sábado. 04.04.2026

“Sólo tenía ganas de morirme”

Reveladoras declaraciones del padre Apeles en ‘Viva la vida’

“Sólo tenía ganas de morirme”

Reveladoras declaraciones del padre Apeles en ‘Viva la vida’

Parecía desaparecido del mapamundi. Al menos de la memoria más reciente de los telespectadores españoles. Su sólo nombre ya nos remonta a casi veinte años atrás. ¿O acaso menos? En cualquier caso a una época remotísima según el frenesí que a todos nos azota. Hablamos del padre Apeles. Aquel sacerdote de secuencias controvertidas que, a cada palmo, levantaba una agitada polémica siempre de color rosa.

Este domingo 26 reapareció en la pequeña pantalla. Y lo hizo con una inédita calma chicha. Físicamente más o menos imperturbable. Con el carácter animado pero a su vez reposado, muchísimo más sereno, más acorde consigo mismo. Más tranquilo. Más sintonizador con la alta intelectualidad que atesora. Alejarse de los focos ha sido crucial para regresar a la templanza psicológica. Para salirse del tiesto de las exclusivas y los mentideros del guirigay de la fama del colorín.

Telecinco y el programa ‘Viva la vida’, de la mano de Emma García, propiciaron la ocasión idónea. Los espectadores contemplaron a un padre Apeles sosegado. Feliz y realizado. Se encuentra asentado en Italia, lejos del runrún del orbe periodístico. Ejerce -y trabaja- como director de un archivo histórico. Más ancho que Pancho. Más contento que unas castañuelas. Con todo y con eso no desdeña del todo su incursión en el ámbito catódico. Conserva “recuerdos bonitos”.

Se hizo sacerdote en 1993. “Mi salto a la tele fue accidental. No calibré bien mi respuesta positiva ante la propuesta que surgió en un momento dado. Comencé en ‘Moros y cristianos’. Creo que mi cultura era válida para los debates serios. Pero cometí el error de mezclarme también con otros géneros menos apropiados para mí. Y fui criticado, sí, claro que fui criticado, pero sólo por algunos sectores", comentó.

Aunque ganaría una considerable cantidad de dinero, no dejó de admitir este domingo que “lo pasé bastante mal con arreglo a mi carácter pesimista y depresivo”. Con Emma no escondió ningún dato: “Sólo tenía ganas de morirme. No tenía ganas de vivir. Tomaba muchos somníferos. Iba andando y me torcía mucho los pies, los tobillos, porque los músculos se adormecían. Estuve encerrado dos años, con las persianas echadas, leyendo y nada más”. Ahora ya se encuentra perfectamente, con fuerza, “como un toro".

“Sólo tenía ganas de morirme”