lunes. 23.03.2026

La insensibilidad de la administración

Sala de espera de médico vacía
Sala de espera de médico vacía

Platón decía: “Donde reina el amor, sobran las leyes”. Con ello quería expresar que no sería necesario establecer normas en un entorno basado en el amor, pues la confianza y el respeto serían las condiciones que regulan las relaciones.

En la actualidad, esta expresión se limita a los grupos familiares y de gran confianza, mientras que en relación con el resto de las personas existe una regulación casi omnipresente. Permítanme explicarme: la realidad social ha llegado a un punto en el que prácticamente todas las conductas del ciudadano están reguladas por alguna normativa. Más aún, las personas tienden a aprovechar las lagunas legales para realizar aquello que no está expresamente prohibido. Incluso se presentan casos de fraude de ley con la intención de beneficiarse de determinados artículos de una norma.

Siendo reduccionistas, podemos observar la evolución social a partir de lo expuesto hasta ahora. Evidentemente, siempre han existido leyes, pero es necesario reconocer que continuamente se legisla y se crean más normas y prohibiciones. Esto lleva a preguntarse cómo es posible que no implosionen los países más liberales y con menor regulación, al igual que las sociedades como la España de los 80 y 90 por poner un ejemplo.

Permítanme poner un ejemplo para explicarme. No hace tanto tiempo, los lectores de ciertas generaciones lo recordarán, era habitual ceder el asiento a determinadas personas en circunstancias concretas. En la actualidad, esa conducta ha tenido que ser regulada mediante diferentes normas y reglamentos. Incluso existe señalización que indica que ciertos asientos son de uso preferente para esas personas. Esto me lleva a preguntarme si esas preferencias se respetan realmente de forma general, o si los asientos son utilizados sin ningún tipo de distinción por el público en general.

En las ciencias políticas se podría afirmar que la sociedad se está atomizando, y que las personas tienden a volverse cada vez más independientes de la colectividad. En economía, podría decirse que hemos evolucionado hacia el Homo economicus o que se ha extendido la figura del free rider (traducido como “gorrón” en español). Esto significa, respectivamente, que las personas actúan de manera más racional y egoísta, sin preocuparse por el bien común, o que se benefician de lo colectivo sin realizar ninguna aportación.

Habría que plantearse cuál es la causa por la que la sociedad ha llegado a este punto. Sería una falacia de simplificación atribuir estos hechos a un único motivo, sin embargo, es cierto que cada vez más personas sienten temor a la hora de ayudar a alguien, por miedo a que su conducta sea reprochada por diferentes razones. A ello se suma el estrés, que satura a los individuos con sus propios problemas, además de una amplia gama de factores posibles.

Que la sociedad se haya insensibilizado es realmente preocupante para el futuro social. Sin embargo, me parece aún más alarmante que lo mismo esté ocurriendo en las instituciones públicas. Cada vez se percibe con mayor claridad cómo las instituciones se vuelven más socráticas en la gestión de los trámites burocráticos e incluso en su funcionamiento interno. Esto podría parecer justo para muchos, pero al profundizar se observa que, en un juzgado, no siempre se imparte una justicia coherente. De hecho, hoy en día resulta totalmente habitual que todo el espectro ideológico critique una sentencia según su propia perspectiva política.

Puedo poner como ejemplo la negativa a atender a una persona por no tener cita, aun cuando en la sala de espera no hay nadie esperando. Supongo que esto se debe a que las citas programadas no siempre se cumplen porque los solicitantes no se presentan. Es posible que en cualquier momento alguien acuda y como dijimos antes, la sociedad tampoco está dispuesta a privarse de sus derechos y menos de esperar cuando tienen cita. No obstante, lo cierto es que lo primero en lo que se interesan es si uno tiene cita, y no en qué pueden ayudarle.

Por todo lo expuesto, me gustaría que los lectores puedan reflexionar sobre su zona de influencia y hagan honor a las palabras de Alejandro Magno decía “De la conducta de cada uno depende el futuro de todos.

La insensibilidad de la administración