miércoles 25/5/22

Haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga

"Sus señorías tienen garantizada la pensión máxima, esto es, 2.567 euros,... igualito que el resto de españolitos”

Haz lo que yo te diga, pero no lo que yo haga

"Sus señorías tienen garantizada la pensión máxima, esto es, 2.567 euros,... igualito que el resto de españolitos”

 Por Pascual Fernández Espín 

Parece una obsesión lo de hurgar continuamente en el prurito de las pensiones, pero es que hay motivos y picaceras para ello, y yo diría que para bastante más, y sí no, fíjense ustedes en los ecos pasionales y fuego cruzado que está generándose en la sociedad en los últimos tiempos.

Según dicen los entendidos, se ha descapitalizando la caja de las pensiones a tal ritmo que dentro de unos meses sólo quedará el recuerdo. Dicen que las pensiones del futuro no están garantizadas, y que el trabajador debería hacerse un Plan de Pensiones para completar la limosna que le va a quedar, ya que la revalorización de las pensiones, prevista a veinte años luz, que en consonancia con la sinopsis del art. 50 de la Constitución Española, debería ser igual al IPC anual, se irá revalorizando año a año en torno al 0´25%, lo que garantiza unas pérdidas para el pensionista en torno al 25% en apenas dos lustros. En fin, una bicoca. Una constante intranquilidad en el ánimo de los futuros y presentes pensionistas que consiguen alterar sus parámetros bioquímicos: tensión, azúcar, mala leche, etc.

Pues bien, recabando su atención de nuevo, cada vez que las aguas remansan un poco los ánimos de los futuros y presentes pensionistas… Y nadie lo olvide, son muchos los actuales pensionistas… nueve millones y medio que pueden hacer mucha pupa en día de elecciones. Y el tema parece haber comenzado, ya que la campaña en post de una iniciativa legislativa popular que garantice la igualdad entre españoles ya se ha puesto en marcha en las redes sociales…

Como les iba diciendo, cuando los ánimos se ponen un poco a sestear, sale a la palestra un globo sonda que hunde las expectativas del más flemático, o aparece un verso suelto en los medios de comunicación proclamando las siete plagas de Egipto para las pensiones, o un refinado macho Alfa alumbra una nueva… no digamos, “parida”, por la intensidad y respeto que merecen todas las personas que paren, pero si parida de mal gusto para todo aquel ciudadano de cana y arrugas que después de haber visto cercana la meta de la vejez, ahora, cada vez ve más lejano el descanso del guerrero. Pero así están las cosas. O así parecen que quieren que estén.

Y lo último de hoy, pero seguro que no de mañana, lo ha diagnosticado en la comisión parlamentaria sobre el Pacto de Toledo, el señor Linde, sucesor del otro Gobernador del Banco España que tan “buenos” recuerdos parece haber dejado en el tema Bankia y otros pufos. El juez dirá. Pues bien, el señor Linde, en plan erudito, muy puesto y muy transcendental, eso sí, mirando al folio y no a la cara de los españolitos, dijo el otro día: “El sostenimiento de las pensiones pasa por prolongar la edad de jubilación más allá de los sesenta…” Le faltó decir al señor Linde que hasta los cien, aún queda margen, ya que la eficacia y acumulación de sabiduría se alcanza de setenta para arriba, como es el caso de la mayoría de obispos y arzobispos, y si me apura el señor Linde, sin ánimo irreverente, y menos con el actual Pontífice, con los Papas de Roma, que casi todos comienzan su carrera pontificia rozando los ochenta. Claro que también habría que decirle al señor Linde, que mientras que en esta jodida crisis económica los salarios medios en España han bajado una media de 25%, el año pasado, él sumó un 4’5% a su magro sueldo de 180.000 euros.

Pero no sólo el Gobernador del Banco de España utiliza la consabida ley del embudo, o el haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago, también algunos políticos y acomodados pesebreros de alrededor, con sus conductas, precisamente no se convierten en espejos en cual mirarse. (Y no saben cuánto me fastidia hablar como el señor de la coleta)

Demos un leve repaso a la actualidad e intenten evitar que la comezón que les produzca  no le dé por rascarse hasta los higadillos, y no los de pollo.

Para que a un trabajador por cuenta ajena, o un autónomo, que coticen en el Régimen General o el Régimen Especial de la Seguridad Social, hoy día le quede la máxima pensión que le corresponda a su tabla de cotización, tiene que haber cotizado 35 años y 6 meses a las arcas del Estado, y tener una edad de 65 años y 6 meses. En el año 2022 serán iguales las condiciones, pero con 67 años de edad. Y aquí, justo aquí, comienza la comparativa con otro segmento privilegiado de la Nación.

En base al art. 14 de la Constitución Española, donde se certifica la “igualdad” entre todos los españoles, podemos ver como algunos se pasan la igualdad mencionada por el arco de la entrepierna. Eso sí, todo muy oficialmente. Hete aquí las pequeñas diferencia existentes entre un ciudadano normal con un Diputado o un Senador español. A la postre, portavoces nuestros. Digo yo. De entrada sus señorías tienen garantizada la pensión máxima, esto es, 2.567 euros, por un concepto, ya digo, muy oficial, denominado “pensión parlamentaria”, consistente en que si la jubilación que le correspondería al diputado o senador, como consecuencia de su actividad profesional, previa o posterior a su carrera política, no le da para llegar a la pensión máxima, la diferencia hasta llegar a ella se la paga las Cortes Generales con cargo a su presupuesto. O sea, con cargo al resto de españoles. Aunque para ser ecuánime en el comentario, habría que hacer constar alguna salvedad. Si el diputado o senador tienen una antigüedad entre 7 y 9 años en su escaño, las Cortes les abonan el 80% de la citada diferencia. Si su actividad parlamentaria se encuentra entre los 9 y 11 años, le abonan el 90%. Finalmente, quienes acumulan 11 años como representantes de la soberanía popular, tienen asegurado el 100% de la pensión máxima existente en la Seguridad Social. O sea, los 2.567 lurios, (que diría Carlos Herrera). Cómo verán ustedes, igualito igualito que el resto de españolitos. Y esto es lo que hay, lo que da la mata.

Pero para seguir hurgando más en la pupita de la irritación ciudadana, las Cortes Generales también costean a sus señorías un plan de pensiones privado por importe del 10% de sus emolumentos mientras mantengan su escaño. Además de estas minucias, sus señorías están exentas del 40% del IRPF en su sueldo de parlamentario. Es verdad que dentro de los macro números que se manejan en la economía del Estado, con una deuda del 100% de su PIB, quizás lo referenciado sea una menudencia, calderilla para chuches, pero nadie negará que es un mal ejemplo para los contribuyentes a la hora de retratarse ante el fisco. Y dentro de un par de meses, cuando haya que pasar por taquilla bajo el jodidillo slogan de: “Hacienda somos todos”, verá usted que risa nos entra.

Pascual Fernández Espín, escritor murciano nacido en Bullas en 1948, es autor de "Bulerías tal como lo escuché", "Salto lucero", "El pastel ajeno", "Con el Otoño a cuestas" y de "Testimonio de una tragedia".

Pero lo curioso, curioso, dicen los eruditos del tema, para mitigar el impacto de las pensiones, es proponer a los que se vayan a jubilar que prolonguen la actividad laboral más allá de la edad de jubilación, permitiendo compatibilizar el cobro del 50% de la pensión que correspondería al individuo con los rendimientos del trabajo, Lo que le supondría una doble compensación: cotizar menos durante los años que trabaja por encima de la jubilación legal y recibir una pensión mayor cuando empiece a cobrarla. Que por cierto, por el peso de las arrugas y los años que acumule, esperemos que le dé tiempo a cobrar más de dos pagas y media.

Aunque de la propuesta en sí nada habría que objetar en un mundo sin paro, ¿pero qué hay del relevo generacional? ¿Dónde metemos a los casi cuatro millones de parados que les gustaría ocupar el puesto dejado por un jubilado, entre ellos los jóvenes menores de 25 años, actualmente soportando un paro de casi un 43%? ¿Cómo demonios un trabajador que no llega a mil euros de salario se va hacer un plan de pensiones que complemente su futura pensión, si en el presente apenas si puede llegar a final de mes?

Seamos serios señores, porque al final las partes bajas de un demagogo pueden quedar al aíre por un roto o por un  descosido.

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