jueves. 29.02.2024
Pepe El Manteca, junto al periodista Carlos Herrera
Pepe El Manteca, junto al periodista Carlos Herrera

Genio y figura, un sabio universal, una persona cuya trascendencia va más allá de su trascendencia como hostelero de barrio. Y Cádiz le llora. Ha muerto José Ruiz Calderón, Pepe El Manteca a los 86 años.

El popular empresario gaditano, propietario del emblemático establecimiento gaditano situado en el barrio de La Viña, nos ha dejado tras no poder superar una larga enfermedad.

De él se han escrito ríos de tinta salpicado de grandes anécdotas. "Retrataba a la perfección a una ciudad en la que el cante y los toros, las riñas de gallos y las reuniones y partidos de mus en torno a una copa de vino y a un papel de estraza con las tapas ordenadamente colocadas, son señas de identidad de una época que poco a poco va perdiéndose".

Casa Manteca

Orígenes de la taberna

La taberna la fundó el propio José Ruiz Calderón en 1953, nada más regresar a Cádiz de Alemania, país en el que permaneció como emigrante durante algún tiempo.

Cabe recordar que en febrero de 2006 el periodista Antonio Burgos presentó en la Diputación la obra 'Escrito con tiza. Memoria de Pepe Manteca', escrito por Francisco Orgambides y José María Otero Lacave.

Pepe Manteca nació en 1934 en el barrio de la Viña, en la calle Lubet esquina La Palma, donde ya su padre tenía un almacén ultramarinos.

Un grande del toreo

Pepe “El Manteca” iba a ser un grande del toreo a principios de los 50, pero se quedó en el camino, con la marca de las cornadas en su cuerpo. Aún así, la historia le tenía reservado un lugar en el corazón de la gente. No en el ruedo, sino detrás de una barra.

La tienda de alimentación de su padre, Lorenzo Manteca, fue el lugar de trabajo de Pepe. Y su arte y buen estar con todo aquel que se acercara hizo que se fuera llenando y convirtiendo en una pequeña taberna. Pequeña, pero a rebosar. Explica que el simple truco es atender, “estamos faltos de que nos atiendan”. Eso o lo que fuera hizo que pasaran por allí los ilustres del barrio de La Viña. Cantantes, toreros, médicos o filósofos fueron parroquianos suyos. Incluso el príncipe Felipe tuvo el detalle de visitar a “El Manteca”.

Un buen vino o una caña de cerveza son buenas para acompañar lo que ahora su hijo, Tomás Ruíz, o el resto de la “cuadrilla”, puedan servirnos. Pero no en plato, si no en esos clásicos trozos de papel de estraza donde dejar caer el jamón o el queso recién cortado.

“Hasta que me muera voy a ser torero”, confesaba Pepe. Y no es de extrañar sorprenderlo simulando una “verónica” con un paño del bar.

Cádiz llora la muerte de Pepe El Manteca