jueves. 02.04.2026

Avisan de un nuevo desastre inminente en el mundo

La sangre de San Jenaro, que es el patrono de la ciudad italiana de Nápoles, no se licuó este miércoles, lo que muchos consideraron como la señal de una catástrofe inminente.

Avisan de un nuevo desastre inminente en el mundo. La sangre de San Jenaro, que es el patrono de la ciudad italiana de Nápoles, no se licuó este miércoles, día 16 de diciembre. Todo a pesar de las oraciones de los creyentes en la catedral de la ciudad; lo que muchos consideraron como la señal de una catástrofe inminente.

Tres veces al año —el sábado que procede al primer domingo de mayo, el 19 de septiembre y el 16 de diciembre— el frasco con la sangre seca del santo, que vivió en el siglo IV, se expone públicamente. Y los creyentes rezan para que ocurra el 'Milagro de San Jenaro', que consiste en su licuefacción.

Sin embargo, este miércoles la sangre no se licuó, a pesar de dos turnos de oraciones de los fieles. Y, según una creencia, es señal de la próxima llegada de una catástrofe.

En varias ocasiones, los acontecimientos trágicos, de hecho, tuvieron lugar poco después de que la licuefacción no ocurriera. De esta manera, procedió al inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939. Además de a la entrada de Italia en el conflicto en 1940, a la ocupación de Nápoles por las tropas nazis en 1943 y al terremoto de Irpinia en 1980, que se cobró la vida de más que 3.000 personas. En otras ocasiones, en cambio, no ha ocurrido ningún hecho catastrófico.

Por su parte, el cardenal de la ciudad, Crescenzio Sepe, trató de convencer a los napolitanos que no hubo "presagio de desastres, ni epidemias, ni guerras", recordando que "somos hombres y mujeres de fe". "Si algo necesita derretirse, es el corazón de la gente", agregó.

El llamado milagro laico

Solo en contadas ocasiones ha fallado el «milagro laico» de la licuación. Pero se da la circunstancia que en este año bisiesto que estamos a punto de cerrar, se recuerda el 16 diciembre 1835 cuando tampoco se produjo el milagro. Entonces se temieron desgracias futuras. Y ocurrieron. En 1836 llegó a Nápoles la epidemia de cólera, que desde al menos cuatro años antes hacía estragos en Europa. Causó más de 5.000 muertos en una primera fase, y tras una pausa, en una segunda fase, en 1837, fallecieron más de 13.000 personas. Según la tradición popular, la epidemia de cólera fue la consecuencia de la ira del San Genaro. Se cumplió la maldición: «año bisiesto, año siniestro».

La noticia ha tenido un gran eco nacional e internacional, siendo tendencia principal en Twitter. Algunos se la han tomado en serio y con preocupación, otros en broma, lo que se ha reflejado en comentarios de todo tipo, sin faltar la ironía o incluso el sarcasmo. No es ninguna broma, sino algo muy serio para el antropólogo y divulgador científico Marino Niola (Nápoles, 1943): «San Genaro, el Maradona de los santos ha fallado un penalti», afirma. En declaraciones a «Il Mattino», el antropólogo considera que el fallido prodigio conlleva inquietud en toda la ciudad. Y destaca que la fe es un símbolo también para los ateos, que sienten el peso de esta señal.

«Sé perfectamente –explica Marino Niola- que puede aparecer difícil, a los observadores externos, comprender una devoción tan incondicionada: aquí (el milagro de San Genaro) se trata de un símbolo, de un punto de referencia, de un puerto seguro para cada habitante de la ciudad», subraya el antropólogo napolitano. No hay duda de que en el año de la pandemia, un tiempo que se está haciendo eterno, esta aumentando la superstición. A este año horrible solo le faltaba que no se produjera el prodigio de San Genaro para que surjan más expresiones o ideas irracionales.

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