sábado. 04.04.2026

Viña, siempre la Viña, y en Semana Santa también

El fervoroso barrio, hoy resignado al silencio, le pone al mal tiempo buena cara cada Lunes Santo

Viña, siempre la Viña, y en Semana Santa también

El fervoroso barrio, hoy resignado al silencio, le pone al mal tiempo buena cara cada Lunes Santo

Cristo ha fallecido por efecto del cruel martirio, chorreando sangre por sus cinco heridas y por la corona punzante que aún clava en su cabeza. Se ha saciado la sed de sangre de todos los judíos.

Todo está consumado. Las profecías se han cumplido, el eterno Padre ya está satisfecho. Y, aunque al tercer día se eleva a los cielos, ya no pudo gozar el hombre de su presencia cotidiana. Así lo quiso Él y su padre celestial y así debe comprenderse.

La archicofradía de La Palma y el barrio de La Viña comparten de la mano una vida juntos. Las gentes de este populoso rincón de la Tacita de Plata han tenido siempre como referencia obligada la advocación que significan la Señora de la Palma, el Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima de las Penas.

Una hermandad viñera que ha ido evolucionando en nuestra Semana Santa, aunque no por ello ha perdido el esplendor y el calor popular que la caracterizan cuando cada Lunes Santo se asoman los primeros capirotes azules por la calle de La Palma.

Tras el brillante paso por la Santa Iglesia Catedral de Cádiz y la carrera oficial, el regreso a casa se produce cargado de la emoción que transmiten los Hijos de la Viña. Saetas para el crucificado y vítores para la Señora.

Y llega la Madrugada del Martes Santo y todo se acaba, ha pasado tan rápido. El fervoroso barrio, hoy resignado al silencio por la enfermedad, le pone al mal tiempo buena cara cada Lunes Santo.

Historia

En 1691 el capuchino fray Pablo de Cádiz creó la Compañía Espiritual de Ave María y Coro del Santísimo Rosario, formada por vecinos del barrio de Capuchinos, que se reunían en el oratorio de la casa de Juan y María Peñalba, donando esta última la viña de Malavá para levantar una capilla que se concluyó en 1699. En 1754 un incendio la destruyó, salvándose la imagen de la Virgen de la Palma, el estandarte y algunos objetos y fue dicho estandarte el que el capellán Francisco Macías, acompañado por fray Bernardo de Cádiz que portaba un crucifijo, llevaba cuando se detuvieron las aguas del maremoto de 1755, año en el que se le concedió el título de Archicofradía por el obispo fray Tomás del Valle.

La cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia se funda en 1938, que se fusiona con la Archicofradía de la Palma, en 1968 concretamente el 20 de marzo tras aprobación por parte de los ambos cabildos de hermanos. La imagen de Nuestra Señora de la Palma fue coronada canónicamente en el año 1987 por el Obispo Antonio Dorado Soto en la Santa Iglesia Catedral de Cádiz.

Imágenes

El Crucificado data del siglo XVIII y es de origen genovés; probablemente, era imagen de retablo por lo poco pormenorizado del cuerpo, que resultaba desproporcionado. En 1969 el escultor Francisco Buiza procedió a adaptar la cabeza a un nuevo cuerpo de tamaño natural, realizado en sus talleres de Sevilla.

La imagen de la Virgen de las Penas, también de autor desconocido, puede adscribirse a la obra de Fernando Ortiz; es escultura de candelero procedente del convento de Capuchinos y fue cedida por el Obispado en 1947. Fue retocada por el escultor Francisco Buiza y corregidos detalles de policromía por Álvarez Duarte.

Nuestra Señora de la Palma Coronada, es una obra anónima del siglo XVIII de escuela genovesa, siendo restaurada en 1991 por Luis González Rey. La Archicofradía cuenta también con una imagen de San Juan Evangelista para su altar de cultos, realizada por el escultor de Carmona, Antonio Eslava Rubio.

Viña, siempre la Viña, y en Semana Santa también