Descanse en paz la joven Verónica Otero
El Carnaval de Cádiz se tiñe de riguroso luto ante la pérdida de la joven Verónica Otero
El Carnaval – el Carnaval de Cádiz- es sinónimo de alegría, de vitalidad, de vida de ojos abiertos y retinas que sonríen siempre generosamente. El Carnaval con mayúsculas es tradición y defensa -tradición sin vuelta atrás y defensa por condición y convicción-. El Carnaval es bello como las alas invisibles e indivisibles de sus ángeles en la tierra, en la misma tierra de la Tacita de Plata…

El Carnaval de Cádiz ha disfrutado durante 35 años de un ángel que fue aficionada incondicional, amabilidad a raudales, simpatía a espuertas y ninfa de aplausos en noches de Falla. El Carnaval de Cádiz ha disfrutado 35 años -hasta que la muerte acaba de vencerla, ¿vencerla?- de una niña que se hizo adolescente al compás del 3x4. Y mujer al ritmo de tanguillos…
Verónica Otero, la joven Verónica Otero, ha dicho adiós. El Carnaval ha pintado colores negros, de riguroso luto, en los cachetes de su tristeza. La muerte ha llegado en forma de barquito velero que, tratándose de Verónica, conduce a la eternidad. Era presidenta de la Asociación de Ninfas ‘La Piconera'. Sabia conocedora de la fiesta…
Defensora a ultranza de la figura de la ninfa. Mujer activa, contagiaba por norma júbilo, optimismo, fuerza. Ahora se ha reunido con el profesor don Adolfo, con otro maestro: don Francisco Alba, con María la Hierbabuena… En un teatro de matices celestes. Donde las cortinas ya no se bajan, donde el telón siempre está alto. Alto como un cielo de recompensas…
