Durante la Edad Media, las autoridades eclesiásticas impulsaron una caza indiscriminada de gatos, asociando a estos animales con la brujería, a pesar de la falta de evidencia científica que sustentara tales creencias. Motivados por el temor y la superstición, los ciudadanos exterminaron a los felinos para evitar ser acusados de brujería por parte de la Santa Inquisición. Este exterminio causó un desequilibrio en la cadena alimenticia, permitiendo la proliferación de ratas, las cuales transportaban pulgas infectadas con la bacteria que provocó la peste bubónica. La devastadora pandemia, conocida como la peste negra, acabó con aproximadamente la mitad de la población europea.
En las últimas décadas, se ha observado una tendencia política a desacreditar a las fuerzas armadas en España. Las fuerzas militares han sido relegadas por las diferentes alternancias de ejecutivos nacionales. Esta falta de inversión se ve reflejada en los ejércitos obsoletos y a en una industria armamentística desmantelada en Europa, como se ha evidenciado en la guerra de Ucrania.
A esto se suma la preocupación generada por las declaraciones del candidato a la Casa Blanca estadounidense Donald Trump, quien amenazó con retirar la protección de la OTAN a aquellos países que no alcancen el dos por ciento del gasto militar en sus presupuestos, generando un temor real entre los gobiernos europeos a una posible invasión por parte de Rusia. Estas situaciones han llevado a muchos a reconsiderar la importancia de los ejércitos, a pesar de que, en el pasado, quienes defendían su relevancia eran tachados de "fachas".
El refranero español refleja con claridad la situación actual: "solo te acuerdas de Santa Bárbara cuando truena". Este dicho cobra relevancia en un mundo donde las relaciones internacionales se rigen por la llamada "realismo político", que siendo simplistas se podría resumir en una visión basada en la fuerza y el poder de coacción. En este escenario, las posturas idealistas basadas en la diplomacia y los discursos demagógicos han dejado de tener espacio cuando se trata de asuntos de defensa.
Otro aspecto de preocupación actual es la situación de las fuerzas de seguridad. La ley de seguridad ciudadana ha sido atenuada, y las limitaciones impuestas a la policía, tanto en recursos como en capacidad operativa, han suscitado críticas por parte de los profesionales de la seguridad pública. Las Fuerzas de Seguridad del Estado se encuentran desmotivadas por las continuas promesas incumplidas de los diferentes gobiernos en relación con la equiparación salarial y el reconocimiento de su labor como profesión de riesgo, además de enfrentar una creciente inseguridad jurídica.
Lo que está ocurriendo en la actual democracia podría compararse, en cierto modo, a la Edad Media. Una parte de la sociedad, que está representada en el Congreso, promueve una política de desacreditación hacia los militares y policías, implementando medidas sin realizar una evaluación previa con los especialistas, mientras el resto guarda silencio por miedo a ser señalados como fachas. Como se suele decir, entre facha y la ultraderecha hay una línea muy fina, por lo que se busca crear un cordón sanitario antes de ser estigmatizado con ser un facha o ultraderecha.
Analizando lo expuesto, la retrospectiva histórica nos indica que en variables tan sensibles como las distintas formas de seguridad —sanitaria, jurídica, física o material—, suele imponerse una realidad, especialmente cuando hay confrontación de intereses. La historia nos enseña que existen elementos clave en la sociedad que actúan para mantener el orden y el equilibrio. Estos pilares, como las fuerzas de seguridad y las instituciones de defensa, ayudan a evitar que la conocida “falacia de la ventana rota”, la idea de que un poco de caos crea riqueza, termine desembocando en una tiranía o dictadura de los más fuertes. Su papel es crucial para preservar una sociedad justa, donde la ley y el orden prevalecen sobre la arbitrariedad y el caos.
