domingo. 22.03.2026

De princesa de San Antón a princesa de los Cárpatos

A propósito de una exposición temporal en el Museo Arqueológico Nacional

Princesa de los Cárpatos
Princesa de los Cárpatos

El Museo Arqueológico Nacional (MAN) presenta en Madrid una exposición temporal que estará abierta hasta el día 25 de enero. Con ella se ofrece una nueva interpretación a un hallazgo arqueológico realizado a principios del siglo XX, en el yacimiento de San Antón (Orihuela, Alicante). Esta exposición se ha montado con la colaboración del Museo Arqueológico de Alicante (MARQ).

Julio Furgús

En 1904, el sacerdote jesuita Julio Furgús, nacido en 1855 en Francia y profesor en el Colegio de Santo Domingo, realizó un espectacular descubrimiento en la denominada Ladera de San Antón (en la Sierra de la Muela), situada a dos kilómetros al norte de la localidad de Orihuela.

Se trataba de la tumba en cista de una mujer ataviada con espirales de plata, un cuchillo de cobre de 14 centímetros de largo envuelto en un pañuelo de lino, un punzón de metal con mango de hueso, una vasija de cerámica hecha a mano (vaso carenado), tres conchas marinas perforadas, dos pequeños discos de marfil y un conjunto de pequeñísimos conos de oro perforados. Se hablaba de la “Princesa de San Antón”.

Ladera de San Antón
Ladera de San Antón

Furgús siempre creyó que San Antón era una necrópolis porque, según dejó constancia en sus escritos, encontró allí más de 600 tumbas (o 800, según sus últimos escritos). Sin embargo, ya en su época otros insignes arqueólogos, como Enrique y Luis Siret, se dieron cuenta de que realmente se trataba de una gran aldea perteneciente a la denominada Cultura de El Argar. Ésta corresponde a una de las sociedades de la Edad del Bronce más avanzadas de Europa occidental y que se desarrolló en España entre el año 2200 y el 1500 antes de Cristo.

El nombre se debe al primer yacimiento identificado, situado en el municipio de Antas (Almería); en él los enterramientos son individuales y es típica la presencia de punzones en las sepulturas femeninas. Los vasos carenados, junto con las copas de pie alto, también son típicos de las cerámicas argáricas. Dicha asignación argárica ha sido confirmada en las últimas investigaciones, de 2021, a cargo de López Padilla y otros.

Vaso carenado I Breña
Vaso carenado I Breña

Anotaciones

De las anotaciones originales del jesuita, publicadas en 1906 con el título “Sepulturas prehistóricas en la provincia de Alicante” en el Boletín de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, tomo V, número 10 (páginas 235 a 240), recogeremos algunas. “Esta tumba consistía en un túmulo de medianas dimensiones…Tenía forma elíptica circunscrita por grandes piedras perfectamente alineadas y el cadáver yacía recostado sobre el lado derecho en posición encogida con la cabeza hacia Poniente”.

“Dos grandes espirales de plata fueron encontradas, una a cada lado del cráneo, las cuales sirvieron indudablemente de pendientes para las orejas o de adornos para sujetar el cabello”. Las espirales de plata aparecidas en los enterramientos argáricos eran coleteros para adornar mechones o trenzas del pelo. Respecto a los huesos dice: “Siento no conservar más que media mandíbula y algunos fragmentos de ese cráneo que (...) fue hecho pedazos por la torpeza de uno de los trabajadores...” y “...el cráneo estaba completamente embadurnado de negro”.

“...Los huesos del brazo y del antebrazo estaban (...) pintorroteados de negro y rojo”. La mujer probablemente vistiera un traje de color rojo teñido con cinabrio (sulfuro de mercurio); esto es frecuente en enterramientos argáricos femeninos de rango social elevado. El rito correspondiente a esta sepultura era el de media cremación, por lo que el resto del esqueleto ha desaparecido. Por las fotografías se ha estimado una edad de entre 15 y 17 años.

Posiblemente la cabeza de la mujer estuviera cubierta por algún tipo de velo o tocado teñido. “Entre las vértebras inmediatas al cráneo se recogieron los granos de un precioso collar de oro (...) formado por diminutos conos huecos diestramente trabajados y provistos de dos agujeros poco menos que microscópicos que sirven para el engarce de estas valiosas perlas”. “Su delicadeza y hermosura contrasta con la relativa tosquedad de los demás objetos de esta tumba y aun con las nueve joyas de oro encontradas en diferentes sepulturas de San Antón; esto podría tal vez indicar que este collar haya sido muy verosímilmente importado de otro país donde el arte estuviese más adelantado”.

Punzón de bronce I Breña
Punzón de bronce I Breña

Los conos de oro

Originalmente Furgús halló 73 pequeñísimos conos de oro perforados, si bien creía que bastantes más se perdieron durante la excavación antes de percatarse de su presencia. Hoy sólo se conservan 42, pero siguen siendo únicos en España más de un siglo después de su hallazgo.

Conectado con los circuitos comerciales del Mediterráneo, San Antón ocupaba un lugar estratégico en el valle del río Segura, una de las principales vías de comunicación entre la costa y el interior. Su privilegiada localización seguramente explica la concentración de adornos de oro que Furgús encontró durante sus excavaciones en el yacimiento, en los primeros años del siglo XX. Recientes estudios revelan nuevas claves de interpretación.

Las élites argáricas residían y recibían sepultura en los grandes poblados, donde eran enterradas con armas de cobre y bronce y adornos de marfil, plata y oro. Sin embargo, frente a la gran abundancia de plata, el oro es extraordinariamente escaso. En el ámbito doméstico el poblamiento se sectoriza en unidades familiares más pequeñas mientras que, en el mundo funerario, el interior de los hogares es el elegido para enterrar a los miembros de la familia.

Nueva interpretación

Recientes estudios de ADN han demostrado que en la sociedad argárica, como en otras muchas de la Europa de entonces, las mujeres abandonaban sus aldeas para casarse y residir en el asentamiento de sus maridos, estableciendo así lazos o vínculos entre familias y, en el caso de las élites, conformando alianzas políticas interterritoriales. La dispersión de algunos objetos de orfebrería es también un indicio de esos movimientos entre poblaciones.

Uno de los yacimientos argáricos donde se han hallado más objetos de oro es precisamente San Antón. En cambio, durante la Edad del Bronce los adornos de oro eran muy corrientes en territorios de la actual Eslovaquia, Hungría y sur de Alemania. Iban cosidos a ropas de gala, y así debieron llegar también hasta aquí: cosidos al cuello de un vestido entregado como un lujoso y exótico obsequio, o quizá cubriendo el cuerpo de una joven de alto rango, originaria de los Cárpatos.

Algunas de las piezas conservadas de modo permanente en el Museo Arqueológico Nacional pertenecientes a este periodo son exponentes y claros paralelos del extraordinario ajuar de la tumba del Cerro de San Antón. Su estudio revela la amplitud de las redes de intercambio que conectaban España con Europa central, y pone de manifiesto el papel que desempeñaron las mujeres de alto rango en la circulación de bienes de lujo, símbolos de poder y legitimidad. 

Ajuar funerario
Ajuar funerario

De primera mano

Los visitantes de la exposición temporal podrán conocer de primera mano las piezas que conformaron el ajuar de ese enterramiento que perteneció a la que ahora se le trata como nuestra "Princesa de los Cárpatos".

De princesa de San Antón a princesa de los Cárpatos