martes 30/11/21

¿Calidad democrática o calidad política?

Pablo Iglesias
Pablo Iglesias

Recientemente el vicepresidente primero del Gobierno, el señor Pablo Iglesias, ha abierto, de manera interesada, como siempre, el debate sobre la calidad democrática de nuestro país. Que un comunista pretenda cuestionar la calidad democrática de España no deja de ser, cuando menos, sorprendente e inquietante y, si no, que se lo pregunten a todos los que han vivido la maravillosa experiencia del paraíso comunista ya sea en la URSS, la Alemania Oriental, China, Cuba, Corea del Norte o cualquier otro país sometido a la mal llamada “dictadura del proletariado”.

Ese tipo de ocurrencias no hacen más que refrendar la analogía de los ministros de Podemos con los famosos pimientos de Padrón: unas veces son gobierno y otras son oposición.

Lo que intentaré defender lo más brevemente posible en este artículo de opinión es que nuestro país no tiene un problema de calidad democrática si no un problema de calidad política y también de pérdida de valores y principios que son los cimientos sobre los que se construye cualquier sociedad de progreso.

Ya en la antigua Grecia Platón y Aristóteles nos hablaban de la “aristocracia”, entendiendo como tal, en su sentido etimológico, el gobierno de los mejores, aquellos que sobresalían fundamentalmente por tres características:

  • Preparación intelectual y sabiduría.
  • Elevada virtud (personas íntegras, incorruptibles).

Una receta tan sencilla como eficaz y que perfectamente podríamos aplicar en nuestros días aunque hayan trascurrido mil quinientos años desde entonces.

Pero centrémonos en lo que nos ocupa, la calidad democrática de nuestro país. Merece la pena echar la vista atrás, en los inicios de una incipiente e insegura democracia, allá por el año 1.977, cuando Adolfo Suárez, a la sazón presidente de la UCD, nombraba su primer gobierno, para realizar una comparativa de la “preparación, virtud y experiencia” de los ministros de entonces con algunos de los ministros de la actualidad y, a lo mejor aquí, empezamos a encontrar y entender alguna de las causas de nuestros actuales males y del porqué hemos llegado a esta crisis de principios y valores que pone en peligro la viabilidad de España como un proyecto de futuro.

Merece la pena leer el resumen de los perfiles de los primeros ministros de nuestra democracia:

Primer Gobierno de la UCD de 1977

Presidente del Gobierno: Adolfo Suárez González (Licenciado en Derecho y estudios de doctorado) (19 ministros)

  • Vicepresidente primero del Gobierno y ministro de Defensa: Manuel Gutiérrez Mellado (Teniente General, número uno de su promoción en la Academia Militar de artillería, estudió, por cierto, en mi colegio, las Escuelas Pías de San Antón en Madrid)
  • Vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía: Enrique Fuentes Quintana (Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas y Económicas, Catedrático de Economía Y Hacienda Pública, Catedrático de Economía Aplicada, Premio Príncipe de Asturias entre otros seis galardones relevantes además de ser Doctor Honoris Causa de siete universidades)
  • Vicepresidente tercero del Gobierno: Fernando Abril Martorell (Doctor Ingeniero Agrónomo y Doctor en Economía)
  • Ministro de Asuntos Exteriores: Marcelino Oreja Aguirre: Doctor en Derecho y Diplomático de carrera.
  • Ministro de Justicia: Landelino Lavilla Alsina: Licenciado en Derecho, Letrado del Tribunal de Cuentas, Letrado del Consejo de Estado, secretario del consejo del Banco Español de Crédito con 27 años de edad)
  • Ministro de Hacienda: Francisco Fernández Ordóñez (Doctor en Derecho y miembro de la carrera diplomática)
  • Ministro del Interior: Rodolfo Martín Villa (Ingeniero Industrial y empresario)
  • Ministro de Obras Públicas y Urbanismo: Joaquín Garrigues Walker (Licenciado en Derecho, abogado y empresario)
  • Ministro de Educación y Ciencia: Íñigo Cavero Lataillade (Doctor en Derecho, directivo de varias empresas multinacionales, profesor universitario)
  • Ministro de Trabajo: Manuel Jiménez de Parga Cabrera: Licenciado en Derecho con premio extraordinario, Doctor en derecho, Catedrático de derecho constitucional.
  • Ministro de Industria y Energía: Alberto Oliart Saussol: Licenciado en Derecho, abogado del Estado, consejero de diversas empresas privadas.
  • Ministro de Agricultura: José Enrique Martínez Genique: Licenciado en Ciencias Económicas, Licenciado en Derecho e intendente mercantil por la Escuela Superior Central de Comercio.
  • Ministro de Comercio y Turismo: Juan Antonio García Díez: Licenciado en Derecho y Licenciado en Ciencias Económicas, Técnico Comercial del Estado por oposición, profesor de teoría económica en la Universidad Complutense y presidente de varias empresas.
  • Ministro de la Presidencia del Gobierno: José Manuel Otero Novas: Licenciado en Derecho con premio extraordinario y abogado del Estado (con el que tuve la suerte y el placer de trabajar una larga temporada en un caso en mi anterior etapa profesional).
  • Ministro de Transportes y Comunicaciones: José Lladó y Fernández Urrutia: Doctor en Ciencias Químicas, miembro de honor de la American Chemical Society.
  • Ministro de Sanidad y Seguridad Social: Enrique Sánchez de León Pérez: Licenciado en Derecho, ingresó en el Cuerpo de Inspectores de Trabajo y SS y posteriormente fundó su propio despacho de abogados.
  • Ministro de Cultura y Bienestar: Pío Cabanillas Gallas: Licenciado en Derecho con premio extraordinario, notario por oposición, registrador de la propiedad y letrado del Estado.
  • Ministro adjunto para las Regiones: Manuel Clavero Arévalo: catedrático de derecho administrativo y rector de la Universidad de Sevlla.
  • Ministro adjunto para las Relaciones con las Cortes: Ignacio Camuñas: Licenciado en Derecho y diplomático de profesión.

Y ahora pasaremos a revisar brevemente los perfiles de algunos de los ministros del gobierno nombrado por Pedro Sánchez en 2020, sólo los que más me han llamado la atención en base a dos criterios:

  • Su falta de formación y experiencia para el cargo.
  • La nula relación entre su experiencia y formación y el cargo que detentan.

Gobierno actual de Pedro Sánchez (Doctor en Economía con tesis doctoral de dudosa calidad y cuestionada autoría) (22 ministros):

  • Ministro de Sanidad Salvador Illa (licenciado en Filosofía).
  • Ministra de Hacienda: María Jesús Montero (Médico)
  • Ministra de Defensa: Margarita Robles (Juez).
  • Ministro de Transportes: José Luis Ábalos (Diplomado en Magisterio). Sin experiencia profesional fuera del partido.
  • Ministra de Igualdad: Irene Montero. Licenciada en psicología comenzó el doctorado y lo abandonó, sin experiencia profesional destacable, casualmente es pareja del vicepresidente Pablo Iglesias.

Podría seguir con ejemplos de otros Ministros en gobiernos anteriores recientes pero resultaría aburrido.

Dicen que las comparaciones son odiosas pero parece evidente que en los albores de nuestra democracia llegar a Ministro era un honor al alcance de muy pocas personas, que tenían que haber demostrado una formación, aptitud y experiencia en otros ámbitos de la vida civil y que venían a la política como colofón a sus carreras profesionales y con vocación de servicio y que actualmente puede ser ministro, o ministra, cualquiera, da igual su formación o su experiencia ya que han hecho de la política y de su supervivencia dentro de ella, una profesión o, dicho en román paladino, antes teníamos un equipo para intentar ganar la “Champions” y ahora jugamos para no descender a segunda división B.

¿Calidad democrática? No, el problema es de calidad política, comenzando por el propio funcionamiento interno de los partidos que son, o deberían ser según su definición, entidades de interés público cuya finalidad es promover la participación ciudadana en la vida democrática pero que, en muchos casos, tienen unas estructuras y un funcionamiento interno que dista bastante de lo que sería una democracia reconocible y, si fallan los cimientos, el resto de nuestro sistema se tambalea, como está comenzando a pasar.

Como siempre digo, no valen excusas ni echar las culpas a nadie, en una democracia los ciudadanos somos los amos de nuestro destino. Entiendo que he planteado un panorama poco alentador de cara al futuro pero si de verdad queremos dar la vuelta a esta situación y mejorar la calidad, no de nuestra democracia sino de nuestra sociedad y de la política de nuestro país, creo humildemente que esta puede ser una receta sencilla pero eficaz:

  • Potenciar la autocrítica y reivindicar la democracia en el funcionamiento interno de los partidos.
  • Castigar la mentira, el engaño o la demagogia en el juego político, que no es justificable nunca y mucho menos en campaña electoral, en contra de los que nos intentan vender.
  • Cambiar nuestro voto priorizando los resultados en la gestión sobre nuestras ideologías y castigando o premiando en función del cumplimiento de programas y el grado de consecución de objetivos.
  • Reivindicar, con independencia de la ideología, una Ley electoral más justa y proporcional que la actual para que el destino democrático de nuestro país lo determinen las mayorías y no esté condicionado por grupos minoritarios.

Si han llegado hasta aquí, gracias por el esfuerzo, espero que al menos, aunque no compartan la totalidad o parte de mis tesis, este texto les invite a reflexionar, con esa intención escribo.

¿Calidad democrática o calidad política?