El 15º Congreso Regional del PSOE celebrado en Armilla ha marcado una nueva etapa en el socialismo andaluz, con el regreso de la vicepresidenta María Jesús Montero, quien opta nuevamente a un cargo de la Junta de Andalucía, esta vez a su presidencia.
La candidata socialista, a pesar de estar fuera de Andalucía, nunca ha dejado de ser parte de las conversaciones de los ciudadanos andaluces, y aún más en un momento de tanta polarización política. Permítanme expresarme: es una mujer que se ha enorgullecido de su origen andaluz, a pesar de los ataques recibidos por una parte de la sociedad que encuentra el acento de los andaluces cómico o incluso de poca clase. Lo paradójico es que esa parte de la sociedad, que ha ridiculizado su origen andaluz, son precisamente los más exaltados al federalismo y la fractura de España, con sueños de tiempos en los que el país estaba compuesto por territorios mucho más exóticos y singulares que el acento andaluz.
Podríamos decir que esto marca el origen de un PSOE andaluz unido, como en tiempos pasados, liderado por una persona con una experiencia política de altísimo nivel y que conoce perfectamente la Junta de Andalucía. Si eso fuera poco, ha demostrado estar orgullosa de su tierra y posee un carisma que ha logrado unir a un partido político, transformándolo en una familia típica andaluza: ese tipo de familia en la que todos sufren o se alegran por los éxitos o fracasos de cada uno de sus miembros, por igual.
Sin embargo, también representa un punto de inflexión para el PP, que ha disfrutado durante seis años sin una oposición significativa que le ha dado cierta comodidad política. No porque Juan Espadas no haya sido un buen líder, ya que ha demostrado tener experiencia y capacidad, sino porque no contaba con una familia cohesionada, como suele ser el caso en su partido.
El PP pasó una primera legislatura en Andalucía en coalición con Ciudadanos, un partido que estuvo más centrado en realizar una buena gestión y en controlar al PP con el que gobernaba, que en hacer política para mantenerse en el poder. El resultado de esa lealtad a la comunidad autónoma fue la desaparición de Ciudadanos y una mayoría absoluta para el PP, lo que le permitió gobernar y tomar decisiones de forma unilateral, lo cual le sirvió para aprobar sus políticas, pero también para que los ciudadanos les responsabilicen de los problemas que afectan a la vida diaria.
Hay analistas que ya están realizando encuestas con vistas a las próximas elecciones andaluzas del año que viene. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, aunque haya transcurrido más de la mitad de la legislatura, lo que queda no será igual a lo que ya ha pasado. Juan Manuel Moreno Bonilla se verá frente a una mujer que, como todas las andaluzas cuando defienden a su familia, es una verdadera fiera. Pero no está sola, está respaldada por la gran familia socialista que ha gobernado Andalucía durante años y solo ha perdido una legislatura en todo este periodo democrático. Es importante recordar que Susana Díaz no perdió las elecciones, las ganó, pero no con mayoría absoluta que permitió a los populares gobernar en coalición con Ciudadanos.
Analizando la situación actual, es difícil prever cómo serán las próximas elecciones andaluzas, pero será muy complicado que algún partido consiga una mayoría absoluta. Por lo tanto, el siguiente análisis se centrará en evaluar las posibles coaliciones: una en la que el PP, debilitado por su propia gestión y el enfrentamiento con el partido socialista, se verá obligado a entenderse con un Vox reforzado por la corriente política internacional conocida como la contrarreforma; y otra en la que el PSOE, fortalecido, podría formar alianza con partidos de izquierda debilitados.
