lunes. 23.03.2026

La ilegítima formación democrática del Estado de Israel

Primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu
Primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu

Con la incorporación del cuerpo de funcionarios del Estado, de las promociones de los años 2023 y 2024, respectivamente, se implementa la mayor oferta de empleo público de la historia. La administración se enfrenta en los próximos años a un relevo generacional motivado por la jubilación de una parte muy significativa de su plantilla. El retiro de los “baby boomers” es una realidad. Por ejemplo, se estima que la plantilla de funcionarios de la Seguridad Social quede mermada en más de la mitad, por esta realidad, antes de la próxima década.

Sin embargo, por muy amplia que haya sido la incorporación de estos años es insuficiente. Además, se añade, que las nuevas realidades geopolíticas y, previsiblemente, el aumento del gasto militar minorando el gasto público, están suponiendo recortes en las futuras ofertas. En la OEP del 2025 se ha producido el primer “tijeretazo”.

Dicho esto, yo soy una de esos afortunados ciudadanos que se ha agregado como funcionario de carrera al cuerpo de administrativos de la Seguridad Social. En mi centro de trabajo, la mayoría de incorporaciones son del sur de la Península, más concretamente, de Andalucía. 

Esta nueva experiencia vital, hace que me reafirme en mi defensa de que Andalucía es una nación cultural, que nuestro carácter, la forma de entender la vida, nuestra transversalidad sociocultural y la facilidad con la que fraternizamos con las diferentes regiones del resto del Estado son los pilares en el que se asienta esta aseveración. Pero cuidado, hay que saber distinguir entre nación cultural, política y administrativa. Es más, al igual que la mayoría de andaluces, mi sentimiento de pertenencia es dual (español y andaluz). 

Doctrinalmente, definimos la nación cultural como las comunidades humanas unidas por determinadas experiencias históricas, rasgos culturales, creencias colectivas y conciencia de pertenencia a un grupo. Como científico social y contextualizando, por ejemplo, situaría al sionismo (término de candente actualidad) fuera de este concepto, que se define como un movimiento político nacionalista, cuyo objetivo es la autodeterminación del pueblo judío, con la salvaguarda de que para su formación no se respetan a las minorías étnicas. El genocidio que se está produciendo en Palestina, que traspasa la misma concepción de sionismo, no solo es un ataque a la humanidad sino al concepto de democracia. 

En síntesis, los diferentes tipos de realidades nacionales democráticas deben, como mínimo, apoyarse en el respeto a la diversidad y a los derechos humanos. Y Andalucía, en este sentido y en otros muchos, es un espejo en el que poder fijarse.

La ilegítima formación democrática del Estado de Israel