En el Congreso ya se puede hablar en las lenguas que fructifican animadas por los sentimientos identitarios en todo el Estado español. La lengua despierta visceralidades porque es el instrumento que nos permite comunicarnos, y el hombre es el único animal que habla y, por suerte, casi siempre se entiende. El hablar igual nos hace próximos, el tono nos identifica, el deje define el lugar habitual de residencia o nacimiento.
La lengua colabora por desgracia en la diversidad, que es una singularidad que ahora está muy valorada en todos los campos. Es inaudito, pero en tiempos de necesaria unidad y de valorar las agrupaciones, los humanos actúan de distinta forma a la lógica, es decir, en tiempos que se necesita más unidad, las lenguas desunen.
El ser humano es sobre todo relacionable, no tolera la soledad cartujana, y a mí siempre me ha parecido una idea buena algo que leí de joven, pero no veo que haya triunfado: “se debe enseñar a que cada uno hable su lengua pensando en que le entiendan”.
Para hacer factible el contenido de esa cita se necesitaría obviar las palabras poco usuales, olvidarse de los giros literarios y abusar de las frases hechas y las palabras corrientes. El asunto es promocionar y ayudar a que se practique una especie de bilingüismo en una sola dirección, la de que el otro te entienda, porque el otro también hablará en su lengua para que sea entendida.
En definitiva, habría que hablar más sencillo, como para niños o extranjeros, o sea, más despacio, cosa que nos iría muy bien hasta para los propios colegas, y también nos obligaría a pronunciar más claro, a modular mejor, cosa que también es muy útil, y no sólo para conferenciantes o locutores de radio. No cabe duda de que, entre las lenguas derivadas del mundo clásico, sobre todo del latín, las diferencias no son enormes, ya que miles de palabras en varios idiomas derivan etimológicamente del latín.
Quizá sería un buen camino poner el acento en estos usos, aunque ahora se fía todo a la inteligencia artificial, que nos va a permitir hablar cualquier idioma. ¿Nos entenderemos mejor? Pues, depende. En todo caso, los pinganillos nos salvarán.
