lunes 16/5/22

Desde la barricada de mi sofá

"Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie"

Desde la barricada de mi sofá

"Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie"

En el artículo 113 de la Constitución española se habla del procedimiento legal que una Moción de Censura debe contener para que esta sea válida, apuntado además los motivos que puede provocar su activación.

Por tanto, sentimientos aparte, la situación política después de la sentencia sobre el caso Gúrtel se adapta al procedimiento oficial, aunque muchos de los diputados que quieren liquidar la configuración actual de España, amparado en esa misma Constitución en la que no creen, hayan votado la moción de censura esperando pescar en río revuelto. Dicho lo cual, nada que objetar a un proceso que, de puertas afuera, tiene como objetivo exigir responsabilidades políticas al Gobierno, precisamente por esa cuestión, por mala praxis del gobierno.

Ahora bien, analizada la situación a ras de tierra, o sea, desde la barricada de mi sofá, tengo que confesar que el día de autos mi ego sufrió tantos cambios emocionales que mi organismo se negaba a mantener sus biorritmos controlados, saltando entre mis venas como saltamontes africanos. Lo que se dice a punto de darme un yuyu. Y es que, puñeta, el último día de mayo, siendo como era el último día del mes de las rosas, la jornada iba a estar repleta de cardos borriqueros, sobresaltos y sorpresas que, humildemente, trataré de desmenuzar.

Por afición deportiva, sin quitarme el sueño, me referiré a la primera de las sorpresas ingeridas. Después del subidón producido por la conquista de la décimo tercera copa de Europa por el equipo de mis amores, y tocarme el reintegro de lo jugado en el cupón de la ONCE, el rey Zinedine Zidane, con cara de Rajoy el día de autos, o sea, impasible, dio el sorpresón, diciendo que “tararí que te vi” que ponía pies en polvorosa y, a otra cosa mariposa.

Ni que decir tiene el sentimiento de orfandad que dejó entre los merengues, ya que nos las prometíamos felices y con la proa enfocada hacia la décima cuarta copa de Europa. Sin habernos repuesto del disgusto, y como consecuencia de la sentencia condenatoria del Caso Gúrtel para los implicados y confluentes, arrancó la jornada de la Moción de Censura hacia don Mariano, y de primer apellido, Rajoy. Un señor que como buen gallego no se sabes si sube o baja, si va o viene.

Dentro de su cara de eterno jugador de póker, sentado sobre el escaño, es que ni así, ¡vamos!, que no transmitía ni pena ni gloria; su cara, aún en los momentos más calientes, cuando Pedro Sánchez (Pedro el Cruel, estaría pensando Rajoy) le atizaba en el grano que más le dolía, don Mariano, ya digo, más o menos en su línea, sin transmitir ni un ápice en momentos pasivos, aunque eso sí, revolviéndose como gato escaldado cuando estaba en posesión de la palabra. Todo parecía en orden. Unos, en busca de la chupeta del poder, atacando, y otros defendiéndose como si lo de la corrupción no fuese con ellos.

La jornada continuaba y la moción de censura también. Y con ella todo lo demás; es decir, lo circense, lo esperpéntico y lo engañabobos, haciéndonos creer algunos de sus señorías que con la zorra separatista se puede pactar para que te guarde el gallinero. Al final ya veremos lo que da de sí la zorra y el gallinero. Supongo que usted, querido lector/ra, no pondría a la zorra a guardar un gallinero. Y menos aún si el gallinero fuese suyo, claro la cosa cambia cuando el gallinero es del vecino que, aunque le desagrade la acción destructiva del bicho, pero ni de lejos es lo mismo.

Que quede claro que, entre otras cosas, que hablamos del dinero público. El que dicen los demagogos que es de todos los españoles. Sí, sí, de todos los españoles, lo que pasa es que lo tienen unos pocos para guardárnoslo al resto. Claro que, hablando del dinero público, si nos atenemos a lo dicho en su día (29/05/2004) por doña Carmen Calvo, en aquellos momentos ministra de Cultura del gobierno de Rodríguez Zapatero, y hoy posible ministra con el nuevo ejecutivo de Sánchez, cuando soltó una frase que, además de dejar al “tendío” patidifuso, haría historia. Dijo la señora Calvo: "Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie". Pues esa es la sensación que transmitía la jornada de la Moción de Censura.

Como el dinero no lleva nombre, ni es de “nadie” ¡hala!, a congraciarse con los que me quieren más que la trucha al trucho, por ejemplo, con el PNV, que por cinco diputados consiguieron el día de autos, además de mantener en jaque y con los huevetes en la garganta a cuarenta y cinco millones de españoles, por aquello de: “te doy o no te doy el voto, si tú a mí me das, o no me das, la tela marinera”. El PNV, ya digo, insaciable como una sanguijuela que aprovecha los momentos de debilidad de sus víctimas para extraerle hasta los higadillos, a lo suyo; eso sí, adornando su vergonzosa acción de circunloquios y paráfrasis de rollo barato, pero a su bola, una bola de quinientos cuarenta millones de euros ya ofrecidos por el señor Rajoy por ayudarle a aprobar los Presupuestos Generales, y como no, exigidos al señor Sánchez por los votos de marras.

Habría que incidir en que una moción de censura constructiva y promovida por la gobernabilidad en época de desconcierto, es lógica y hasta necesaria. Y en el caso que nos ocupa, con todas las pegas del mundo que se le quieran poner, y con la mejoría que en ciertos aspectos ha experimentado el país en estos últimos tiempos, pero la corrupción en España ha hecho mucho daño; tanto a los bolsillos de los españoles como a la imagen exterior de España. Y ahí han estado, y seguro que continúan, las estadísticas que día tras día y encuesta tras encuesta han venido midiendo el nivel de preocupación de los españoles/as. Los políticos y la corrupción, en los últimos tres años, ha ocupado pódium de estiércol entre las preocupaciones ciudadanas.

Por tanto me parece legal, ética y sobre todo política, lo de la moción de censura tras la larga cadena de corrupciones y corruptos, ya que a fin de cuentas la hemos sufrido todo el pueblo llano…Eso sí, unos más que otros, pero todos. Atosigamiento de impuestos, bajada de salarios, subida de impuestos, incertidumbre social y laboral, y sobre todo, paro. Mucho paro. Por tanto, si tras la sentencia de los jueces en el caso Gúrtel, las sentencias que están por llegar, como la de los ERES, (mucho ojo a ésta) y las ciento más que darán nuevas sorpresas, consiguen meter en la cárcel a todos los corruptos, además de hacerles que devuelvan lo robado, e incapacitarlos para cargo público de por vida, bienvenido sea ésta y cien mociones de censuras más. Lo malo sería que la reciente moción de censura ocultara otros objetivos inconfesables. Ya veremos.

Pero aumentando el capítulo de las sorpresas, ya metidos de nuevo en los entresijos de la Moción de Censura, en el primer receso que la presidenta del Parlamento español dio a sus señorías, el censurado, o sea don Mariano, sobre las dos de la tarde, junto a su equipo de confianza, se nos metió en un restaurante a reponer fuerzas, se suponía que para continuar el debate a las cinco de la tarde. Pasó una, dos, tres, y hasta ocho horas, y mientras sus detractores se despachaban a gusto en el estrado del Parlamento, el señor Rajoy Brey, para disgusto de sus incondicionales, no asomó ni un pelo de la barba hasta bien pasadas las ocho de la tarde, en la que, sonriente, con los mofletes coloraditos y sin contestar a los periodistas, cual avestruz que esconde la cabeza para obviar el peligro, salió del restaurante. Ya digo, sonriente. ¡Santo Cielo! Un servidor de ustedes pasa ocho horas seguidas en un bar, y mis cercanos hacen que me caiga encima la del pulpo.

Los periódicos más sensacionalistas, como el que tal no hace, se encargaron de indagar sobre lo consumido en tan larga sobremesa. Entre otras bagatelas, dos botellas de güisque de buena marca. Lo hablado durante ese tiempo, se ignora, aunque no lo suponemos. Y llegó el día siguiente.

Rajoy, el poco tiempo que estuvo en el Parlamento, siguió con su cara de póker, su equipo se quejaba del maltrato, los de enfrente, con alegría de mambo en el cuerpo, se relamían de gusto pensando que la chupeta del poder estaba ahí mismo, al alcance del dedo índice, y los nacionalistas y separatistas se flotaban las manos esperando que llegase lo “suyo. Y los ciudadanos, ¿qué? Los ciudadanos…Pues eso, los hay para todos gustos. Los hay con el esfínter contenido pensando en lo que pueda llegar, y los hay que se creen que llega un tiempo de jauja y milonga.

De cualquier manera, haciendo de Rappel y tirando por alto, en ocho o diez meses nuevo cambio. Eso sí, mientras tanto, y después también, otras tierras españolas que no son ni separatista ni nacionalista, a verlas venir, mientras que los eternos ponedores del “cazo”, en tanto la ley electoral no cambie, esperando llenarlo bajo la amenaza de: “ dame más que más me merezco.” Como dice mi amigo Pepe: hay muchas Españas para tan poca vergüenza.

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