domingo. 25.02.2024
Hueso grabado de Jabugo
Hueso grabado de Jabugo | Foto: Marciano Breña

El visitante que entra en el Museo de Huelva no tarda en ser sorprendido pues en una de las primeras vitrinas se conserva un hueso paleolítico decorado con figuras de animales grabados.

Procedencia

Este hueso fue donado al museo por don Félix Vázquez de Zafra y procede de los descubrimientos que en la Cueva de la Mora, de Jabugo, realizó en 1906 Juan Manuel Romero Marín, cuando limpiaba la cueva para convertirla en un almacén en su finca “El Mirón”.

Cueva de la Mora
Cueva de la Mora

Esos hallazgos fueron publicados por Eduardo Díaz Llanos (1923) y Antonio Carbonell Trillo-Figueroa (1924) y luego han sido analizados, si bien de forma aislada, por Cabré (1945); Blance (1971); Garrido-Orta (1975); Almagro Basch (1975); Vallespí, del Amo-Álvarez (1981); Blanco-Rothemberg (1981); Piñón-Bueno (1988); Camalich-Martín-del Arco (1984). Sin embargo, Pérez Macias, Cruz-Auñón y Rivero (1990) han estudiado la cavidad de una forma global, aunque no incluyen un análisis geoarqueológico.

Los materiales encontrados en 1922 fueron depositados en el Museo Arqueológico de Sevilla (en 1938) y Carbonell no hace referencia a este hueso grabado aunque manifiesta que debajo del llamado Nivel 6, de época neolítica, se ofrece «una brecha tobácea de consistencia pétrea» donde se hallan restos óseos de mamíferos cuaternarios. Hay otra Cueva de la Mora, en Almonaster, pero haya que descartarla por no presentar material paleolítico, sólo restos de minería.

La cueva

La cavidad posee dos salas, la primera, mayor, con unos siete metros de bóveda y la segunda, situada a mayor cota, de dimensiones más reducidas y con menor incidencia antrópica. La importancia de este yacimiento es que presenta la más amplia secuencia poblacional de la provincia onubense.

Al Paleolítico corresponde la pieza ósea grabada que se conserva en el Museo de Huelva, así como huesos de un gran mamífero cuaternario. Del Neolítico son unas piezas líticas y unos vasos cerámicos, globulares y ovoides, decorados con franjas junto al borde, que se conservan en el Museo Arqueológico de Sevilla.

En el Calcolítico se encuadra la gran parte del material extraído y se conserva en Sevilla. Incluye gran número de ídolos placa, material lítico y la mayoría de la cerámica (vasos de diversas formas, sin decoración y de pequeño o mediano tamaño).

De la Edad del Bronce es un enterramiento en cista con su ajuar (conservado en el Museo Arqueológico Nacional). También, otros vasos hallados sin contexto estratigráfico determinado, así como otros materiales. En Sevilla se conservan también evidencias antropológicas varias, junto a un cráneo trepanado y su mandíbula. Es la única trepanación documentada en la provincia de Huelva. De época romana es una moneda de Marco Aurelio.

La Cueva de la Mora representa el primer establecimiento humano en la Sierra de Aracena y uno de los descubrimientos más importantes para la prehistoria de la provincia de Huelva.

Cierre de la cueva de la Mora
Cierre de la Cueva de la Mora

El hueso grabado: tipo de soporte

Centrémonos en el hueso paleolítico. El soporte óseo corresponde a un radio de cáprido o cérvido, donde se han grabado, en una cara, las figuras de un ciervo con la cabeza vuelta, parte de otro animal y dos patas de un tercero, mientras que en la otra cara aparece un rinoceronte. Este ejemplo de arte mueble se ha datado en la etapa magdaleniense, que va desde el 15000 aC. hasta el 8000 aC., último de los ciclos culturales del Paleolítico Superior.

Según lo describe Martín Almagro, se ha quebrado por varios sitios; algunas de las roturas son nuevas, producidas después de haber sido encontrado el objeto. Le falta un fragmento en el centro y está astillado en algunos de sus bordes, en la cabeza y en el extremo. Su pátina y aspecto de antiguo parece seguro, aunque es escasa su fosilización. Mide 18 cm. de longitud máxima y 2,5 cm. de anchura, en la parte más plana del mismo.

El hueso ha sido seccionado a todo lo largo mediante un corte oblicuo, conservando su articulación o cabeza. Su parte inferior muestra la acción del instrumento con que se raspó y cortó a todo lo largo. Luego fue alisado para conseguir una especie de espátula plana y con bordes cortantes. La cabeza del hueso sirve de mango del instrumento, careciendo de correspondencia exactamente igual en el Paleolítico Superior.

Calco del hueso
Calco del hueso

Un ciervo

En la superficie de la parte superior algo curvada del hueso se ven dos animales grabados contrapuestos. Puesta la cabeza del hueso a la izquierda se puede ver el cuerpo de un ciervo con su cabeza vuelta pegada a la paletilla. Se señala bien su lomo, siguiendo una fisura del hueso. Hay realismo en el rabo del animal y en el arranque de su nalga.

En medio del cuerpo se ven dos signos inclinados contrapuestos, representando la axila y la ingle con las patas sin dibujar. En la cabeza vuelta se ve el arranque de las orejas, con rayas finas, los ojos y la boca. En la parte trasera del anca se aprecia también una raya recta (¿una flecha?) que cruza el anca y el rabo. Se ha logrado realizar una figura muy realista.

Otro posible ciervo

Delante de la cabeza del ciervo descrito se ven las patas de otro animal, cuya parte superior queda interrumpida por una antigua rotura del hueso. Esta falla impide asegurar cómo se enlazaban con otra figura que hay contrapuesta al ciervo anterior. Visto el hueso invertido parecen las orejas de la otra figura realizada en la parte contrapuesta del hueso.

Ahí se ve el trazo fuerte y seguro del lomo, del rabo corto, de la nalga trasera y la raya que indica el arranque de la pata de otro animal. No es fácil su identificación aunque parece una figura de ciervo. El lomo y de las ancas se han logrado con líneas muy finas de trazado paralelo que indican el pelo del animal. No se ve la línea del vientre, ni la cabeza de este animal; ésta se sustituye por un trazado de muchas líneas finas en la parte delantera.

La factura de ambos ciervos recuerda a otras piezas del Magdaleniense de las regiones pirenaica y cantábrica. La cabeza vuelta del animal pegada al cuerpo la vemos repetida en algunas piezas del arte mueble de Francia, tanto de Dordoña como de los Pirineos Occidentales. Son ejemplos el bisonte esculpido en cuerno de reno de La Madelaine (Dordoña), el reno de cabeza vuelta de un bastón perforado de Isturitz y, sobre todo, el ciervo de Lorthet (Altos Pirineos).

Ciervo de Lortet
Ciervo de Lortet

Un rinoceronte

En el otro lado del hueso, cerca de su cabeza, una superficie plana ligeramente curvada ha sido aprovechada para grabar con trazo fuerte la figura de un rinoceronte, con orejas bien señaladas y un único cuerno. No están grabadas las patas, pero sí su cabeza, con un ojo y la boca, así como varios trazos paralelos que indican las arrugas del cuello. Dos líneas curvas se han grabado en el centro del cuerpo para indicar el abombamiento de la piel. El rabo aparece adherido a las ancas. Su figura se presenta bastante naturalista, con gran realismo pero trazado algo torpe.

El rinoceronte está representado en el arte cuaternario, tanto mueble como rupestre. R. Nousier y R. Robert han señalado cuarenta y tres representaciones de rinocerontes, en Francia todas menos una de Bélgica y tres españolas. Éstas son la de la cueva de Los Casares, en Riba de Saelices, la de Las Caldas (Asturias) y la de La Pileta, con un solo cuerno y citada por Breuil pero dudosa.

La mayoría de las representaciones de rinocerontes en el arte mueble paleolítico son del período Magdaleniense. Hay algunas del período Auriñaciense, como el rinoceronte de un cuerno de Rebieres.

Rinoceronte de Jabugo
Rinoceronte de Jabugo | Foto: Marciano Breña

Magdaleniense

La figura del hueso grabado de Huelva es casi la única del arte cuaternario mueble en España. Las semejanzas mayores para este grabado se hallan en el Magdaleniense; así, el rinoceronte de Gourdan y el de Lourdes, aunque ofrecen dos cuernos, se le acercan algo. Entre tanto no haya más documentación para esta pieza, Almagro se atreve a considerarla, con reservas, como auténtica.

En cuanto a la cueva, la acción de expoliadores y las visitas incontroladas que realizan actos vandálicos, como pintadas, han propiciado un deterioro, al que se le puso parcialmente remedio en 1985, cuando, por parte de la administración se cerró la entrada, con la colocación de una puerta. Desde entonces no ha vuelto a hacerse ninguna otra intervención.

El sorprendente hueso grabado de Jabugo