jueves. 18.08.2022

La política también veranea

"Feliz veraneo, en el monte, en la playa o en la bañera de casa"

La política también veranea

"Feliz veraneo, en el monte, en la playa o en la bañera de casa"

Es muy probable que a la hora en que usted le eche un vistazo a este artículo lo haga desde el descanso del guerrero, o sea, desde el lugar donde veranee. Ojo, teniendo en cuenta que también habrá quien se obligue a leerlo en los aledaños de su bañera porque su economía no dé para más. Y para algunos… bastantes, muchísimos, no da para más porque, pese al tan cacareado crecimiento del tres por ciento anual de la economía española en los últimos tres años, les puedo asegurar en carne propia y bolsillo compartido con Hacienda, que todo lo que blanquea en boca política no es harina, y por tanto mi PIB (el producto interior bruto de mi cartilla de ahorros) casero no camina por esos ratios de vinos y rosas.

Y puesto que viene a colación, supongo, de los que pueden o no pueden permitirse ciertos lujos, no caigamos en la interpretación falaz del que no puede, como hizo la empresa alemana MediaMarkt con aquel anuncio publicitario de corte… digamos, hijoputesco y calculado, con el que empapeló los espacios publicitarios de media España. Recordemos aquel ataque publicitario, eso sí, también recordando a su santo padre. La campaña publicidad agresiva y de poca gracia decía así con letras como casas: «Yo no soy tonto, pero tú sí». Se entendía que era un mensaje subliminal hacia todos aquellas o aquellos consumidores que no compraban en sus tiendas. Más o menos como la política en sus extremos: “a ambos lados de mi opinión sólo existe el  vacío”. Pues eso, con la calima que tenemos encima, el que no veranee en la playa u otros lugares de privilegio climático no es precisamente porque sea tonto, pero lo que sí es, quiera o no quiera, hijo del dios paganini.

Si antes del zasca al señor de Santa Pola, lo era del señor Montoro, ahora, en tiempos del señor del Falcon en concierto, lo es de Montero. Pero sea como fuere, en la bañera, en la playa tumbado a la bartola, en el monte, o sentado en una terraza ante una paella como la plaza de toros, siendo la canícula de Julio y Agosto fechas para leer y escuchar, circunstancialmente cae en mi mano un artículo del gran periodista murciano, Manuel Segura Verdú, en el que apoyándose en la maravillosa obra del escritor Miguel Espinosa, “Escuela de Mandarines”, escrita en 1974 en perfecta visión de una realidad presente y futura, Manuel Segura, con la obra del escritor de Caravaca de la Cruz en la mano, deja al descubierto lo que habría de venir. O sea, lo que tenemos hoy: «…la casta que sistemáticamente engrandezca al bobo, reinará perpetua, porque los memos solo piden beneficios y rito»… «la Gobernación no necesita intelectos, sino sumisiones… Habitamos un país en el que los discursos se construyen a golpe de titulares y no desde la tribuna del Parlamento; donde la manija no la suelen llevar los mejores sino los más oportunistas; donde la mediocridad es la norma, y la excelencia, la excepción; y donde no hay lugar para la verdad…

Puñeta, es que el artículo lo borda. Es una instantánea de la realidad. Sin ir más lejos, en la bonita ciudad de Jerez de la Frontera, cuna de tantos y tantos grandes de la Historia, y cuna de infinidades de expresiones artísticas: música, danza, arte, etc., parece existir otra tendencia hacia un nuevo arte. El arte del dispendio mientras se engatusa al “tendío” con trivialidades de poca monta.

Una ciudad que en los últimos cuarenta años, con todo tipo de alcaldías y tendencias políticas, ha ido acumulando una de las mayores deudas municipales de España. Pero eso sí, muchos de sus ciudadanos estarán contentos, sobre todo los colocados en la administración municipal en las últimas cuatro décadas. Por poner un ejemplo, el 75% de la plantilla de trabajadores de Jerez ha logrado el puesto sin haber pasado por unas oposiciones.

Según información del diario El País de Andalucía, unos 2.000, de los 2.700 empleados del Ayuntamiento no han superado un concurso de méritos. En cristiano, entraron a dedo... Bueno, méritos, méritos, como aquel que dice, alguno tendrán, ya que han logrado colarse en la plantilla municipal con lo difícil que lo ponen en otras corporaciones municipales.

Por poner un ejemplo con poblaciones del nivel de Jerez, más o menos: Gijón, con 273.422 habitantes, alrededor de 60.000 vecinos más que Jerez, anda por los 900 empleados municipales, o lo que es lo mismo, 1.800 menos que Jerez. Pues aun así, esa no es la noticia; la noticia es que en el 2018, por primera vez en treinta años, así, como suena, treinta añazos, el ayuntamiento de Jerez ha convocado dieciocho plazas de empleo público por oposición.

Y mientras tanto, cada ciudadano de Jerez, incluidos los bebés nacidos ayer mismo, sin comerlo ni beberlo, todos los días se levantan con un débito a su espalda de unos 4.700 euros por la monstruosa deuda municipal, y conste en acta que todo el dinero no se lo han gastado en las vías públicas, de ello puede dar fe mi coche propio y mis cervicales, también propias, ya que transitar por algunas calles de Jerez en vehículo es jugarse alguna que otra contractura cervical y los ahorrillos del año en cubiertas y amortiguadores. Además de los bacheados y disparejos adoquines, de tiempo de los romanos, o vete a saber, te puedes encontrar con calles de mucho tráfico, como por ejemplo la del Obispo Cirarda, en la que en un corto trayecto de apenas trescientos metros, sin señalización vertical ni pintura horizontal, con seis resaltos de hormigón que por sus medidas y peligrosidad están prohibidísimas en cualquier sistema de ordenación vial moderna. O te puedes encontrar en muchas, demasiadas calles, la de Ronda de San Telmo una de ellas, con las tapas de arquetas en medio de la calzada hundidas en el asfalto, convirtiendo al coche en un caballo desbocado y la espalda en nido de dolencias.

Pascual Fernández Espín, escritor murciano nacido en Bullas en 1948, es autor de "Bulerías tal como lo escuché", "Salto lucero", "El pastel ajeno", "Con el Otoño a cuestas" y de "Testimonio de una tragedia"

Pero aun así, en la balanza de las realidades, Jerez gana por goleada a lo negativo, de ahí que cualquier intento de arruinar su imagen, supongo que sin intención, pero si por dejadez, no me desanimará y continuaré considerando a la bonita ciudad de Jerez como segunda patria chica.

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