El conocimiento científico no avanza gracias a las “grandes mentes”, sino al esfuerzo de cientos de miles de escuderos de la ciencia. Estos investigadores anónimos subsisten gracias a pequeños proyectos con una financiación, muchas veces, ridícula.
Son escuderos que muchas veces el sistema engulle, devora, agota y descarta, sabiendo que siempre habrá otros nuevos dispuestos a iniciar una carrera investigadora. Son investigadores que en la mayoría de las ocasiones no aparecerán en entrevistas, ni recibirán grandes premios, que serán olvidados. Pero, en definitiva, personas llenas de ideales, que saben que trabajan para un sistema científico corrupto.
Derivado del tema de la investigación científica, me atrevo a introducir el tema de los preocupantes datos sobre el consumo de antidepresivos y ansiolíticos que toman los jóvenes. Es imprescindible la creación de un plan para la atención a estos jóvenes, ya que año tras año se duplica el número de adolescentes en el consumo de fármacos para la depresión.
Pienso que las medidas a aplicar desde las administraciones son urgentes, deben ser inmediatas, ya que las intenciones deben llevarse a la práctica y no quedarse en papel mojado. Esta sociedad ha caído en el error de silenciar su malestar a base de fármacos, y eso es un error gravísimo, cuya consecuencia es el adjetivo que se ha acoplado a nuestra sociedad... ¿Cuál? El de enferma... ¿O no?
