La fama también entraña sus riesgos. No todo siempre son aspectos positivos. A veces la fama muestra su cara B. Su contrapartida. Su lado oscuro. Su envés. Su fisura. No su venganza pero sí sus puntuales efectos. Esto bien lo sabe Billie Eilish. La fama genera aspectos que el público no ve.
A veces la verdad esconde sesgos grises. Le ha sucedido a Billie Eilish, a la gran vocalista que es pasión de millones de seguidores. Ha tenido en esta ocasión un problema grave. Demasiado grave e inmerecido. Un problema que ha traspasado barreras. Un problema que ha pasado de castaño a oscuro.
Actitud sospechosa
¿De qué se trata? De la presencia regular, permanente, continuada de un hombre, de un hombre de actitud sospechosa, que hacía guardia delante de su casa y enviaba amenazas de muerte. Este malestar lo llevaba en secreto. Lo llevaba en sus adentros. Sufriéndolo.
Ahora por fin ha conseguido la orden de alejamiento contra este hombre, John Hearle, de 23 años, quien la propia Billie Eilish define como “acosador y potencialmente peligroso” en la denuncia que interpuso. En la denuncia que interpuso a tiempo.
Al otro lado de la calle
Este hombre llevaba desde el pasado verano acampado muy cerca de un colegio al otro lado de su calle, en una zona residencial de Los Ángeles. Un comportamiento que suscitaba la sospecha. Una rareza que llamaba la atención.
Según Billie Eilish, Hearle ha estado enviándole multitud de preocupantes cartas llenas de siniestras amenazas como "no puedes conseguir lo que quieras a menos que lo que quieras sea morir por mí" o "tú ya sabes que muy pronto el agua subirá y es bastante probable que mueras... Morirás", así como dibujos de Lucifer. Blanco y en botella. Enteramente aterrador.
Cortarle la garganta
Los escritos son explícitos. Este elemento siempre sospechoso está de continuo vigilando su casa. A la artista la tiene apesadumbrada. Él le dice cualquier exabrupto cuando la ve. O le traslada gestos amenazantes, como, por ejemplo, pasarse el dorso del pulgar por el cuello simulando cortarle la garganta).
Estas adversidades le están provocando a la artista altas cotas de ansiedad y estrés. Una contrariedad inesperada. Ya tiene miedo a la salir a la calle. No sabe si estas amenazas puedan ir a más. La incertidumbre la paraliza.
Daño emocional
No sabe, en efecto, si puede ir a más. Contra ella y contra todos los suyos. Esta situación provoca a la joven creadora mucho "daño emocional, incluido el temor por mi seguridad y la seguridad de mi familia, así como la pérdida de la sensación de paz, tranquilidad y refugio en mi propio hogar y en mi espacio personal como resultado de sus repetidos casos de acoso".
En esos mismos documentos en los que le han otorgado la orden de alejamiento, Billie Eilish es del todo explícita: "Ahora mismo no me siento segura saliendo de mi casa y disfrutando de hacer un poco de ejercicio físico que salgo a practicar por mi vecindario, dado que [Hearle] podría intentar aprovecharse y hacerme daño. Cada vez que lo veo solo quiero gritar".
La orden de alejamiento que ha requerido Billie Eilish para ella y su familia es de unas 200 yardas (algo más de 180 metros). Ya en mayo del año pasado, la cantante consiguió otra orden de alejamiento contra un supuesto fan obsesionado que iba a verla a su casa una y otra y otra vez, llegando a llamar al timbre de la puerta o quedándose en el jardín de la casa.
