miércoles. 10.08.2022
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Y Jerez renovó la tradición de los solemnes besamanos

La ciudad se reencontró este domingo 17 con la fidelidad cuaresmal

La jornada de este pasado domingo 17 fue un clamor de jerezanía en la ciudad. Jerez se reencuentra consigo misma cada fin de semana de la Santa Cuaresma. Existe como una ciudadana llamada interior. Una búsqueda en lo ya reconocible. En lo ya inmarchitable. En la delectación de la pureza antigua de una tradición legada de generación en generación.

¿Dónde radica, dónde descansa, el eje medular de la conservación religiosa de este mismo sentimiento cofradiero? ¿En el aroma de las calles de los domingos de Cuaresma? ¿En el hálito de lo inaprensible?

Subsiste un regusto interior por la expresión catequética del lenguaje cofradiero. Como una atracción ancestral, atávica incluso, que nos conecta con nuestra mismidad. Con la mismidad sociológica de una seña de identidad que unifica a la localidad por completo. Y que es transmitida de generación en generación. Como carne de la carne y hueso de los huesos. No hay vuelta atrás. Se trata de un latido que vuelve. Las solemnes ceremonias de besamanos así lo indican. Así lo anuncian tan sólo con la señal de humo de un incienso vertical, que conecta al hombre con Dios.

Este pasado domingo 17 Jerez revivió de San Pedro a San Juan de Letrán, de Santiago a San Juan de los Caballeros. De la Ermita de Guía a Fátima. De Capuchinos a los Desamparos. Con solución de continuidad. Familias completas paseando las calles de su fidelidad al tiempo de vísperas. Siempre entre el ayer y el mañana. Que es el hoy saboreando el carpe diem de unas plegarias tan secretas como colectivas. Una fiesta de los sentidos. El habla de lo interiorizado. La oración que se siente y se presiente. Dios, otra vez, en Jerez. En el Jerez de los templos. En el Jerez de la vida.

Y Jerez renovó la tradición de los solemnes besamanos