Más Madrid trasladó a la Asamblea de Madrid una propuesta presentada por el PP en el Senado. El resultado fue que el propio Partido Popular, a través de su diputado Sergio Brabezo, la calificó literalmente como: “Impulsan una iniciativa basada en el pánico, la alerta y la alarma social. Hoy, me han decepcionado completamente”. Posteriormente, Más Madrid le reprochó esta actitud, calificándola de sectaria.
Los dos grandes partidos en España son incapaces de ponerse de acuerdo en cualquier pacto relevante, al contrario de lo que sucede en el Parlamento Europeo, donde en la anterior legislatura PP y PSOE coincidieron en el sentido de su voto en el 90 % de las ocasiones. Algunos definen esta situación como la de una cámara de partido único. Es decir, cabe preguntarse: ¿Qué diferencia hay entre un parlamento multipartidista en el que todos votan lo mismo y un régimen en el que solo existe un único partido? Para sus defensores, puede interpretarse como una forma de consenso; para sus detractores, como una muestra de falta de iniciativa. Este punto resulta realmente interesante, aunque complejo de estudiar.
Esto invita a reflexionar sobre la polarización política en España y cómo ha derivado en la incompatibilidad política, en la que dar la razón al adversario se percibe como una derrota propia. Puede sonar alarmista, pero el caso citado en la Asamblea de Madrid lo evidencia claramente. Además, plantea la duda de si se trata de un episodio aislado o de una dinámica generalizada entre los distintos partidos y cámaras legislativas.
Por todo lo descrito, considero necesario un partido de centro que normalice el apoyo tanto a iniciativas de la izquierda como de la derecha, sin que su electorado ni sus adversarios lo interpreten como una muestra de debilidad o lo utilicen como un arma arrojadiza, ya sea en el mismo momento en que se concede el apoyo o en futuras ocasiones.
Un partido de centro no solo tendría esa ventaja. También estaría al margen de cualquier doctrina ideológica, y su gestión se centraría en un claro servicio público, donde el pragmatismo primaría sobre la visión partidista. Es decir, sus políticas se orientarían únicamente al interés general y podrían beneficiar a votantes de ambos espectros ideológicos.
Los partidos de centro también facilitan la formación de gobiernos estables para los dos grandes partidos, como se vio en su momento con Ciudadanos, que apoyó tanto al Partido Socialista como al Partido Popular en distintas comunidades autónomas. Estos pactos permitieron la creación de gobiernos estables y se percibieron, en ambos casos, como acuerdos naturales.
Estos apoyos parlamentarios permitieron que los dos grandes partidos contaran con un mayor margen de maniobra a la hora de negociar, evitando así depender de formaciones más alejadas del centro ideológico. En otras palabras, podían alcanzar pactos sin recurrir a partidos radicalizados o situados en los extremos.
Con todo lo expuesto, podemos concluir que la política partidista se ha convertido en una guerra de trincheras, donde los cambios de posición o avances resultan realmente costosos. Esto hace necesaria la aparición de un partido alejado de los debates ideológicos, con una clara visión pragmática de la gestión orientada a los ciudadanos y al interés general, por encima de la ideología o de simples rencillas personales.
