En la Semana Santa, escenario de nuestras más arraigadas tradiciones, se despliega un espectáculo que, lejos de ensalzar el espíritu de esta semana, se convierte en un desfile de despropósitos por parte de ciertas plataformas de comunicación. Estas, bajo la fachada de la modernidad, no hacen más que mofarse de la legalidad y de la ética. Es en Jerez de la Frontera donde este fenómeno se manifiesta con una claridad meridiana, aunque, no nos engañemos, es un mal que se extiende como la pólvora por toda Andalucía y, por qué no decirlo, por el resto del panorama nacional.
Nos referimos, cómo no, a esos "reporteros de páginas de Facebook " que, armados con sus móviles, se lanzan a las calles no solo para cubrir las procesiones, sino para protagonizar un espectáculo paralelo, repleto de improvisación y falta de profesionalismo. Jóvenes y no tan jóvenes, que sin estar dados de alta, sostienen los paraguas de estos improvisados reporteros o cámaras que tampoco están dados de alta, entorpeciendo, sin querer, la labor de los verdaderos profesionales. Este panorama, que más parece sacado de una comedia de enredos, se convierte en el pan de cada día, para desgracia de los fieles y de aquellos que buscan en la Semana Santa un momento de recogimiento y devoción, como se puede ver en el vídeo que colocamos en este artículo de opinión, en el que un miembro de estas páginas de Facebook increpa a un medio oficial dedicado a las cofradías.
#COMPAÑERISMO: 🤦♂️ pic.twitter.com/32oGpy3r2x
— Jesús Catalán Cardoso (@JesusCatalanC) March 26, 2024
Este "periodismo" que opera al margen de la legalidad, sin el más mínimo respeto por las normas que rigen nuestra profesión, no solo degrada la imagen de los medios serios y comprometidos, sino que, además, alimenta esa economía sumergida que tanto daño nos hace. Para más inri, reciben campañas de publicidad pública y privada sin contar factores de audiencia, inversión, número de trabajadores, creación de empleo, desarrollo de proyectos, etc. Esto lamentablemente fomenta la competencia desleal.
Es cierto, que estas pequeñas plataformas seguirán existiendo, pues para muchos no son más que un pasatiempo. Sin embargo, para otros representan un medio de vida, una forma de subsistencia que, aunque precaria, aceptan con resignación. Nada malo hay en querer informar y en valerse del escaparate que se quiera, sea Youtube, Facebook, Instagram o TikTok, el problema radica en querer todo el embudo y saltarse la ley, defraudando a la Seguridad Social, mientras el resto de medios oficiales tiene que hacer frente a salarios, impuestos, inversiones costosas, cuotas de auditorías, etc. Es como permitir unos manteros de bolsos en la calle principal, frente las tiendas de moda.
Algunos de estos medios no sólo realizan estas acciones durante la Semana Grande, sino que lo llevan a cabo durante todo el año, como si fueran una empresa pero sin serlo, como si fueran un medio, pero sin serlo, aduciendo que tienen una página de Facebook, obviando que Facebook no es un medio de comunicación, sino que sólo es un escaparate más para que los medios se acerquen a sus lectores o espectadores.
Al final del día, lo que queda es un sabor amargo, una sensación de que algo valioso se está perdiendo. Se incumple la ley, se defrauda a la Seguridad Social,... algo mal se está haciendo y dejando hacer.
