viernes 20/5/22

Tonterías a destajo

"Todo el mito del machoalfismo se ha ido por el agujero del váter por unos gritos de guerra que, de ser ciertos, se han cargado una de las bases más sólidas de la estructura humana de pelo en pecho"

Tonterías a destajo

"Todo el mito del machoalfismo se ha ido por el agujero del váter por unos gritos de guerra que, de ser ciertos, se han cargado una de las bases más sólidas de la estructura humana de pelo en pecho"

Me comentaba el otro día un amigo octogenario, rico en dolencias y rebosante de historia, que en la España actual hay situaciones que le gustan bien poco, y en sus rosario de explicaciones venía a justificarme el porqué de su aversión a la situación referida.

«Vamos a ver: ―me decía― ¿qué le podrá gustar a una persona nacida en tiempo de ayuno forzado, como yo; o sea, en tiempos de la postguerra, en la que todo el mundo parecía resentido hasta consigo mismo? Pues si en aquellos tiempos, además del resentimiento, el lema generalizado era el de un seguidismo a la España del Movimiento del Dictador en busca de acomodo; o sea, a la caza de un puestecito en la administración donde corrieran los días como churros, sin más preocupaciones que al final de mes, puntualmente como el recibo de la luz, llegase la paga.

Hoy día, con la tortilla al revés, el objetivo sigue siendo mismo, colocarse cerca de la pomada del poder a ver si cae algo, sin embargo, como añadido adicional, se ha abierto un hispanofobia progre de barra libre contra todo lo que lleve sello de españolidad, y lo más curioso, esta hispanofobia no sólo va en el ADN de algunos autóctonos de nuestra país, que hay unos pocos, coletas incluidos, es que en ese summum de estupidez humana, hasta los de fuera de nuestras entretelas hispanas parecen empeñados en rizar el rizo de la majadería en un revisionismo vacuo que la mayoría de las veces trata de ocultar males propios. Comenzó la fiesta el actual presidente de Méjico, Andrés Manuel López Obrador, con una polémica carta exigiendo disculpas al Rey de España, Felipe VI, por los agravios derivados de la conquista de Méjico por Hernán Cortés hace quinientos años. ¡Vamos, que la “cosa” ocurrió ayer!

Es posible que, como en todas las conquistas, se cometieran errores, violencia innecesaria, pero ¿acaso la civilización azteca no tenía en sus costumbres ritos de sangre humana como ofrenda a sus dioses cuando llegó el navegante español a los territorios gobernados por Cuauhtémoc? ¿O acaso el mandatario mejicano actual ya ha resuelto todos los problemas existentes en su país, el país más violento de toda Latinoamérica, y ahora quiere arreglar los problemas de otros países?

No se habían apagado los ecos de la tontada de López Obrador, cuando Yihad Sarasúa, imán de la mezquita sevillana, días pasados envió otra carta al Rey Felipe VI pidiéndole una disculpa oficial por las vilezas, expoliaciones, destierros y asesinatos cometidos durante la Reconquista de España. ¡Toma ya! Abusando de una democracia que en su país de origen no tiene, al imán, por razones de prisas oportunistas, supongo, se le olvidó reseñar en la carta que si hubo reconquista española fue porque antes había habido conquista por parte árabe, y según consta en epítomes y legajos tampoco los árabes llegaron a la península Ibérica repartiendo piquitos de rollo. Y más tontadas, ―continuó mi amigo octogenario― en ese retorcimiento torticero de la historia, Podemos y Eh-Bildu, a falta de ideas más sólidas y constructivas han lanzado una propuesta en el parlamento navarro para reparar la memoria y la dignidad de las víctimas del mayor feminicidio institucional de toda la historia de la humanidad, a cargo de la Santa Inquisición, en referencia a las cazas de brujas de Zugarramurdi, un hecho acaecido en los siglos XVI y XVII. Eso sí, seguro que toda esta fiebre revisionista va pareja con sendas comisiones y dietas de asistencia. O sea, camino del objetivo final, que no es otro que el de la «pasta gansa».

Pues ya ven ustedes, mi amigo octogenario, por todo lo narrado, analizado y con el hartazgo a tope por los varios y variados jetas que hurgan en sus bolsillos, en su forma de ver y analizar los tiempos que corren, ya digo, con ochenta y dos años a sus espaldas y un sentimiento de hombría por bandera, lo que más le ha fastidiado la moral últimamente fue los eslogan tatareados, más bien gritos de guerra con vena en cuello, en el reciente Día Internacional de la Mujer, donde las reivindicaciones femeninas, toda ellas justas y necesarias para la convivencia e igualdad entre hombre y mujer, iban por buen camino, incluso compartidas por muchos hombres, hasta que alguien, o mejor dicho, muchas… muchísimas “alguien”, sobre todo en las grandes manifestaciones, irrumpieron con un mensaje rompedor de cualquier delicatessen que se preste. ¡Puñeta! Eso no se hace. Habéis desalmado a medio mundo.

Todo el mito del machoalfismo se ha ido por el agujero del váter por unos gritos de guerra que, de ser ciertos, y tiene todas las trazas de serlo, se han cargado una de las bases más sólidas de la estructura humana de pelo en pecho. Es bueno recordar los eslóganes de marras, aunque con ello se consiga el oprobio de algunos y el sonrojo de otras. Porque si algunas asistentes a la proclama feminista estaban con las hachas de guerra en todo lo alto, con las venas saltonas y más rojas que un tomate, eran por los gritos hostiles hacia los hombres, no por ningún síntoma de vergüenza ni reivindicación de igualdad, sino por golpear donde más duele. Por golpear ahí, justo ahí. En la célula madre del macho Alfa.

«¡No nos duele la cabeza, es que no sabéis follar! (repetido con ignominia en fases de tres en tres antes de pasar a la siguiente delicadeza. ¡Si quieres cenar, me comes el…».

Duro, muy duro…En fin, y para qué seguir con las sensiblerías de marras, desde luego, como el horno no está para bollos, a ver cómo ahora al llegar a casa le sueltas a la fémina el poema de Mario Benedetti:

Se me ocurre que vas a llegar distinta

no exactamente más linda

ni más fuerte

ni más dócil

ni más cauta

tan solo que vas a llegar distinta…

Por la hora que se nos ha hecho, terminamos el contenido de nuestros vasos y me despido de mi amigo mientras analíticamente murmura algo entre dientes: «A buena horas mangas verdes, después de más de medio siglo de matrimonio ahora me entero de que no le dolía la cabeza»

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