lunes. 23.03.2026

De policías flipados a héroes

Un coche de la Policía Nacional - Imagen de archivo
Un coche de la Policía Nacional - Imagen de archivo

Me encontraba en los aledaños de un acto multitudinario en una plaza de Córdoba, aunque podría ocurrir en cualquier lugar de España, cuando se escucharon unas sirenas aproximarse rápidamente. En pocos segundos se personó en el lugar un coche de policía y bajaron rápidamente dos agentes llenos de accesorios, adentrándose en la multitud.

Entre las personas que se encontraban a mi alrededor y que presenciaron estos hechos, comenzaron a escucharse comentarios como: “parecen dos G.I. Joe”, “los policías flipados llevan más accesorios que un bazar chino” y otras expresiones similares. Unos minutos después, los dos policías reaparecieron entre la masa de gente, que les abrió un pasillo y aplaudían para despedirlos.

Como podemos observar, los mismos dos policías, en una misma actuación, recibieron dos tipos de acogida totalmente diferentes. Esto se debió a que algunos desconocían por completo lo que había sucedido, mientras que otros fueron quienes lo vivieron en primera persona y recibieron la ayuda de la policía.

Me gustaría poder explicarles a los lectores cuáles son las verdaderas necesidades de los policías en la calle y las problemáticas a las que se enfrentan durante el desarrollo de su servicio diario.

En primer lugar, quiero referirme al equipo que portan algunos policías y que tanto llama la atención. Probablemente muchos lo desconozcan, pero a pesar de la gran evolución en materiales y complementos que se produce continuamente, algunos artículos de la dotación policial se han mantenido prácticamente inalterados durante más de treinta años.

Un ejemplo claro son las fundas de los grilletes, de la defensa y de los cargadores, que siguen siendo de cuero y cuentan con un corchete de cierre, el cual puede abrirse y provocar que su contenido se caiga. Esta situación obliga a muchos agentes que realizan servicios de seguridad a costearse fundas de extracción rápida e incluso un segundo cargador para su pistola, pues en determinadas circunstancias, dos cargadores pueden resultar muy limitados para hacer frente a un enfrentamiento armado. 

Hay que sumarle que esta misma situación se da con las fundas de las pistolas. Muchos policías se ven obligados a adquirir fundas antihurto, pueden evitar que les disparen con su propia arma, algo que lamentablemente ha ocurrido en algunas ocasiones. Los casos más conocidos son los relacionados con la banda terrorista GRAPO.

Pero no todo lo que llevan los policías está orientado a garantizar una rápida respuesta armada. También portan auténticos botiquines, diseñados por usuarios de una forma pragmática. Entre estos elementos se encuentran vendajes hemostáticos, vendajes israelíes y torniquetes, fundamentales para socorrer a personas heridas en accidentes de tráfico, peleas o intentos de atraco, por citar algunos ejemplos. O incluso linternas individualizadas y acordes con las necesidades de los policías. Es evidente que, en ciertas circunstancias, no resulta adecuado que un agente mantenga una mano ocupada con una linterna, lo que le obliga a adquirir una linterna individual más funcional.

Como se puede observar, el equipo de un policía aún no está completamente adaptado a las nuevas necesidades y la mayor prueba de ello es el ceñidor, del cual cuelga gran parte de su dotación adicional. Este debería ser reemplazado por uno con una zona lumbar más ancha y un cierre de seguridad capaz de soportar el exceso de peso que los agentes deben portar.

Toda esta dotación extra puede suponer para un policía un gasto de hasta 1.000 euros. No se trata solo de invertir en su propia seguridad, sino también en la de usted que está leyendo este artículo y en la de cualquier persona que pueda necesitar su ayuda durante su servicio.

Pero no todo es cuestión de dinero. Muchos agentes también dedican parte de su tiempo libre a formarse en primeros auxilios, ante la escasa instrucción institucional en esta materia, con el fin de poder intervenir de manera eficaz sin poner en riesgo su seguridad jurídica. Ya saben, es que incluso ayudar puede acarrear responsabilidades en la actualidad.

No quiero que me malinterpreten ni que piensen que estoy comparando a los policías entre sí. No todos disponen de la totalidad de esos medios y en muchos casos es por miedo a la inseguridad jurídica mencionada anteriormente. De hecho, muchos agentes llegan incluso a comprar una cámara para grabar sus actuaciones y así protegerse ante posibles procesos judiciales.

Analizando lo expuesto, dejo a elección de los lectores el adjetivo que quieran darle a los policías que bajan con celeridad y decisión hacia un punto de conflicto para prestar un servicio público de calidad.

De policías flipados a héroes