sábado 18/9/21

Encadenando Sofismas

"Con los problemas reales que tenemos en España y gastamos nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra paciencia en saber diferenciar ahora las Matemáticas de Pitágoras de las Matemáticas con perspectiva de género"
Encadenando Sofismas con los problemas reales de España
Encadenando Sofismas con los problemas reales de España

Estoy que me busco y no me encuentro ni en mi propia casa. Quiero decir: en mi propia Nación. Sí, sí, he dicho Nación, Patria, ¿o es que hay que avergonzarse de ser español a secas, íntegro, sin coletilla y sin tener que hablar con la boca angulada porque algunas, algunos y “algunedes”, o cómo puñetas se llame ese tercer genero que nos quieren meter con calzador con la única finalidad de cambiar en España hasta la cáscara del plátano.

Después de tener el vaso de las imbecilidades tan lleno que parecía no caber una gota más, llega la jodida gota de Patria por Matria. ¿Y Por qué no por Babel? Que visto lo visto, y según las entendederas de algunos personajillos de alto pedigrí, es lo que más nos pega. Esperemos que al final la tormenta llegue la calma, ya que en Babilonia se intentó construir una torre tan alta como para alcanzar el cielo y todo acabó como el Rosario de la Aurora, en caos.

Ya digo, es que no me encuentro ni en mi propia casa, y mira que con la cantidad de años que uno va teniendo…y ello no significa que la vejez forzosamente tenga que aproximarte a Tales de Mileto, o cualquier otro sabio griego, pero resulta que ahora las dudas son tantas que no sé por dónde empezar. Sea, por ejemplo, dónde encasillar al presunto tercer género: todas, todos y todes, para que mi mente no quede saturada de ignorontes, ignorontas y…Lo ve usted, con el tercer genero siempre me lío.

A ver, ¿díganme ahora qué escribo para quedar medio bien con ustedes? Que no, que esto no es a lo que aspirábamos muchos ciudadanos. Con los problemas reales que tenemos en España y gastamos nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra paciencia en saber diferenciar ahora las Matemáticas de Pitágoras de las Matemáticas con perspectiva de género; en saber de quienes son los hijos, si del Estado o de los padres que los hicieron, o como antes referenciaba, en cambiar el nombre de Patria por Matria! De vodevil macabro.

Y mientras tanto, no hay que ir a Salamanca para darse cuenta que cada día que pasa a nuestro presunto progreso comienzan a chirriarle los engranajes de funcionamiento. Algo está fallando. Y que cada cual arrime el ascua su sardina. Pero que a nadie le entre salpullido porque la sardina de todos empezó cuando a extramuros de los Pirineos comenzaron a decirnos que por nuestro modo de vida no éramos ni africanos ni europeos. ¡Vamos!, que éramos poco menos que Cromañones al uso.

Hasta don Manuel Fraga, posiblemente influenciado por el Tratado de Roma de 1957, cinco años después, desde su Ministerio de Información y Turismo, teniendo como referente a Europa, creyó conveniente poner en marcha un eslogan de distinción europea: «Spain is different!» Muy posible el señor Fraga, el del Estado en la cabeza, querría sacar ventaja de nuestros propios defectos como país aislado y costumbres distintas, a los que solo les ponía a punto las suecas en biquini de Benidorm, la boina capá, la fiesta, el vino y la siesta. ¡Ah!, y el botijo.

Y ahí comenzó realmente nuestro idilio con Europa, una Europa deseada por muchos en post de la nueva Jauja. Sin embargo no pasaría mucho tiempo en comprender que aquel maravilloso foco europeo, con tantas luces de colores de frente, no nos saldría gratis. Y ahora, después de casi medio siglo de “europeos”, es verdad que a nivel social hemos subido muchos enteros, pero enfrentados a la realidad el precio de ser europeos con pedigrí nos está dejando a los pies de los caballos día sí y al otro también.

Es una obviedad que además de ser europeos geográficos lo somos hasta de cartel; pero no nos engañemos, somos europeos inmersos en un conjunto político bastante más mercantilista que social. Y ahí es donde realmente quedamos retratados, ya que en la mayoría de parámetros que nos comparemos con nuestros socios europeos casi siempre ocupamos pódium de cola. ¿Por qué será? ¿Será porque en Europa se trabaja en realidades y aquí en sofismas? Ustedes mismos.

Había que acordarse del gran acuerdo del Tratado de Maastricht, donde se preparó el terreno para la creación de una moneda única europea. Ilusionante. De verdad, muy ilusionante, solo que mientras que Alemania, Francia, Reino Unido, etc., partían de una moneda fuerte, en España, la España de los sueldos en pesetas, de un día para otro lo que antes valía un duro, por aquello de la fonética con el euro, se le puso un precio de treinta y tres veces mayor; o sea, un euro.

También había que recordar como un sueldo de ciento cincuentas o doscientas mil pesetas era bastante común en el mercado laboral. Hoy, cincuentas y seis años después los sueldos medios siguen estancados en aquellos años, y los que ni tan siquiera llegan a mil euros se prodigan más de lo que correspondería al alto IPC que la vida ha experimentado en medio siglo.

Será por canas o años acumulados, pero algunos, aunque a veces utilicemos los dedos, no se nos ha olvidado las matemática de Pitágoras, y les puedo asegurar que en vez de cuentas me salen cuentos. Pero cuentos para no dormir.

Repasemos primero las cuentas y después repasaremos los cuentos

El precio medio del barril de petróleo en el quinquenio 2010- 2014. Época que más caro ha estado el barril de petróleo de la OPEP en España, fue de 77 euros. En lo que va de año en España, como precio medio se ha pagado el barril de crudo de la OPEP a 54 euros, pero los combustibles se están pagando un 21% más caros que en el quinquenio de marras, incluso un 22% más caros que el año 2020.

Para fijar cifras: llenar un depósito de gasoil le cuesta al ciudadano entre 18 a 20 euros más que el 2020. Y si hablamos del precio de la luz, sus efectos colaterales de inmediato nos incitan a acordarnos del parentesco de algunos. Sobre todo cuando raro es el día que no nos desayunamos con la noticia de los máximos históricos en el precio de la luz. Y el caso es que este expolio financiero, cuchillos afilados para autónomos y familias españolas, nace sin padre ni madre reconocida.

Nadie se siente culpable, pero lo cierto es que los mil y un concepto que nos colocan para encarecer la luz, viles subterfugios que anidan en los recibos con el único objetivo de confundir al consumidor, se han incrementado en los últimos meses hasta la asfixia domestica, y como consecuencia, y aquí no hay rollo que valga ni escondite donde refugiar la demagogia, tenemos la luz más cara de Europa.

Podemos echar la culpa a los mayoristas europeos, al que sacaron de la tumba, a fulano o mengano, pero cada día que pasa cuesta más entender las cuentas de los cuentistas.

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