viernes. 03.04.2026

Muere Anna Karina, la mirada muda de la Nouvelle Vague

Fue un icono del cine francés que propició el paso abrupto a la modernidad

Muere Anna Karina, la mirada muda de la Nouvelle Vague

Fue un icono del cine francés que propició el paso abrupto a la modernidad

Era bella como un guiño de menta. Dulce como un suspiro de azúcar. La actriz Anna Karina, uno de los principales rostros de la Nouvelle Vague que catapultó el cine francés en los sesenta, ha fallecido en París a los 79 años, a consecuencia de un cáncer.

En esta sección de Cine y Televisión la homenajeamos con merecimiento propio. Y es que con su muerte finaliza una década que habrá visto desaparecer a la práctica totalidad de los protagonistas de esa revolución fílmica, como Claude Chabrol, Éric Rohmer, Jacques Rivette y Agnès Varda.

Nacida en 1940 en Solbjerg, en las afueras de la ciudad danesa de Aarhus, Karina llegó a París en autoestop a finales de los cincuenta, que ya es un modo romántico y rebelde de posicionarse en la vida. Huía de una infancia en la pobreza y de los abusos de un padrastro violento.

En razón a su físico, no tardó en encontrar trabajo como modelo. Coincidió entonces con Coco Chanel. Godard descubrió su rostro en un anuncio de jabón y le propuso un pequeño papel en su debut en el largometraje, Al final de la escapada. Pero sucedió que la joven actriz lo rechazó “porque no quería enseñar los pechos en pantalla”. Ahí es nada.

Con todo y con eso, Godard no se dio por vencido. No tiró la toalla. Ocho meses después, el director le ofreció el papel protagonista de El soldadito, película sobre la guerra de Argelia que la censura gaullista prohibió durante dos años. Lo mismo sucedería con su siguiente película, una adaptación de La religiosa de Diderot a las órdenes de Rivette. La actriz se casó con Godard en 1961, embarazada de un hijo que terminaría perdiendo. Momento triste.

Fue el inicio de una colaboración de la que surgirían películas que marcaron una época, como Una mujer es una mujer –con la que Karina ganó el premio de interpretación en la Berlinale de 1962–, Vivir su vida, Banda aparte, Lemmy contra Alphaville o Pierrot, el loco. Más que una musa indolente, más que un maniquí pasivo, Karina fue uno de los artífices de ese paso abrupto a la modernidad en el cine.

Poseía una mirada de película muda, un flequillo que rozaba sus párpados y un acento danés que con los años limó hasta que se volvió casi imperceptible. Karina también firmó cuatro novelas –una de ellas, con posfacio del escritor Patrick Modiano– y realizó tres películas como directora.

La primera de ellas, Vivre ensemble, fue presentada en el Festival de Cannes de 1973, donde recibió malas críticas. Reestrenada en Francia hace unos meses, las imperfecciones de esa historia de amor entre un profesor casado y una mujer bohemia no impedían ver a una cineasta con talento. Ha fallecido con la mirada siempre abierta a la modernidad. Una modernidad de labios que saben besar con la fragilidad de un ser de cercanías.

Muere Anna Karina, la mirada muda de la Nouvelle Vague