La Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras ha celebrado una solemne sesión académica con motivo del ingreso como académico de número de César Saldaña Sánchez, actual presidente del Consejo Regulador del Vino de Jerez, que tutela las denominaciones de origen Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda y Vinagre de Jerez. El acto ha reunido a una nutrida representación institucional y social de la ciudad, con especial presencia del sector vitivinícola, en un salón de actos que se ha llenado por completo.
La sesión ha estado presidida por Juan Salido Freyre, presidente de la Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras, quien ha abierto formalmente el acto. A continuación, el secretario general de la corporación, Juan María Vaca Sánchez del Álamo, ha dado lectura al acta de nombramiento del nuevo académico de número.
Tras ello, César Saldaña ha accedido a la tribuna académica flanqueado por los numerarios Jesús Rodríguez Gómez y Bernardo Palomo Pachón, iniciando la lectura de su discurso de ingreso, titulado Los tiempos del vino de Jerez, una intervención que ha ofrecido una reflexión profunda y sugerente sobre el Jerez como expresión viva del tiempo.
El tiempo como eje del vino de Jerez
Desde los primeros compases de su intervención, Saldaña ha situado al tiempo como elemento vertebrador de su discurso, apoyándose en referencias literarias, filosóficas y científicas para subrayar que nada sucede al margen del tiempo. Recordando a Caballero Bonald, ha afirmado que “somos el tiempo que nos queda”, una idea desde la que ha desarrollado su tesis central: el vino de Jerez no solo necesita tiempo, sino que es, en sí mismo, un homenaje al paso del tiempo.
El nuevo académico ha explicado que el Jerez debe entenderse desde múltiples escalas temporales —segundos, años, siglos e incluso millones de años— para poder abarcar toda su complejidad. En este sentido, ha señalado que la historia del vino de Jerez no comienza únicamente con los fenicios, sino mucho antes, en lo que ha denominado el “tiempo profundo”, cuando el territorio del actual Marco de Jerez era un mar cuyas transformaciones geológicas dieron origen a las albarizas.
Saldaña ha subrayado que en esta historia las marcas del tiempo no se miden en años ni en siglos, sino en millones de años, una perspectiva que permite comprender la singularidad de un vino profundamente ligado a la tierra y a los procesos naturales que la han conformado.
La albariza y el paisaje como herencia milenaria
Uno de los núcleos del discurso ha girado en torno a la albariza, descrita por Saldaña como un “suelo milagroso”, fruto de la acumulación durante millones de años de restos microscópicos de organismos marinos. El conferenciante ha explicado que esa singular micromorfología es la que permite a la albariza retener la humedad y hacer posible el cultivo de la vid en un clima de lluvias irregulares.
A su juicio, la albariza es el único elemento que ha permanecido prácticamente inalterado a lo largo de casi tres milenios de historia vitivinícola, mientras que todo lo demás —variedades, técnicas, clima o formas de elaboración— ha ido cambiando y adaptándose con el paso del tiempo. Esa continuidad convierte al suelo en el auténtico hilo conductor del vino de Jerez.
El discurso ha avanzado desde la geología hacia la historia y la cultura, destacando que las lomas blancas que rodean Jerez configuran un paisaje cultural de enorme antigüedad, labrado y cuidado generación tras generación, y que, en palabras del nuevo académico, “debería ser acreedor de un mayor respeto” por su valor histórico y simbólico.
Historia, cultura y disfrute del Jerez
Saldaña ha defendido que la historia del vino de Jerez es inseparable de la historia del propio territorio y de su gente, alineándose con la idea de que la verdadera historia no es solo la de las naciones, sino la de los lugares. Desde la época romana hasta Al-Ándalus y la frontera medieval, el cultivo de la vid y la producción de vino han persistido como una constante, adaptándose a contextos políticos y sociales muy diversos sin perder su esencia.
En la parte final de su intervención, el nuevo académico se ha adentrado en el tiempo del disfrute del vino de Jerez, entendido no solo como consumo, sino como experiencia cultural, emocional y social. Ha evocado cómo el primer contacto con el vino formaba parte natural de la infancia y la juventud de muchas generaciones jerezanas, generalmente en el ámbito familiar o festivo, acompañado siempre de la intuición de que se trataba de algo que aún “no era para nosotros, pero que un día lo sería”.
Desde esa memoria personal, Saldaña ha defendido un modelo de iniciación basado en el conocimiento, la responsabilidad y la gradualidad, frente a lo que ha calificado como una frontera artificial del “todo o nada”. Ha apostado por un aprendizaje pausado que permita que el vino siga siendo un elemento genuino de convivialidad cultural, alejado tanto de la prohibición como del abuso.
La diversidad del Jerez y el tiempo de la copa
El conferenciante ha puesto de relieve la extraordinaria diversidad del vino de Jerez, capaz de ofrecer una gama casi inabarcable de colores, aromas, sabores y texturas, así como múltiples posibilidades de maridaje. Ha destacado, no obstante, que su cualidad más sobresaliente es su capacidad evocadora, esa facultad de convocar recuerdos, emociones y presencias a través de una copa compartida.
En uno de los pasajes más íntimos del discurso, Saldaña ha reflexionado sobre el simbolismo de las copas: la primera, dedicada a los presentes; la segunda, como llamada a los ausentes y a la memoria, evocando especialmente a su padre, Arcadio, que años atrás se dirigió a la Academia desde la misma tribuna; y la tercera, citando con humor a Manuel Alejandro, como una copa especialmente reveladora.
Antes de concluir, el nuevo académico ha sintetizado su intervención en varias ideas clave: el respeto al paisaje como herencia de millones de años de evolución; el conocimiento de la historia como fundamento de la identidad colectiva; la necesidad de honrar la vida de la vid y el trabajo del campo; y, de manera especial, el reconocimiento del tiempo como ingrediente esencial del vino de Jerez. “En cada copa lo que bebemos es tiempo”, ha afirmado, agradeciendo a los asistentes el tiempo que le han dedicado.
La contestación académica y la laudatio final
En la contestación al discurso de ingreso, el académico de número José Luis García Ruiz ha destacado la altura intelectual y el carácter poético de la intervención de César Saldaña. Ha señalado que el nuevo académico ha ofrecido, más que una reflexión sobre el vino con el tiempo como excusa, una profunda reflexión sobre el tiempo utilizando el vino de Jerez como hilo conductor.
García Ruiz ha subrayado la coherencia del planteamiento de Saldaña al recorrer las distintas escalas temporales —el tiempo de la tierra, de la historia, de la vid, de la bodega y de la copa— y ha resaltado frases como “el tiempo de la vid se acompasa a la vida de los hombres” como una síntesis perfecta del espíritu del discurso.
En la parte final de su intervención, ha realizado una laudatio del nuevo académico, destacando su sólida formación, su extensa trayectoria profesional vinculada al sector del vino y su papel determinante en la modernización, divulgación y proyección internacional del Jerez. Ha puesto en valor su labor al frente del Consejo Regulador y su contribución decisiva a la difusión del conocimiento del Jerez, culminada en la publicación de El libro de los vinos de Jerez, una obra de referencia que, a su juicio, ha ligado de forma permanente el nombre de César Saldaña a la historia contemporánea de estos vinos.
