“Mi sufrimiento es más leve al contemplar la huella que ha dejado”
La viuda de Juan Carlos Aragón expresa su honda gratitud
La memoria -siempre incólume, siempre sempiterna- de Juan Carlos Aragón sigue campando a sus anchas -con libertad de sal y con platillos de espíritu independiente- a todo lo largo del sur del Sur. Si la muerte es derrotada con los estertores del recuerdo, entonces el Capitán Veneno ejerce a cada segundo -a tiempo presente- como un mesías andaluz a caballo entre el siglo XX y el siglo XXI. Ahora la muerte salió derrotada porque ha pegado el cante. El cantazo. El de su debilidad frente a un ser inmortal que puso banda sonora a la existencia. Es lo que tiene el mundo de los vivos. Y la eternidad del paraíso de los Carnavales.

Luisa Tejonero, la viuda de Juan Carlos, la mujer de Fideli, ha estado al pie de cañón. De los cien cañones por banda que exige la piedra ostionera del destino. Pese a su personalidad discreta. Pese a un carácter introvertido. Ejemplar señora donde las haya. Sabiendo estar cuando las fuerzas ya sólo eran de flaqueza. Cuando la musculatura de la resistencia menguaba en llantos incontenibles. Supo -ha sabido- estar a la altura -cimera- de las circunstancias. Como una improvisada ‘peregrina’ por la ‘serenísima’ travesía de su ‘ángel caído’.
Nobleza obliga, Luisa lo sabe, y por esta razón ha hecho pública unas palabras escritas. Por ella misma. De honesto agradecimiento. A golpe de teclado. De digital puño y letra. A través de su Facebook da oficialidad a la correspondencia social e institucional. Agradece a corazón latiente. Con la sangre de la verdad a punta de labios. Con el pulso del temblor emocional a ras de piel. Como un vaso comunicante de gratitud proyectada a la generalidad. En un tú a tú, en un tú a todos, que es confesión sin regates, que es acorde de la sinceridad, que es elegancia de las formas, que es desahogo y oxigenación. Dice, textualmente, así…
"En estos momentos de sentimientos y de emoción, mezclados con un dolor que me rompe el alma, quiero agradecer las muestras de duelo y de pésame recibidas tras el fallecimiento de mi marido, Juan Carlos Aragón, a quien yo cariñosamente llamaba Fideli. Su pérdida para mí es irreparable y me deja huérfana de amor y de vida, en medio de un vacío que no encuentra final. Mi sufrimiento es más leve al contemplar la huella que ha dejado más allá de las cuatro paredes de nuestro hogar. Huella en sus amigos, en los componentes de sus agrupaciones, en sus colegas carnavaleros, en los aficionados al Carnaval de más allá de Puerta Tierra, y en su Cádiz querida y sentida, sin la que él no hubiera llegado a ser quien fue”.
“Agradezco profundamente las palabras de ánimo recibidas, la presencia en cuerpo y en espíritu de tantas personas en su despedida, las lágrimas derramadas, las conversaciones entrecortadas, los homenajes con las guitarras y las manos levantadas en las plazas, los emotivos programas de medios de comunicación, los artículos y reportajes llenos de afecto de la prensa, los mensajes de cariño en las redes sociales y las condolencias de los que creen, como creía él, en la vida eterna de los Carnavales. Gracias de corazón a todos, a los que he citado y a los que haya podido olvidar”.
“No quisiera acabar esta escueta nota de agradecimiento con mis palabras, sino con las de Juan Carlos acordándose de mí, enamorado, en un pasodoble todavía inédito. Gracias, Fideli, por todo lo que has dado y por nuestro hijo en común, Silvio. Nuestras manos, siempre juntas, permanecerán unidas junto a tu guitarra más allá del tiempo y de la tierra. Te amo”.
