miércoles. 01.02.2023

Haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga

Dijo el lobo feroz: “Los pensionistas no han pagado ni la mitad de lo que cobran”

Haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga

Dijo el lobo feroz: “Los pensionistas no han pagado ni la mitad de lo que cobran”

Como una nube de piedra se podrían resumir las palabras del señor Solchaga, a la sazón, ex ministro de Economía y Hacienda entre los años 1985 y 1993 en el gobierno de Felipe González. Por si alguno de ustedes no lo recuerda, Solchaga es aquel tipo rechoncho y poco chiste, o por lo menos chiste de poca gracia, que siendo ministro, en plan Rappel, el adivino de pacotilla de la jet, con su prodigioso cerebro parió lo que serían las líneas maestras a seguir en el futuro de todos aquellos, (de un lado u otro, o de un color u otro) que tienen prisa por acaparar lo suyo y lo ajeno.

Corría el año 1986, tiempo de la feroz reconversión industrial que arrojaría a la calle a miles y miles de trabajadores y trabajadoras, y el señor Solchaga, en plena vorágine de paro y caos laboral, con la finalidad de incentivar la codicia de los capitalistas extranjeros y autóctonos a invertir en España, creó un lema, o mejor dicho, creó un estigma que quedaría grabado a fuego en la mente de muchos; obviamente, con el fuego de la indecente voracidad con que algunos confunden progresía con picardía, o igualdad con desigualdad. O sea, la indecencia en su más pura esencia. Dijo el señor Solchaga: “España es el país del mundo donde más rápido puede uno hacerse rico» En quién o quienes estaría pensado. Desde luego en el grueso del pueblo español no era.

De no ser que el señor Solchaga, mandamás de entonces y justiciero acomodado de ahora, se le haya deformado su visión y ética social con un fuerte estrabismo que confunde el Norte con el Sur y viceversa, y como tal, se haya atrevido a decir lo que dijo en el Foro Económico de El Diario Montañés, removiendo bilis a destajo y haciendo un flaco favor incluso a sus propios compañeros de partido, al echarle a sufrido y vapuleado colectivo pensionista encima. Es posible que el polémico economista fruto de una hemorragia de satisfacción se viniese arriba cuando, ante un nutrido y selecto foro de economistas, dijo todo solemne, eso sí, sin reírse de nada ni nadie…(bueno, de algunos sí), que los pensionistas que protestan en la calle o en los medios de comunicación, pidiendo una pensión más elevada, "no tienen razón", ya que en su opinión "ninguno de ellos ha pagado ni la mitad de lo que perciben", por lo que estima el señor Solchaga, que lo más adecuado es dejar el sistema de actualización de las pensiones como está.

Y contentos deberían estar los pensionistas, ya que cobran sin trabajar, le falto decir al insigne, aunque sí dijo que nada de subir las pensiones todos los años con respecto al IPC, la subida debería ser del 0´25% sine die. ¡Y van que chutan! Esto último es de mi cosecha. Lo que ello conllevaría irremediablemente un paulatino empobrecimiento, cada año más, de un colectivo de nueve millones de españoles, muchos, muchísimos de ellos con enormes dificultades para poder llegar a final de mes.

Con todos los respetos al “tendido,” porque a todos nos gustaría ver el sol muchísimos años más, pero no sería mucho más práctico, sencillo, rentable y tranquilizador para ciertos salvadores de la patria aplicarnos a todos los pensionistas una eutanasia colectiva, y muerto el perro se acabó la rabia. La caja de la Seguridad social remontaría vuelo, la medicinas bajaría de precio y las lavativas también, se ahorrarían lo gastado en viajes para el Inmerso…habría dinero a espuertas para llevarse más allá de los Pirineos, en fin, todo ganancias.

Los problemas vendrían a la hora de votar, porque ya me dirán ustedes, sin pensionistas por medio, quienes tendría que cargar con las mentiras de estos engañabobos? Lo malo es que en este mundo tan trasversal y tan informado ya va quedando pocos resquicios donde esconder las triquiñuelas, las medias verdades y los eufemismos, y este señor, tan brillante y activo, ¡ah!, y tan listo, parece ser que no se conforma con la pensión que le corresponde, que al haber sido ministro en varias legislaturas, con el privilegio que ello conlleva en todos los individuos de semejante situación, su pensión sería de las más altas que se pagan en la Seguridad Social, pasándose por el arco de las “pelotas” el artículo 14 de la Constitución española…Perdonen ustedes, pero me apetece hacer un pequeño paréntesis para recordar lo que dice el artículo referido: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

El resalte en negrita es para significar tan lindas palabras. Que diría mi vecino argentino. Lo malo es que lo de la igualdad y toda la música que acompaña, y que tan bien suena, en el fondo se queda en agua de borrajas, ya que “su” pensión, la pensión que tanto critica el señor Solchaga cuando se refiere a otros, no va con él, la de él, como he dicho antes, es una de la más alta que se pagan en la Seguridad Social. Pero claro, este señor, el señor Solchaga, juega con ventaja, ya que él…y conste que ante la privilegiada vida privada que él ostenta nada habría que objetar, pero su ejemplo de salva patrias no vale, ya que según el periódico Economía Digital, el señor Solchaga abandera un despacho de “lobbysta” intermediario de sociedades del Ibex. Es decir, en su despacho se hacen las gestiones y relaciones empresas-clientes para que éstas puedan multiplicar sus beneficios cuanto más mejor. Además, el señor Solchaga, según el mismo periódico, hasta no hace mucho formaba parte de varios consejos de administración de empresas cotizadas, como Zeltia y Duro Felguera.

También estuvo en el consejo de la inmobiliaria barcelonesa Renta Corporación, pero al estallar la burbuja del ladrillo, como es tan listo y ya no había tela que cortar, optó por hacer mutis por el foro y abandonar el barco.

La realidad de este señor, y la de tantos otros como el señor Solchaga, es cuanto menos criticable, ya que al ser, como son en algunos casos, iconos sociales, arrastrado desde sus tiempos de altos mandatarios políticos, se convierten en un espejo público donde muchos españoles, que en su día les siguieron y votaron, ahora no les gusta lo que ven. Aunque ejemplos como el del discutido personaje los haya para dar y regalar; insignes personajes, políticos sobre todo, banqueros, grandes empresarios u otros de igual guisa, que antes de pasarse de bando eran poco menos que la bondad infinita, la honestidad, la justicia y otros adjetivos de cielo azul, hasta que el llamado capital y buena vida llamó a su puerta.

Pero en tanto las puertas giratorias giren, no hay problema para estos personajes, ya que el prestigio de una empresa del Ibex se mide por el número de políticos que acoge su Consejo de Administración.

Y mientras esto sucede, en el Pacto de Toledo se debate si son galgos o podencos, pero en modo alguno sobre la igualdad entre los españoles que refleja el art. 14 de la Constitución. Y lo peor de todo, tanto recalcar nuestro prohombres de larga ciencia que no habrá pensiones para nuestros jóvenes, hacen que algunos de ellos, inconscientemente crean que la culpa de que ellos no cobren la tienen los pensionistas de ahora.

Permítanme ustedes una parábola para ciegos, no hace mucho yo mismo era un imberbe soltero, y hace unos días amplié mi plantilla de nietos a seis. O sea, ustedes mismos.

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