Tenemos en Jerez de la Frontera un escritor novel que acaba de publicar su primera novela. Se llama Jonás Coronilla y ha escrito “Una estancia irreal”, que será presentada el jueves 19 de febrero, a las 19:30, en el nuevo espacio de la Cámara de Comercio que se llama Networking. Está en calle Sevilla, 15. Quedamos con él una mañana lluviosa de este invierno lluvioso en la estación de tren y luego nos refugiamos para hablar.
Jonás, habla de cómo va a ser la presentación
Será un acto bonito porque vamos a tener maridaje de literatura con vinos de Bodega Sánchez Romate, que ha apostado por nosotros. Al acabar lo que es la presentación, cuando esté firmando libros y demás, la gente va a poder comentar con un jerez en la mano. Hay que decir que ya al menos hay un ejemplar en ciudades tan dispares como Lérida, Chicago, York (en Inglaterra), Bruselas y hasta en Arabia Saudí. A esos sitios han llegado ejemplares por amistad, por amigos.
¿Cómo animas a la persona que pasea por la calle para que acuda al acto de presentación?
Pues, sencillamente, que va a descubrir una charla con un autor joven, pero al que le gusta mucho la comunicación y la cercanía de la gente. Tanto si les gusta la literatura como no, se pueden acercar, porque después va a haber coloquio. Me van a presentar y luego haremos una dinámica de preguntas-respuestas.
¿Cómo te surgió eso de escribir una novela?
En uno de los peores momentos de mi vida, surgió el duende. En 2019 me vine de Galicia, porque se acabó el trabajo, y cuando llegué a Jerez mi mujer me pidió matrimonio. Entramos en el 2020, año que se esperaba muy bueno, pero resultó negativo porque el coronavirus me cogió en paro, consumiendo el desempleo, teniéndome que reciclar laboralmente, con treinta y cuatro años y perdido.
Para salir adelante concerté con mi mujer que cada uno iba a coger una habitación y se iba a poner a crear. Mi mujer es actriz y también realiza guiones; entonces, yo empecé con un programa de radio casero en el que contaba historias e investigaba. En tanto, descubro una gavilla de escritos perdidos por ahí; decidí digitalizarlos para que no se perdieran y descubro mi diario del Erasmus. Lo hice entre el 2009 y el 2010, en cuarto de Derecho, en Bari, en la Facultad del Estudio Aldo Moro. En la novela hay un guiño a la figura de Aldo Moro, que fue tan importante en el mundo jurídico italiano.
Viendo ese diario, los recuerdos me ayudaron a pensar en novelarlos y empecé un primer capítulo. No tenía pretensión de publicarlo ni siquiera de enseñárselo a nadie. En junio, nos dejan salir a la calle y me reúno con mi amigo Julio Asencio Márquez. Le entregué mi primer capítulo y me dijo que estaba muy verde pero que siguiera escribiendo porque algo había visto. Durante dos años, mientras producía un capítulo él me revisaba el anterior otro.
¿Cómo era la revisión?
Él revisaba la forma, pero no tocaba el fondo. Insistía mucho en que estuviera bien escrito, independientemente del número de personas a las que le interese el libro. “Sobre todo, que el día de mañana tú puedas estar orgulloso de haberlo escrito”. Insistía en no tener ansia por publicar; hay que tener paciencia porque, si no, las obras pueden salir incompletas.
En donde no entraba es en decirme si tenía que cambiar o no un personaje o una acción. Me decía: “Haz lo que tú quieras, pero los personajes tienen que estar justificados y bien dibujados psicológicamente”. Yo, cada vez que creaba un personaje, lo redactaba, creaba una ficha de personal. Eso lo hacían Saramago o Cela; antes de una novela, dibujaban su edificio, la estructura. Hacer la estructura ayuda mucho. Yo, si a algún capítulo había que darle una vuelta, me iba a la estructura.
¿Ha sido un proceso largo?
A los dos primeros años llegamos a la obra finalizada. Hablo en plural porque, aunque la obra sea mía, él me ha ayudado. Saco el primer borrador y del 2022 hasta esta parte ha habido seis borradores. Espera, paciencia. En estos cinco años y medio, desde el primer borrador hasta el último, hay estructura básica pero la evolución se ha visto.
También he podido aprender un poco de nuestro idioma, que, aparte de fascinante y bonito, es muy complejo. En una conferencia, a un autor le preguntaron: “Mi hijo quiere escribir, ¿qué le recomendaría?” “Pues lo primero, que lo deje”. “Si no puede evitarlo, que tenga paciencia”. Me hizo mucha gracia. Que lo deje, porque no da dinero y va a amargar muchísimo, pero, bueno, ahí está la producción.
Otro consejo, sin buscar tantos chistes, es leer mucho
Eso es importante, y me lo recomendaba Julio. Uno lee menos de lo que le gustaría, pero es cierto que, salvo las novelas negras, suelo leer variado. La novela me interesa muy poco, porque me perturba, aunque hace poco leí “La ciudad de los vivos”, de Nicola Lagioia, un autor de Bari, y es una excepción.
Ahora estoy terminando “La Sociedad del Cansancio” de Byung-Chul Han, de origen surcoreano y que ha bebido de autores europeos, alemanes especialmente; dice que nos auto exigimos demasiado, por el rendimiento que tenemos que dar en este mundo tan volátil y tan inmediato. Nunca se termina de aprender, efectivamente. Esto es lo bonito de la vida.
Seguimos con el proceso de tu novela
A partir de los dos años ya teníamos el edificio. Ahora había que arreglar detalles. Fui prácticamente casi a borrador por año. En el 23, el tercero; en el 24 el cuarto; en el 25 el quinto (más o menos, porque en el 25 han sido quinto y sexto casi a la vez). La novela publicada es el fruto del sexto borrador, que lo terminé en septiembre. Se lo trasladé a Círculo Rojo, que me lo he coeditado.
Hace una semana, en la Fundación Caballero Bonald habló Javier López Menacho, autor y editor que se fue de Jerez y ha vuelto ahora. Se refirió a cómo están, para los autores nuevos, los modelos en España; dijo que efectivamente cobran muy poco y a lo máximo que pueden llegar a aspirar es un 10%.
Él escribió en 2013 "Yo, precario", novela que habla de la situación precaria de cualquier joven cuando se lanza al mercado laboral proveniente de la crisis del 2008. Paralelamente, mi novela habla de una estancia irreal, ese tiempo literario entre el 2008 y el 2010, y recoge la situación de Jerez en aquel momento, enmarcada en la general de España.
¿Cómo ha sido la edición?
La edición ha sido una coedición de la mano de Editorial Círculo Rojo, editorial almeriense, de Roquetas de Mar. Coedición significa que el autor es el que arriesga, el que paga el coste de la edición, pero la editorial ayuda con ciertos canales de distribución. Te ayudan notificándole a la agencia EFE para que vayas a los medios. Normalmente te conciertan una entrevista o dos. Ellos tienen la distribuidora de logística, que trabaja con diferentes librerías a nivel nacional. Tiene la distribución online en la página web, donde los lectores pueden comprarla, y tienen el canal de Amazon.
O sea, tú pagas todo el coste de la edición y asumes la mitad de los ejemplares
En este caso no ha sido la mitad, ha sido un 70-30. Yo me he quedado con el 70 por ciento. El porcentaje depende de lo que quieras contratar con la editorial. El coste de la edición viene determinado por unos parámetros que tiene la editorial. Yo he pagado los 500 ejemplares y con un porcentaje de ejemplares cubría la inversión. De esos 500 ejemplares, he reservado el 30% para que la editorial lo ponga en internet, en librería Círculo Rojo la mayoría, más unos cuantos que vamos a derivar a Amazon.
He firmado que durante seis meses los ejemplares, se vendan o no se vendan, tienen que estar en ese canal. Cuando pasen esos seis meses los no vendidos son míos, puesto que ya los pagué. Ahí el autor decide si seguir con la venta o traerlos a su casa. Del precio de venta al público, un 50% es para mi y otro 50% para la editorial.
¿Dónde se puede encontrar tu novela?
De esos 500 ejemplares ya la mitad está vendida. Los he vendido yo, no la editorial ni ninguna librería. En una semana he recuperado la inversión. Evidentemente, una editorial tiene canales de distribución que tú no tienes. Ya está en la librería de Círculo Rojo, por internet. En Jerez está en las más conocidas, como El Laberinto, Alavera, etc. En Cádiz la tiene Quorum, de Calle Ancha.
¿Cómo has recuperado el coste de la edición?
Yendo de lector a lectora, de bar a bar, con amigos, con gente conocida, vendiendo de puerta en puerta. Como llevo cinco años y medio con este trabajo, la mayoría de amigos, conocidos y gente cercana sabía que estaba escribiendo. Muchos me han preguntado: “Oye, ¿cómo va? ¿Qué tal?” Yo he ido comentándolo. Cuando al final ha salido, lo tenía fácil, tampoco es mucho mérito mío.
¿Cómo se encuentra el protagonista de una estancia irreal?
Viniendo de una familia desestructurada y ante la situación que tiene, pues ahogado. Descontento con la licenciatura de Derecho, no sabe si continuar o abandonarla. Su ciudad, aunque es mediana, anda de capa caída y se le queda pequeña. Sus amistades están estancadas.
La crisis de 2008, que fue internacional, hizo mucha mella. Todavía mi generación seguía influenciada cuando empecé a escribir la novela. En ese marzo de 2020 no creía que esto iba a dar lugar a una novela, pero gracias a Julio he ido construyendo una historia.
Vamos a la novela en sí. ¿Qué puede encontrar el lector?
El motivo principal gira sobre las becas como igualdad y justicia social; que todo el mundo tenga la oportunidad de formarse para que haya mejores profesionales de todos. Después, en la intrahistoria hay mucho de superación, bajo el concepto de la huida hacia adelante. El protagonista, ahogado por su situación familiar, académica y de ubicación, decide marcharse, que es una forma de huir hacia adelante.
Va a una ciudad desconocida, con idioma desconocido, con gente desconocida, y descubre circunstancias que le hacen crecer. Al final, vemos la importancia de que la gente salga del cascarón. Son experiencias, positivas y negativas, de las que siempre se aprovecha algo. El protagonista ve que todo el mundo tiene unas becas, pero están mal repartidas o el dinero llega tarde. O sea, hay montado un quilombo brutal.
Me gustaría ir a los institutos a dar charlas sobre la novela, pues le puede venir bien a los chicos que vayan a ir a la Universidad. Es una novela con tintes sociales y también con algo tan clásico y universal como el amor, la melancolía y el humor. Me gusta que la gente se ría. Los primeros lectores ya me están diciendo que la lectura es muy dinámica la lectura.
¿Cuánto tiene de autobiografía?
No demasiado, aunque siempre hay algo. El paralelismo entre mi erasmus y lo que cuenta la novela fue la espoleta iniciadora, pero después de seis borradores hay poco. El protagonista se llama Judas Postilla. Pocos protagonistas vas a encontrar tú que se llamen Judas. La novela está escrita en primera persona. Recuerda a las novelas picarescas.
Para terminar, cuenta algo de tu periodo previo al Erasmus
Nací en el 86, en una familia obrera. La novela habla de esas familias obreras que nos dieron educación y con sus trabajos, a veces manuales, nos ayudaron. Era un niño despierto, con inquietudes, y me fascinaba la literatura. “Platero y yo” fue un descubrimiento; no podía imaginarme que alguien pudiera escribir en andaluz.
De adolescente me fascinaron clásicos como la Ilíada, Prometeo encadenado o Don Quijote. De mayor me interesé mucho por las novelas sociales; cito "1984·. En Jerez me licencié en Derecho y después he tenido diferentes empleos, relacionados con la asesoría jurídica. Desde 2015 estoy cerca de la comunicación, con diferentes trabajos actorales, con trabajos de presentador y como maestro de ceremonia de bodas civiles, que es muy divertido.
¿En esas bodas interviene alguien del Ayuntamiento?
En el mismo acto en que yo trabajo, no. La pareja se ha podido casar legalmente el día anterior o hace un mes, o incluso se casan después. Yo dirijo la fiesta. Lo oficial puede ser hasta sin invitados. Monto el guion y me lo paso muy bien. Por el Instagram me pueden bichear. Puedo ir también a ceremonias de otro tipo. Hace poco he sido el presentador de una fiesta de cumpleaños. De hecho, presentaré, por quinto año consecutivo, la gala de premios del Piragüismo Andaluz, en Lebrija, donde van a hacer un homenaje al famoso Antonio de Nebrija.
Bueno, hasta aquí la charla con Jonás Coronilla, al que le deseamos mucha suerte en su andadura literaria.
