miércoles 26/1/22

Histeria y risa fofa

"Estamos a un tris de traspasar el umbral de la alarma social para llegar a la antesala de la histeria colectiva"

Histeria y risa fofa

"Estamos a un tris de traspasar el umbral de la alarma social para llegar a la antesala de la histeria colectiva"

Hace ahora ochenta y tres años el joven Orson Welles, aprovechó el estado de ánimo social provocado por la Gran Depresión (1928-1930) y partiendo de los Estados Unidos puso al mundo patas arriba al difundir radiofónicamente que al mundo le quedaban pocas horas, ya que éste estaba siendo invadido por un ejército de alienígenas procedente del espacio sideral, y que, con sus armas de destrucción masiva: rayos destructores, virus a mansalva o vete a saber, no iba a quedar títere viviente sobre la capa de la tierra.

Sin llegar a los niveles del profeta Orson Welles de momento, y por otros motivos, pero también con el esfínter contraído y risa fofa, estamos a un tris de traspasar el umbral de la alarma social para llegar a la antesala de la histeria colectiva.

Y lo gracioso del caso es que la actual situación se veía venir, y se veía venir porque en otros lugares, a lontananza de nuestras fronteras, el caos por el Coronavirus se encontraba en todo su apogeo, pero aquí, en España, en nuestra España del botijo y la pandereta, quijotes que somos, algunos gurús de gran poder eran capaces de difundir con absoluta autocomplacencia que nuestro estupendísimo servicio sanitario estaba preparado para todo. Pero… ¡para todo, todo!, hasta el punto de poder combatir desde el pedrisco de las tormentas a cualquier patógeno exterior que intentara agredir la salud de todos los españoles, y demás agregados que tomen el sol de Benidorm. Machotes que somos. Obviamente, nadie se alarme, tranquilos todos, tenemos inmunidad absoluta contra el Coronavirus o cualquier otro bicho por muy raro que tenga el nombre y los hechos.

Y con esos mimbres por medio, ¡viva la fiesta! El domingo, día 8 de Marzo, día de la mujer, cuando el tráiler de la película ya se estaba proyectando y todo hacía indicar que lo hoy tenemos ya estaba entre nosotros y no precisamente en tono amigable… y lo más jodido, para más inri ya se sabía, y de ello dan fe las fotos de algunas ministras participando en la manifestación con guantes látex, pues aun así se puso en marcha la festiva (y justa) reivindicación feminista pese al potencial peligro que significaba la afluencia de grandes masas de ciudadanas, y algunos ciudadanos, por las calles de nuestras ciudades, estableciéndose con esta irresponsable acción un terreno fértil para que el Coronavirus saltara de una persona a otra como saltimbanquis de circo ¡Pues no! Parece mentira, pero la situación de peligro inminente de contagio no fue prohibida por quienes podían hacerlo; es más, es que algunos y algunas aplaudían hasta con las orejas creyendo que el viento corría a su favor. Craso error, la pólvora hace siglos que fue inventada, y si el viento hoy corre del norte mañana puede hacerlo del sur; aunque siempre despeine a los mismos.

La única conformidad que puede tener el ciudadano de a pie es que el virus parece de los democrático, vamos, que no mira el carnet de identidad ni la ocupación social de su propietario. Pues menos mal.

Han pasado apenas unos días de la gran manifestación y cuando la semilla ya está sembrada y los primeros brotes verdes empiezan a aflorar, ahora todo el mundo intenta ponerse de perfil en la clásica postura de eludir responsabilidades.

Obviamente ya es tarde para lamentaciones, si acaso es tiempo de ayudar en lo que se pueda para, entre todos, detener esta amenaza mundial, pero también es tiempo de aprender de los errores cometidos, ya que la realidad es la que es, y estamos donde estamos; casi en el colapso social, con una generalizada alarma en todos los frentes: la economía temblando, el país semi-paralizado, la bolsa en caída libre y la sociedad histérica hasta el punto de que, si bien todo el mundo pide tranquilidad, que es lo suyo, pero en las farmacias españolas hace días que no hay caretas, gel protector o algo que tenga relación con el “bichillo”.

Los últimos días las estanterías de muchos mercados, otrora repletos lustrosos y ordenados, parecen haber sido atacadas por los indios, y lo que en otros tiempos eran símbolos de abundancia, prosperidad y orden, en estos momentos es desorden, carencia y caos. Es que ni papel higiénico, oiga. La afluencia de clientes es tal, que por ejemplo, los guardias de seguridad de Mercadona en muchas tiendas de la cadena organizan las colas que hay en la calle, no dejando entrar a los establecimientos a nadie hasta que no salgan otros clientes.

Total, para nada: ni pollo, ni cerdo ni pescado; ya digo, es que ni papel higiénico. Hoy mismo, desde la ventana de casa veo la calle desierta. Ni un alma, ni un gato: los semáforos son innecesarios y el viento campa a sus anchas sin ser entorpecidos por los coches.

Me recuerda una de esas películas que tras un gran desastre nuclear o vírico solo queda el prota y la prota… ¡Ah! y los malos. En fin, con todos los esfínteres del cuerpo encogidos esperemos que en breve el “bicho” sea dominado y todo pueda volver a la normalidad. Los ricos recuperen sus milloncejos perdidos en la Bolsa, los niños al cole, los papás al trabajo y los abuelos al cafetito tertuliano, a la partidita del Dominó y a Benidorm con el Inmerso. Que es lo suyo.

Histeria y risa fofa