lunes. 23.03.2026

¿Y ahora qué?

Elon Musk, el hombre más rico de la Tierra
Elon Musk, el hombre más rico de la Tierra

Hace tiempo que advertimos sobre las posibles consecuencias de que la Unión Europea, en su totalidad, tomara partido en unas elecciones de otro país. Más aún cuando ese país es el actual hegemónico mundial y cuando uno de los candidatos es un reconocido magnate de los negocios, respaldado por el hombre más rico del mundo, quien además controla una de las redes sociales más influyentes del planeta.

Lo que temía ha ocurrido. La mayor economía del mundo y el principal garante de la seguridad europea está ahora en manos de ese "tiburón" y su equipo. La pregunta es: ¿Qué esperaban los políticos europeos que se posicionaron claramente a favor del candidato perdedor? ¿Pensaron, tal vez, que este hombre limitaría su respuesta a declaraciones diplomáticas, como hizo en su momento el presidente de Argentina?

La realidad ha sido otra. Cuando alguien es señalado como un peligro para la democracia y objeto de censura, la reacción puede variar. En este caso, ese "tiburón", con experiencia previa y dispuesto a evitar errores pasados, ha decidido rodearse de personas completamente afines. El resultado: un presidente electo con mayoría en ambas cámaras durante al menos dos años, que no teme negociar con mano dura.

Entre las acciones más polémicas está su intención de adquirir territorios estratégicos, como Groenlandia, a Dinamarca, e incluso el envío de tropas no está descartado. El hijo de Donald Trump ya ha visitado la isla para hablar con los habitantes, lo que genera dudas sobre sus verdaderas intenciones.

Estos hechos son una analepsis para los españoles. Dicho de otra manera, si los analizamos con retrospectiva, podemos recordar cuando Estados Unidos intentó comprar los antiguos territorios españoles en América. La negativa del gobierno español fue seguida por el surgimiento de movimientos independentistas en dichas regiones, que inicialmente fueron controlados por el ejército español. Posteriormente, ocurrió el incidente que todos conocemos: la explosión, en extrañas circunstancias, del buque militar estadounidense Maine, un hecho que el gobierno norteamericano aprovechó como pretexto para declarar la guerra a España y forzar la independencia de esos territorios.

Como hemos mencionado, en el equipo de gobierno republicano se encuentra Elon Musk. El multimillonario ha tenido una serie de enfrentamientos con la Comisión Europea debido a su negativa a implementar en su red social, X, el "control social", como lo denominan los europeos, o "censura", según el empresario sudafricano. Antes de las elecciones estadounidenses, la Unión Europea amenazó con sancionar a la plataforma por no cumplir con las directrices establecidas en la legislación europea.

¿Qué se puede esperar de un multimillonario que, tras las elecciones, se convierte en parte del gobierno más poderoso del mundo y sigue siendo propietario de una de las redes sociales más influyentes? Pues precisamente lo que ha hecho: devolver el golpe a los dirigentes europeos donde más les duele. Musk ha promovido la libertad de información y expuesto al mundo lo que califica como "control social" o censura impuesta por los ejecutivos europeos, incluyendo casos tan graves como el silenciamiento de violaciones grupales perpetradas por inmigrantes islámicos contra menores cristianas en Reino Unido, lo que ha generado cuestionamientos en todo el continente.

Además, con su enorme patrimonio, Musk se ha estado reuniendo con diversos líderes europeos que comparten sus ideologías. Líderes que, en Europa, seguimos etiquetando como de "ultraderecha", aunque poco a poco comienzan a ser simplemente identificados como "derecha".

Hasta ahora, solo hemos presenciado los hechos mencionados, pero ¿qué podría suceder en las próximas elecciones europeas? ¿Está legitimado el gobierno europeo para criticar las injerencias por parte de grandes empresarios y emprendedores exitosos en los procesos electorales del continente?

Además, surge otra cuestión fundamental: ¿puede Europa seguir garantizando su seguridad confiando en Estados Unidos, como lo ha hecho desde el final de la Segunda Guerra Mundial? ¿Es siquiera viable que los ejércitos europeos continúen dependiendo de productos suministrados por empresas estadounidenses, tras más de dos décadas de desmantelar sus propias industrias de defensa, consideradas por muchos como un vestigio del pasado?

Analizando todo lo expuesto, se puede observar cómo se ha abierto una ventana de Overton, y no precisamente para airear la estancia, sino para permitir la entrada de una gélida corriente de realidad. Esta corriente obliga a los moradores de la vivienda, que antes permanecían al margen de los hechos, a enfrentarse directamente con ellos. Es momento de adoptar una perspectiva realista en las relaciones internacionales, donde el racionalismo idealista no tiene cabida. No se puede sacar una pluma ante un espadachín.

¿Y ahora qué?