lunes. 23.03.2026

Inteligencia artificial y politología

Sayonara, Baby - Terminator
Sayonara, Baby - Terminator

Hace unos días, conocía la noticia de que Meta cambiaba su política de odio y permitirá, por ejemplo, llamar "anormal" a una persona homosexual o describir a las mujeres como objetos con total permisibilidad. Según Mark Zuckerberg, CEO de Meta, lo hace amparándose en la "libertad de expresión" y el intervencionismo gubernamental y de los medios generalistas. Libertad, es un concepto muy amplio, que se puede aplicar a numerosos aspectos de la vida política y social. Como concepción política, la libertad es el derecho, o la capacidad y habilidad, de la libre determinación, como expresión de la voluntad del individuo. Doctrinalmente, el liberalismo clásico la define como la capacidad de actuar sin restricciones del gobierno. Quizá sea ésta la concepción más cercana para aducir el cambio de política de conducta de la empresa.

Desde mi particular visión del mundo, la libertad se acaba cuando se insulta, se desprecia o se le falta al respeto a otra persona por pensar, actuar o vivir de manera diferente a la que una persona tiene preconcebida o se considera que no es la adecuada, según un tipo de ideario impuesto.

Para algunos analistas políticos, este acontecimiento supone una nueva muestra de la peligrosa deriva autoritaria y radical que se está imponiendo globalmente. Si  sumamos el auge e implementación de políticas populistas, la incipiente escalada belicista o el desmantelamiento del actual tablero geopolítico, estos años van a marcar un desconcertante nuevo rumbo, a los que se va a tener que enfrentar la humanidad. Pero, seguramente, los mayores desafíos con los que nos tocará lidiar, que deberían situarse en primera línea de las agendas políticas, será la emergencia climática y, principalmente, el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Con el surgimiento de la IA se abre una nueva caja de Pandera en el devenir de las sociedades contemporáneas. Su regulación se convierte en vital en un mundo gobernado por la desinformación, la polarización ideológica, la inestabilidad y la primacía de los intereses económicos y empresariales. Supone el mayor reto al que se va a tener que enfrentar la humanidad en el futuro más inmediato. Previsiblemente, supondrá un nuevo cambio de paradigma político, económico y social.

Como espejo más cercano en el tiempo,  la industrialización significó un cambio en, prácticamente, todas las esferas. En el plano sociopolítico,  considero como acontecimientos más destacados el  nacimiento de los partidos socialdemócratas  o democristianos con sus correspondientes futuros consensos históricos, los movimientos obreros y la institucionalización de las organizaciones empresariales o el germen de las bases del estado de bienestar.

En contraposición, la IA acompañada de la expansión de los partidos extremistas alternativos, podría retroalimentar un nuevo tipo de hiperliberalismo sustancial. El ejemplo de la nueva alianza entre Donald Trump y Elon Musk  evidencia esta hipótesis. Se abre un horizonte complicado. Posiblemente, entre las posibles consecuencias,  nos encontraremos ante estados más debilitados, en relación con la oferta de servicios públicos y su intervencionismo. Otra orientación peligrosa, sería la vuelta a un modelo basado en el Estado-Nación, más propia de tiempos pasados. Los consensos supranacionales se pondrían en jaque. Una mirada a la fragilidad de aquellas organizaciones que deben de regir los destinos del mundo, como la OTAN o la UE respecto a alianzas o pactos, lo ponen de relieve.

Es capital una reglamentación rígida y firme en esta materia, consensuada políticamente. Nos adentramos en una disciplina desconocida.  Una normativa mal orquestada podría tener como epopeya el desencadenamiento de la temida Tercera Guerra Mundial.

Es aquí donde debe emerger la figura del politólogo, por su importancia como profesional que estudia los fenómenos políticos, la implementación de políticas públicas y experto en el funcionamiento de las instituciones y la Administración. Notabilidad más relevante que la de juristas u otros tecnócratas.

Por cierto, me reafirmó en que Terminator es la mejor saga de “ciencia ficción” de la historia.

“Sayonara baby”

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