No es la primera vez que escuchamos a un político exclamar que la luz en España es más barata que en otros muchos países de la UE. Este es un dato con luces (nunca mejor dicho) y sombras, ya que naciones como Alemania, Irlanda o Dinamarca, por poner algunos ejemplos, tienen un coste final en la factura más elevado que el de nuestro territorio.
Claro que los citados también suelen poseer un coste de la vida más alto, más dificultades para acceder a energías renovables o un mayor aislamiento geográfico. Históricamente, España no ha estado en el Top 10 de los estados europeos con el recibo más caro.
Sube el recibo y lo que rodea al precio final
Pero esto podría cambiar, puesto que, respondiendo a la pregunta de la cabecera: sí, la factura sube más aquí que en el resto de Europa. Pese a disponer de unas características especialmente favorables, como un territorio y clima propicios para una mayor generación de energías limpias; o de iniciativas como la “excepción ibérica”, que temporalmente limitaba el precio al desligarse del aumento del coste del gas, el importe de la factura que pagamos sigue subiendo.
Y a un ritmo bastante más elevado que en otras naciones del viejo continente. De hecho, mientras que en otros lugares bajó en agosto (Francia, Portugal o Alemania), aquí se incrementó casi un 15%. Una subida que ha impactado notablemente en el bolsillo de los ciudadanos y así se percibe popularmente.
Resulta difícil no pensar en el reciente episodio vivido en abril de este año. Y, por supuesto, las subidas parecen estar relacionadas con este acontecimiento. El gobierno, al menos, está justificando parte del incremento mediante el apagón.
Al recibo se le estaría repercutiendo un sobrecoste por la “operación reforzada”, que iría a parar a REE y, de ahí, a las centrales tradicionales, con más capacidad para controlar la tensión que las nuevas energías renovables. Dichas centrales estarían cobrando el servicio por su disponibilidad.
Este hecho podría explicar por qué el mercado mayorista baja, pero la factura final sube. Aún así, no es el único factor. El IVA también ha escalado, del 10% al 21%, desde principios de este año, lo cual representa un sensible impacto en el monto final. A dicho monto hay que sumar otro aumento que viene directamente de los entes públicos: los llamados peajes de la factura de la luz, que también han crecido.
Atrás quedaron los tiempos en los que el “mecanismo ibérico” propiciaba que el precio de la luz encadenase bajadas. Hoy, parece ocurrir todo lo contrario. Y de nuevo aflora la polémica por la incomprensible complejidad de los elementos que componen la factura, donde se mezclan todo tipo de conceptos e impuestos. Es muy complicado saber lo que pagamos y lo que incluye.
El consumo en España
El pasado mes de agosto se llegó a producir una curiosa paradoja. En Europa, debido a las altas temperaturas, se batieron récords en lo que refiere a producción de energía solar y, al mismo tiempo, el importe del recibo seguía subiendo. España no era ajena a este contraste. El sol, que generaba energía, también aumentaba el consumo (para climatización) y limitaba el agua que las centrales térmicas precisan para refrigerarse.
Por otra parte, las renovables tienen la capacidad de aportar mucha energía a la red; pero son bien conocidas las dificultades que rodean el almacenamiento de la producción fotovoltaica. Y, si bien en verano los aires acondicionados pueden aflojar al caer el sol (o no), muchos otros usos de la electricidad aumentan por la tarde y la noche.
El uso de dispositivos como móviles y tabletas se ha incrementado enormemente en los últimos años; también la oferta de servicios online disponibles. Y puede ser habitual que el uso de la electrónica, a nivel particular, se mantenga o incluso se agrande en horas en las que no hay sol.
Es el caso de los amplios catálogos accesibles a través de internet del estilo de los videojuegos en la red y el casino online. Así como las populares series y películas de las plataformas de streaming. Consultas a chatbots, trámites administrativos o de la banca electrónica representan, indudablemente, también consumo de electricidad; tanto en lo que implica a dispositivos o redes WiFi.
Como los nuevos coches eléctricos, que cada vez son más comunes. Es muy habitual que dichos “repostajes” se produzcan por la noche, cuando no se utiliza el vehículo. Una vez más, sin almacenamiento de fotovoltaica, la luz vuelve a alcanzar cotas altas, puesto que el precio medio se ve impactado por estas horas en particular.
