¿Se acuerdan de Zenón, filósofo griego de la Antigüedad? Este filósofo tiene una cita que dice así : “Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca, para enseñarnos que vale más oír que hablar”.
Son dos concepciones diferentes, ni mejores ni peores, distintas. Creo que en parte, Zenón, tenía razón. Me explico : hay cultos que pregonan eso del “no ruido”, mientras que otros representan todo un exponente defensor del “no silencio”.
En todo escrito nunca viene mal una pincelada histórica... Por ejemplo, en tres reinados se dieron otras tantas clases de “despotismo”... ¿Qué fue despotismo? Aquello de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.
Pero continuemos con esos tres tipos de despotismo : el ilustrado de Carlos III, el ministerial de Godoy (primer ministro de Carlos IV), y el plebeyo de Fernando VII. En el tema del decibelio, esa unidad que sirve para medir la intensidad de los sonidos, también presenta tres variedades “despóticas”, bien diferentes y notorias : el rural, el cotidiano y el urbano.
El rural se trata de la lucha contra el reloj, con el solo afán o propósito de llegar a las horas de sueño que cada persona necesite, aunque sea por etapas. El cotidiano es el clásico del día a día, es decir, empieza con la actividad matutina, sigue con los gritos en las calles y en los lugares de compras, regañinas de las madres a sus hijos en las puertas de los colegios...
Y por último, el urbano... ¡Éste es el más molesto! ¡Es nauseabundo! Sí, ese de los infernales ruidos de motos y coches, de los buses, de las obras en las calles... Con todo ello, ¿qué es lo que intento transmitir al apreciado lector? Que hemos de lograr respetar el descanso de los demás, hemos de lograr saber escuchar, y hemos de lograr no tratar de convencer al “otro” por la fuerza de la voz.
