El 2020 ya toca a su fin. Todos lo sabemos. Y Billie Eilish también. 2020, sí, toca a su fin. Hora era. Y hora será, sobre todo, cuando las doce campanadas suene a llanto de niño recién nacido, un bebé asido a las cifras que la Humanidad ha emparentado con la esperanza: 2021. Un año naciente cuya duración ha de dar mucho de sí.
Porque ya toca turno a la alegría de los hombres y las mujeres de buena voluntad. Y que la salud regrese por sus fueros. Como una fontana de fortaleza física. Para contento de artistas de toda índole. Y, entre ellos, Billie Eilish no se queda atrás. No puede hacerlo de ninguna de las maneras.
El 2021 tiene un mucho de expectación asimismo. Y de confianza global, globalizada, unánime, internacional, mundial depositada sobre sus 12 meses. Ya todo parece quedar atrás: nos referimos al sufrimiento que la pandemia ha causado en todos los sentidos. Como un mal inesperado que ha entrado abruptamente en casa ajena. Casa que es, por descontado, todas las casas.
A bombo y platillo
Llega, sí, el 2021. Y lo hace a bombo y platillo. Con trompetas de buenos augurios. Con sinfonías de nubes blancas. También con cantos de orfeón. Con banderolas blancas en signo de paz. Y de unión social. Y de objetivos que saben de una querencia común: la vuelta a la normalización de la vida social. La que podía abrazar sin necesidad de codazos fríos. La que podía besar sin temor al contagio.
Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Qué esperan los fans de una de nuestras artistas jóvenes favoritas, Billie Eilish, del año 2021? No es pregunta realizada a bote pronto sin ton ni son. No es pregunta sutil, sino frontal, pechisacada, con arrojos de certeza, tampoco es pregunta que pretenda bailarle el agua a la vocalista. Ni tampoco todo lo contrario: buscar un periodismo amarillista que no viene al caso.
Vacuna y normalidad
Los fans de la californiana esperan del año 2021 sobre todo 6 anhelos, 6 supuestos, 6 apuestas en doble contra sencillo. Primero: el de cajón, el más solicitado, el más requerido, en su generalidad: que llegue la vacuna como llave a la normalidad de la vida de unos fans que desean disfrutar de su pasión como Dios manda. Y no necesariamente parapetados tras una mascarilla y a su vez una pantalla plana. Que la nueva normalidad sea el rescate de la cotidiana vida de cuando entonces.

Segundo: que se haya vencido ya de tal manera al virus que la necesaria distancia social no sea óbice para el disfrute de los conciertos en vivo y en directo, prácticamente como casi hasta ahora lo habíamos conocido. Un concierto de Billie encima de las tablas es un espectáculo difícil de olvidar.
El nuevo disco
Tercero: Que Billie saque a lo largo del año, pero preferentemente durante los primeros meses, el anhelado y anunciado nuevo disco que hará las delicias de propios y extraños. Un disco que, naturalmente, ha creado expectación. Porque ha nacido al abrigo del confinamiento. De la cuarentena. De las restricciones del coronavirus. Canciones que han nacido del tiempo detenido. Del descanso del guerrero que precisamente en este caso poco ha descansado. Un puñado de canciones al más puro estilo ella misma.
Cuarto: La presentación de otra obra que ya está creando impaciencia entre sus seguidores: léase el vídeo documental, la película autobiográfica, que tantísimos ríos de tinta ha hecho correr. Para bien. Y que incluye filmaciones y fotografías de Billie Eilish antes de convertirse en la gran estrella mundial de la música.
El cambio de look
Quinto: El cambio de look. Es decir: el cambio del color del pelo. Ha anunciado la artista que, de cara al año 2021, cambiará esta combinatoria del verde y el negro por otro color -o colores- que nadie conoce por el momento. Es uno de los secretos mejor guardados de Billie. ¿Volverá a su rubio natural?
Y sexto: Los fans de Billie Eilish esperan que el número de seguidores en redes sociales siga creciendo. Este detalle dice muchísimo a favor de la buena evolución de su carrera artística. Cuantos más, mejo. Una evolución respaldada por grandes multitudes.
