Existe en la actualidad una gran controversia en relación a la limpieza de los espacios públicos de algunos municipios. Como en todo, hay detractores que cuestionan la gestión de la limpieza en dichos municipios y otros que defienden estos servicios, atribuyendo la falta de limpieza a los propios vecinos del municipio. A continuación, intentaremos explicarlo a través de la teoría de las ventanas rotas y analizar las problemáticas que pueden originarse.
La teoría de las ventanas rotas explica que los síntomas de abandono en un barrio, como el desorden y la suciedad, pueden favorecer la imitación de esas conductas o incluso derivar en delitos más graves. Como siempre, pondré un ejemplo, este efecto se ve muy claro en el caso de los propietarios de perros. Si un parque está lleno de excrementos, muchos pensarán que no existe una verdadera responsabilidad de recoger los de su can y no pasa nada por uno más. En cambio, dejar un excremento en una plaza totalmente limpia puede hacerles pensar que habrá consecuencias, una cámara, un vecino que avise a la policía o alguien que les llame la atención.
Como hemos dicho, según esta teoría la sensación de abandono puede favorecer la aparición de delitos más graves, como vandalismo, riñas, robos y otros comportamientos delictivos. Siendo realistas, esto no implica necesariamente que los delitos vayan aumentando, no se cometen delitos en todas las plazas donde hay suciedad.
Sin embargo, existe lo que se conoce como temor difuso, es decir, que las personas pueden sentir sensación de inseguridad sin una causa clara o concreta. El simple hecho de ver un lugar sucio puede transmitir la idea de que la policía no pasa por allí ni siquiera para sancionar infracciones leves, lo que hace que muchos vecinos sean reacios a transitar esas zonas.
Además, la suciedad puede suponer una serie de riesgos concretos y reales que mencionaré brevemente a continuación:
Una de las principales preocupaciones que genera la suciedad en las calles es la falta de higiene y el posible impacto en la salud de los vecinos. Calles llenas de excrementos de perros, orines o naranjas caídas de los naranjos que decoran y dan sombra en las ciudades pueden favorecer la proliferación de ratas e insectos que dan la sensación de transmitir enfermedades.
Asimismo, a muchas personas les preocupa la seguridad de los viandantes, que pueden resbalar con un excremento de perro o tropezar con una botella. Este riesgo se multiplica para todos cuando hablamos de las hojas de los árboles acumuladas en el suelo mojado, eso vuelve el pavimento realmente resbaladizo, y hay posibilidades de acabar en el suelo por muy ágil que seas o mucho cuidado que se tenga.
Otra cuestión relevante es la problemática que afecta a personas con discapacidad que emplean sillas de ruedas. Hoy en día la mayoría son eléctricas y no solemos empatizar con este tipo de riesgos, pero las sillas manuales transmitían directamente la suciedad del suelo a las manos de los usuarios al tener que impulsarse. Aunque tenemos que reconocer que ahora es menos frecuente.
Puede parecer que estos riesgos solo afectan a los vecinos de la zona concreta, pero en realidad pueden perjudicar incluso a quienes viven más lejos del foco. Un ejemplo claro es el que hemos visto estos últimos días en varias ciudades tras las fuertes lluvias, la acumulación de hojas y basura ha taponado alcantarillas, provocando grandes charcos que suponen un peligro para el tráfico rodado. Esto puede derivar en accidentes por aquaplaning, caídas de motoristas o incluso en que un peatón acabe completamente empapado cuando un coche le salpique al atravesar un charco.
Además, cuando este fenómeno ocurre en ciertos puntos, las alcantarillas que no están taponadas no siempre son capaces de absorber todo el agua que llega desde las que sí lo están, pudiendo llegar a generar riadas.
Hay que recordar la importancia del turismo en la economía nacional, lo que nos obliga a asegurarnos de que las personas que nos visitan desde otros países no perciban el temor difuso ni los riesgos mencionados. Debemos tener presente que competimos con el resto del mundo en este aspecto.
Por último, hay que señalar que también es cierto que se cometen delitos más graves. Esto puede deberse a que los malhechores sientan una mayor sensación de impunidad a la hora de cometer sus fechorías en una zona degradada.
Con todo lo expuesto, se puede comprobar que la limpieza no es solo un problema estético de los municipios. Es fundamental que los lectores sean conscientes de los riesgos que conlleva la falta de limpieza en los espacios públicos y de las posibles consecuencias para su seguridad o la de sus bienes. Por ello, se debe exigir a nuestros gobernantes que gestionen la limpieza de manera adecuada y que se implementen los medios necesarios para disuadir si fuese necesario a quienes no respeten los espacios públicos.
