desarrollado durante siglos un habla distinta. Por eso no existe un dialecto andaluz, sino tantas hablas andaluzas como comarcas o pueblos. A eso se le llama riqueza cultural. Un andaluz puede entender a alguien que, como usted, ofrece sus homilías en un perfecto castellano. No creo que usted pueda comprender el habla de un andaluz de alguna comarca del interior.

Dice usted, monseñor, que ese habla andaluza y más sus vocablos cofrades “suenan mal”. Y de hecho recrimina a los cofrades salmantinos su uso durante las muy serias y respetuosas procesiones de la capital charra. Quizá usted no lo ha reflexionado suficientemente. No debe sonar tan mal las órdenes a la andaluza de un capataz a sus costaleros, horquilleros u hombres de trono salmantinos cuando esos vocablos han sido adoptados por un pueblo tan culto y bien hablado y sonado como el castellano-leonés.

Abundo ahora en lo anterior con un ejemplo práctico, que a buen seguro usted, Monseñor, entenderá. Si usted dice que un alimento sabe mal, lo que su feligresía probablemente entienda es que está malo. Luego si usted dice que el habla andaluza “suena mal” lo que me está diciendo es que el habla de Andalucía es mala. Incluso en la prensa charra se publica que usted piensa que es “anormal” que los cofrades salmantinos utilicen vocablos y el habla andaluza durante las procesiones. Es decir, que su feligresía puede llegar a entender que los andaluces que nos expresamos en andaluz durante los 365 días del año no somos normales. Y, claro está, Monseñor, una persona tan ilustre como usted no puede caer en semejante error, porque es probable que muchos de los ocho millones de andaluces hijos de Dios y de María Santísima giren su mirada hacia la Iglesia y no sobre usted. Y claro, paga los platos la Iglesia.

Monseñor. No le resto un segundo más. Simplemente le rogaría que deje fluir la Semana Santa de Salamanca de la forma que los cofrades consideren mejor. En ningún libro sagrado se dice que los cofrades deban expresarse en una lengua u otra.

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