Las escenas de ‘Verano azul’ que hoy estarían prohibidas
Desgranamos todo cuanto ahora causaría escándalo de la famosa serie
‘Verano azul’ ha regresado de nuevo a nuestras vidas durante estas vacaciones estivales. Es un clásico. Tanto la serie como el regreso a nuestro imaginario popular. Al imaginario y al memorando de nuestras vidas. La de todos los españoles. Quienes jamás excluyeron a la celebérrima pandilla de chicos de sus/nuestras vidas. Porque todos ellos, con los adultos Julia y Chanquete, constituyen un patrimonio inmaterial del país.

Parece que fue ayer, pero hay que remontarse hace casi cuarenta años a la primera emisión de la serie de Nerja en la pequeña pantalla del hogar de todos los españoles. Ha llovido la universal desde entonces acá. Y también un chorro fresco de reposiciones. Tanto calaron sus personajes en pequeños y adultos que jamás una reposición de sus capítulos provocaron hartazgo. No en balde han sumado nuevas generaciones de seguidores a su favor.
Este verano 2019 TVE la ha repuesto de nuevo. Parece que en versión remasterizada. La pandilla sigue tal cual: en el epicentro de la sensibilidad de propios y extraños. Es cierto, que moralina por capítulo aparte, ‘Verano azul’ es una serie que por siempre debemos reivindicar, en su calidad de traslado nítido de la realidad social de España. De la España de entonces…
Costumbrismo sobre el tapete, sí, pero también locuacidad sin pelos en la lengua de la actualidad doméstica, familiar, libertad -¿y libertinaje?- juvenil, el despertar del sexo, amores de verano, el divorcio. Eso sí, vistos al trasluz del hoy por hoy, si repasamos con luz y taquígrafo los 19 episodios de la serie, tanto algunos temas como no pocos detalles estarían taxativamente prohibidos por la modulación vigente de la corrección política (a raíz de la cual las prohibiciones se multiplican así como crecen por doquier los aguaciles de la moral).
Lo que sucede -de manera inocente y nada intencional- en algunos capítulos de ‘Verano azul’ hoy escandalizaría al más pintado. O a determinada asociación de vaya usted a saber por qué Peteneras podría salir. O incluso denunciar. Suscitando -ya se sabe- la eclosión de comunicados condenatorios a diestro y siniestro. ¿Síntoma de progresía?
¿A qué detalles aludimos? Por ejemplo a la embarazada hippy que permanece unos días en casa de Julia y decide -la hippy y no Julia- tomarse un gin-tonic. Hoy causaría lógica aversión esta iniciativa. El capítulo es un canto a la vida. Más o menos cursi, claro está. Otro aspecto recae sobre la chocante plasmación de adolescentes fumando -se van pasando un cigarrillo de unos a otros- en el capítulo del guateque organizado por el padre de Quique.
La actual preocupación social por la obesidad infantil y por el cuidado alimenticio excluiría de raíz un personaje del perfil de Piraña, cuyo énfasis personal -e incluso humorístico- se centraba en las ansias por engullir todo alimento que se atisbase en cercanía. Tampoco se aceptarían las bromas de los chicos en referencia a la gordura del personaje simpaticón del referido Piraña.
¿Niños comprando vino? Otra prohibición actual que entonces era admitida como costumbre normal. Recuerden cómo a Piraña le encarga su madre que baje a la tienda a comprar vino para su padre. En el inolvidable capítulo titulado ‘A lo mejor’. Todos los integrantes de la pandilla coincidieron en declararse en huelga contra sus padres para responder a todo con el lacónico ‘a lo mejor’. Hoy está prohibido vender alcohol a menores. Apropiada ley, por descontado.
Hasta habría quiénes tacharían a Pancho de joven explotado laboralmente en el ultramarinos regentado por sus tíos. A cambio de la manutención alimenticia. Nada digamos cuando, tras sufrir el chaval un accidente, ha de seguir a toda costa trabajando con muletas sobre un burro –‘Pancho Panza’-. Otro aspecto hoy denunciable sería el permanente abuso de las bicicletas sin el debido uso de los cascos.
Motivo de escándalo -¡y de traca!- es el de las bofetadas a los hijos. Como inapelable método de la imposición de la autoridad paterna. Baste referirnos al bofetón del padre de Javi a su hijo. Con testigos presenciales del hecho. El resbaladizo asunto de los derechos de los padres divorciados -trágico lance el del padre de Desi interpretado por Carlos Larrañaga- o incluso el de la especulación inmobiliaria que obligaría a aquel himno heroico: “Del barco de Chanquete no nos moverán”.
Reflexionemos. Y, a pesar de todo, las lecciones de ‘Verano azul’ mantienen, en su esencialidad, unas moralejas que vencen el paso del tiempo. Y una educación en valores siempre al costadillo de las más o menos leyes modernas y del florilegio rizado de la corrección política.
