miércoles 25/5/22

Congresos, Congresitos y Congresetes

"Todos ellos lo hacen sonriendo, a lo carnero degollado, porque saben, y muy bien, al final quién pagará la fiesta"

Congresos, Congresitos y Congresetes

"Todos ellos lo hacen sonriendo, a lo carnero degollado, porque saben, y muy bien, al final quién pagará la fiesta"

 Por Pascual Fernández Espín 

Entre los años setenta-ochenta hubo un periodista calificado como fenómeno de masas, bastante díscolo y suelto de verbo para los tiempos que corrían, éste era, y es, José María García. Más conocido en su “Hora 25”, de la cadena SER, como Supergarcía. Un personaje sin pelos en la lengua que todas las noches, a eso de la hora bruja, ponía patas arriba el panorama deportivo español, acuñando para la tropa radiofónica una serie de epítetos que era la delicia del oyente, pero pobre de aquel que se le pusiera a tiro con el ojo cruzado, porque lo traspasaba con sus dardos nocturnos. Eso sí, todos ellos remozados con un mantra bastante oficialista. Primero lo adornaba con la vaselina de: “en rigurosa primicia informativa”, para después comenzar a soltar escopetazos dialéctico a todo lo que se moviese.

Hete aquí algunas de sus puyas más significativas: chiquilicuatre, (de su cosecha se inspiró el friqui español que nos representó en Eurovisión, haciendo el más sonoro de los ridículos) chupoptero, cantamañanas, meapilas, abrazafarolas y doscientos adjetivos más que para no aburrir al respetable lo cortamos aquí. Pero claro, sería imperdonable negar la mención a su etiqueta estrella, cuando, con pésima devoción, se dirigía al presidente de la Federación Española de Fútbol de entonces, a la sazón, don Pablo Porta. El ínclito periodista, recordando todas las noches el “cariño” que tenía al presidente futbolero, además de algún adjetivo que otro, solía darle tratamiento de don Pablo, Pablito, Pablete. Y ahí arrancamos, ya que en los últimos tiempos algunos partidos políticos han hecho buena la parodia de José María García en sus congresos, congresitos y congresetes. Casi todos ellos tendentes a renovar su autobombo, y como no, a conservar el sillón correspondiente más que a resolver los problemas ciudadanos.

Apenas hace apenas una semana, el partido naranja de Ciudadanos, todo transcendental y alegórico, celebró su congreso, dando cuenta al respetable de que pueden pescar más entre liberales y social cristianos que en las filas de la social democracia, como en sus orígenes se definía, y así, con una faena de aliño al más estilo Curro Romero en sus tardes de huida y almohadillados, además de quitarse la etiqueta de social demócrata, los que antes del congreso estaban, siguen estando, eso sí, añadiendo a sus postulados las abiertas ganas de gobernar, bien en solitario o bien en coalición( y esta es la novedad) con otras fuerzas políticas. Pues ala, con esta o aquella etiqueta, a verlas venir, y a ver qué pasa en el futuro.

Semana después, es decir, la pasada, en su XVIII Congreso Nacional, el PP se abrió a sus compromisarios para renovar, si procedía, que procedió bien poco, a parte de su junta nacional. Pocas propuestas, satisfacción a tope y mucho sillón. Las caras, prácticamente las mismas, eso sí, su líder, don Mariano Rajoy, poco más y lo suben a los altares los compromisarios. Nada más y nada menos que el noventa y cinco por ciento de votos pasionales a su gestión y cuerpo. (Claro, tampoco había otro candidato que le disputase el sillón). Y ojo, porque el señor que sube o baja, y ese sigue siendo el enigma, crecido antes las palmas y palmerío, se despachó bien a gusto, exclamando entre gritos y aleluyas: “lo he hecho bien y puedo hacerlo todavía mejor”. Solamente le faltó decir a don Mariano: “Y no me beso porque no me alcanzo”.

En las mismas fechas, y en paralelo a este congreso, pero con más cohetería y tracas que fiesta, en la plaza de toros de Vista Alegre, (Madrid.) se celebró la batalla de las batallas, la corrida de las corridas... el no va más...el Congreso de los Podemitas y su Vista Alegre II. (Pero que bien vende estos señores). Que te muerdo, leche, se decían el señor Iglesias y el señor Errejón en las redes sociales y demás medios de comunicación, calentando el preámbulo del congresete, presagiando, no sólo puntazos en las partes nobles, también cornadas a destajo en la femoral (que para eso la terna se celebraría en plaza de toros) como único programa de gobierno. Y recalco lo de único, ya que repitieron hasta el hartazgo que su objetivo principal era impedir que el PP gobernara. El señor Errejón de una forma y el señor Iglesias de otra. Vale, si ese es vuestro objetivo y programa, pues ala, al tajo de los votos, ¿pero qué hay del programa que mejore la vida de los sufridos contribuyentes.

¿Dónde está el programa que rebaje el paro y las penurias ciudadanas? ¿Qué hacemos con la deuda exterior? ¿Qué hacemos con los nacionalismos? ¿Les damos cancha para que jueguen a su antojo? Eso sí, a su antojo, pero que las pelas del odiado Estado Español no les falte para pagar la deuda emitida sin fondos algunos o sus embajadas circenses. Escuchando a los señores Iglesias y compañía uno tiene la sensación de que, además de vender humo, quieren volver a los años 1873-1974, donde en una orgía de desmadre independentista todo el mundo quería café. Es decir: todo el mundo quería formar su propio Estado. Comenzando la revolución independentista y cantonal por Cartagena, para luego ir extendiéndose, además de los de siempre, País vasco y Cataluña, a Valencia, Alicante, Cádiz, Málaga, etc. Quizá por eso no es de extrañar que durante el congreso podemita, la Plaza de toros de Vista Alegre fuese un mosaico de tropecientas mil banderas, claro está, excepto la del Estado Español.

El Congreso socialista está en ciernes. Con la venia de la autoridad competente y si el tiempo no lo impide, éste se celebrará el 17 y 18 de junio. De momento sólo se habla de candidatos y sillones; de programa de gobierno, ni pum. Ahora bien, que se preparen los otros dos candidatos socialistas, séase, el señor Patxi López y el señor Pedro Sánchez, porque la señora Susana Sánchez, después de los logros conseguidos en Andalucía como presidenta, (finales de diciembre del 2016, el paro era del 28´3%, la media española del 17´1 %) antes de nacer como candidata a liderar el PSOE, en un cónclave de alcaldes socialistas preparado por su amiguete el señor Abel Caballero, ha contado un secreto, una primicia a sus seguidores: “Me encanta ganar”. Ea, a la señora Susana le encanta ganar. ¡Sí señoooor! Ahí la quiero ver a usted, doña Susana. Eso ya es un don que no tiene, por ejemplo, el señor Pedro Sánchez.

Pascual Fernández Espín, escritor murciano nacido en Bullas en 1948, es autor de "Bulerías tal como lo escuché", "Salto lucero", "El pastel ajeno", "Con el Otoño a cuestas" y de "Testimonio de una tragedia".

Pero permítanme ustedes que recabe su atención en el siguiente detalle, unos y otros, derecha, centro o izquierda, mientras de puertas para afuera están a la greña, diciéndose poco menos que, “Hijos de Putín”, todos ellos lo hacen sonriendo, con sonrisa clónica, impostada, a lo carnero degollado, porque saben, y muy bien, al final quién pagará la fiesta.

Pues eso, (con perdón) Congresos, congresitos y congresetes. Cada cual adapte el suyo.

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