martes 30/11/21

¡A mentir, que son dos días!

¿Los primeros en vacunarse no eran los grupos de riesgo de la población? ¿Acaso algunos políticos no son un riesgo para la población?
Pedro Sánchez feliz tras la victoria del PSOE en las elecciones./ Reuters
Pedro Sánchez feliz tras la victoria del PSOE en las elecciones./ Reuters

Es cierto que con meter la cabeza en el agujero, como los avestruces, para no ver los problemas, estos no se solucionan, pero hay veces que es tal la fatiga informativa del ciudadano, sobre todo lo relativo con el Coronavirus, que a uno le entran ganas de evadirte de la realidad, sobre todo evadirte de todas las fuentes informativas como el gato escaldado que huye del agua hirviendo, pero claro, la erupción de semejante alergia no tiene más remedio que aplacarse al pensar que esta solución sería como matar al mensajero, que es precisamente lo que la mayoría de las veces quieren algunos de nuestros mentores, sobre todo ciertos políticos, tener a una población domeñada, amaestrada, sumisa y desinformada sólo acta para votar en estado de adoctrinamiento. Y en ese objetivo hay días que lo petan.

Todo, absolutamente todo aquello que tenga posibilidad de abrir la visión social a una realidad que está ahí, a la vista de todos, por genética, la tendencia política es obviarla o modificar el ángulo de visión, culpando siempre de sus errores al de enfrente. Pero se repiten tanto en la estrategia que hay veces que con su propia información se contradicen. Quizá el ejemplo no resulte precisamente ni ejemplar ni comparativo, pero Joseph Goebbels, en estado de éxtasis hitleriana, totalmente convencido de su predicamento, llegó a decir: «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad» Hay momentos en que habría que preguntarse si acaso no es ese el objetivo de algunos.

A entender de muchos, uno de los casos más sonoros y vergonzantes de los últimos tiempos es la desaparición de la documentación oficial de 20.000 fallecidos en el periodo de tiempo que va de marzo a diciembre del 2020. Desaparición que resultan tan patética que si no fuese un tema tan serio, como es todo lo relacionado con el moderno Jinete del Apocalipsis, hasta causaría risa.

En un mundo tan súper informado, ¿Usted sabe al día de hoy cuantas víctimas ha causado el Coronavirus en España? Lo más probables es que se encuentre tan confundido por los datos que se exponen al conocimiento público que al final no entienda ni raspa. Y no será porque no se prodigan en los medios públicos aquellos que dicen informar. Porque, a ver, ¿con qué dato nos quedamos?, sí es con la suministrada por el propio Ministro de Sanidad, señor Illa, o por su ínclito eco, el señor Simón, las víctimas por Covid-19 en España en el periodo citado son 52.878.

Aunque sea un poco farragoso vamos a intentar confrontar los datos del propio Ministerio de Salud con sus propios datos. Han leído bien, sus datos contra sus datos. Eso sí, con otro nombre. Según el informe MoMo, Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, gestionado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, cuyo objetivo es identificar las desviaciones de mortalidad por todas las causas y compararlas con las series históricas, principalmente las del año anterior, para informar al Ministerio de Sanidad, Consumo e Igualdad Social, pues bien, sus datos sobre el aumento de fallecidos con respecto al 2019, son de 83.370. Es verdad que el MoMo no identifica las causas de la muerte, pero queda claro que en el tiempo transcurrido no hay más razón extraordinaria que el Covid-19.

Otro organismo oficial, como es el INI, Instituto Nacional de la Seguridad Social, informó hace unos días que el número de pensiones pagadas desde el inicio de la pandemia, es decir: desde Marzo del 2020, había descendido un 14´65%, o lo que es lo mismo, alrededor de 70.000 pensiones. El INE, Instituto Nacional de Estadística, mismo periodo contabilizado, sitúa en 80.202 el exceso de defunciones registradas entre el 15 de marzo y el 27 de diciembre de 2020 en relación al mismo período del año anterior. La propia OMS, Organización Mundial de la Salud, ha puesto en entredicho los datos del gobierno de España con respecto a los fallecidos por el Covid-19.

Y para que seguir aturdiéndoles con cifras y más cifras, sólo recordar que en el BOE núm. 295, de 10/12/2013, salió publicada la Ley de Transparencia y Buen Gobierno. Una ley que ya en los preliminares puede leerse: «…la norma de un buen gobierno deben ser los ejes fundamentales de toda acción política». O sea, si a actitudes y resultados se refiere, como tantos otros organismos de mucha pompa y poca miga, la ley es papel mojado.

La estrategia del Gobierno para contabilizar a los fallecidos por Civid-19 es tener en cuenta sólo aquellos con prueba diagnóstica confirmada, pero claro, ¿Qué hacemos con los fallecidos que faltan por contabilizar? Ante semejante desbarajuste informativo, adornado de mil y una incongruencias y mucho verbo, cabría preguntarse: ¿Qué puede ganar el gobierno de la Nación con seguir manteniendo oculto el fallecimiento de más de 20.000 víctimas? A simple vista lo único que pudiera pretender sería la disminución del deterioro de imagen, ya que razones científicas o meramente estadísticas no hay, por tanto sólo queda la razón publicitaria. Eso sí, sin perder el referente en ningún momento de que el verdadero culpable de la pandemia es el bicho que nos acomete, y contra él deberíamos actuar toda la sociedad siguiendo los consejos de las autoridades y técnicos sanitarios a rajatabla.

Recordemos algunas de estas medidas: aparte de las separaciones individuales, los componentes máximos por grupos, las mascarillas y la constante higiene individual, la vacunación masiva de la población comenzando por los grupos de riesgo, es vital. Y aunque sólo sea de pasada, también habría que recordar que desde el comienzo de la pandemia han ido quedando patente situaciones tan kafkianas que parecían imposible de asumir por la población, pero que la vorágine de las circunstancias las han dejado aparcadas a un lado y ya nadie ni las menciona.

Como por ejemplo: los millones de euros gastados en material sanitario que luego no cumplían los mínimos de seguridad, el material sanitario detenidos en fronteras por no tener la documentación de compra en orden o, en un plano menor, los casos de picaresca que se han venido sucediendo; sea otro ejemplo: sacar el perro a pasear reiteradas veces al día cuando estaba en vigor el confinamiento domiciliario, sin embargo, en esta línea de pillería, por lo que de icónico y reprobable tiene, ha sido la situación indecorosa de esos alcaldes que valiéndose de su situación de privilegio no han dudado en pasarse por el arco de la entrepierna los grupos de preferencia de vacunación, para vacunarse ellos los primeros. Claro, no sé por qué nos extrañamos algunos, ¿Los primeros en vacunarse no eran los grupos de riesgo de la población? ¡Pues ya está! ¿Acaso algunos políticos no son un verdadero riesgo para la población?

¡A mentir, que son dos días!