miércoles 18/5/22

¿A la leche nada le eches?

¿Está frase – oída infinidad de veces- es mito o realidad?

La hemos oído infinidad de veces. Una frase que recordamos incluso desde la etapa infantil. A la leche, nada le eches. Jamás de los jamases. Era norma impuesta. Por prohibida. Un Rubicón que no podía traspasarse. Que no debía infringirse. Por nuestra salud. Por el mantenimiento y la conservación de nuestra salubridad. Desde entonces, desde niños, el dicho se nos quedó marcado a fuego. Con precaución. Con temeridad. Con desconocimiento. ¿A la leche nada le eches?

Podemos asegurar a pies juntillas que este mito es textual y completamente falso. La leche de por sí, la leche en sí, cuando la ingerimos pasa por un proceso de digestión, por un normal proceso de digestión, a través del estómago, donde se encuentra con sustancias mucho más ácidas que cualquier alimento que podamos digerir, como por ejemplo es el ácido clorhídrico. De modo que en el propio proceso de digestión la leche se corta en el estómago para poder ser digerida. Primera aclaración.

¿Qué queremos decir con esto? Pues que este lácteo siempre se va a “cortar” cuando lo tomemos, tan pronto lo tomemos, bebamos lo que bebamos antes o después del lácteo. ¿Por qué? Por el simple proceso de digestión. No debemos preocuparnos. No debe cundir el pánico . No deben saltar las alarmas. Este proceso es natural y, por ende, no es dañino para la salud: digamos que se produce para que la leche pueda ser digerida y pueda descomponerse en pequeños nutrientes, de lo contrario… ¿quién osaría a tomar leche?

Aportemos otro dato curioso a mayor abundamiento: todos o casi todos tomamos “leche cortada” frecuentemente: yogurt, requesón, la crème fraîche, queso ricotta…Todos estos productos están hechos a base de la fermentación de la leche por adición de ácidos y no nos producen malestar. Puntualizaciones que van esclareciendo, que van iluminando, el desmontaje del mito.

Pero otra cosa muy distinta -¡atención!- es que la leche se altere debido a que en ella crezcan microorganismos que en suma degraden la lactosa y produzcan ácido láctico. Hablamos entonces cuando la leche se agria, se pone en mal estado… Es tema diferente, es excepción que confirma la regla. Estos microorganismos son bacterias, que a tiro hecho se comen la lactosa, que es el azúcar de la leche; como consecuencia de ello, producen sustancias de desecho ácidas, que son las responsables del mal olor y de la textura grumosa. Mucho cuidado con estas circunstancias.

Formulemos otra pregunta. ¿El zumo de naranja y la leche es brebaje peligroso, una mezcla explosiva? Lo también repetido hasta la saciedad: que después de la leche no podemos echarnos a buche un zumo de naranja, porque se corta. En efecto al beber leche y zumo de naranja, la leche se corta como bien apuntamos con anterioridad, ya que al añadir cualquier ácido a este lácteo, se produce una coagulación de proteínas. Pero, incidimos, la leche siempre se corta en el estómago por el proceso de digestión. Consiguientemente, la idea de que no se puede mezclar la leche y el zumo de naranja no tiene fundamento. Ni por asomo.

Hagamos memoria, porque, de hecho, en cualquier ejemplo de desayuno saludable, siempre se incluye un lácteo, una pieza de fruta y el cereal. ¿Nuestro ideal cuando hacemos noche de hotel con desayuno incluido? Naturalmente sí. Derrumbamos el mito. La falsa creencia. El miedo, el temor infundado. A la leche, todo le eches. En sujeción a lo aquí desgranando. La respuesta ya la sabemos a ciencia cierta. La respuesta es clara. Blanco y en botella.

¿A la leche nada le eches?
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