lunes. 23.03.2026

Carlos Herrera: "Dice Pedro Sánchez que los obispos no pueden opinar del Gobierno de España"

El director de Herrera en Cope carga contra la reacción del presidente tras las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal y denuncia una deriva autoritaria en plena tormenta judicial y política para el PSOE
Herrera acusa a Sánchez de querer silenciar a los obispos mientras el país sigue bloqueado
Herrera acusa a Sánchez de querer silenciar a los obispos mientras el país sigue bloqueado

Carlos Herrera ha vuelto a poner el foco este lunes en uno de los rasgos que, a su juicio, definen con mayor claridad el estilo político de Pedro Sánchez: la intolerancia a la crítica cuando esta no procede de su propio entorno. El detonante ha sido la reacción del presidente del Gobierno a las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, quien se limitó a describir una situación política “bloqueada” y a recordar que, cuando no hay presupuestos ni salida parlamentaria, la Constitución ofrece mecanismos como la cuestión de confianza, la moción de censura o la convocatoria de elecciones.

Nada más. Ninguna excentricidad, ninguna provocación gratuita. Sin embargo, la respuesta de Sánchez fue inmediata y contundente: mandar a callar a los obispos, afirmando que “el tiempo en el que interferían en la política acabó con la llegada de la democracia”. Una afirmación que, para Herrera, no solo es falsa, sino profundamente preocupante desde el punto de vista democrático.

“Según Sánchez —ironizó el comunicador— los obispos son como el Rey o como el Ejército, que no pueden opinar de política. Me imagino que podrán votar… no sé si eso también le parece mal”.

Una crítica amparada por la Constitución y una respuesta que levanta ampollas

Herrera recuerda que Luis Argüello no habló como poder fáctico, ni como lobby, ni como actor político, sino como ciudadano y representante de una institución que, como cualquier otra, está amparada por el artículo 20 de la Constitución, que reconoce la libertad de expresión. El presidente de la Conferencia Episcopal fue entrevistado por La Vanguardia y se limitó a describir una realidad objetiva: España lleva tres años sin presupuestos y la política está bloqueada.

Para el comunicador, la reacción de Sánchez revela un problema más profundo: “Sánchez solo sabe hacer política con la dialéctica amigo-enemigo. Si no tiene enemigos, se los fabrica”.

Primero Israel, luego la OTAN, después Trump, Eurovisión, jueces, fiscales, periodistas… y ahora, la Conferencia Episcopal. “Es la naturaleza de este individuo”, sentenció Herrera, subrayando que el presidente necesita confrontación permanente para sostener su relato.

Mandar a callar mientras se ataca a jueces y se deslegitima a la Justicia

Uno de los aspectos que más indignación provoca en Herrera es la doble vara de medir. Mientras Sánchez se permite descalificar a jueces, cuestionar resoluciones judiciales y atacar al Poder Judicial cuando investiga a su entorno, considera intolerable que un obispo pida elecciones o describa un bloqueo institucional.

“¿Cómo es posible —se pregunta Herrera— que un Gobierno que insulta a los jueces pretenda decidir quién puede opinar y quién no en una democracia?”.

Para el comunicador, el mensaje es peligroso porque normaliza la idea de que solo ciertos actores pueden opinar, siempre que lo hagan en la dirección que conviene a Moncloa. Una concepción del poder que califica de retórica populista propia de los años 30, impropia de una democracia europea consolidada.

Un Gobierno atrincherado y acosado por los escándalos

Herrera sitúa este episodio en un contexto mucho más amplio: la acumulación de causas judiciales, registros, detenciones y escándalos que rodean al PSOE y al entorno del presidente. Desde la trama de la SEPI y el caso Plus Ultra hasta las investigaciones sobre hidrocarburos, las andanzas de Leire Díez, las denuncias por acoso sexual en filas socialistas y los procedimientos que afectan al entorno familiar de Sánchez.

En este escenario, el presidente anuncia un balance de fin de año cargado —según anticipa Herrera— de demagogia y triunfalismo, con frases como “gobernar vale la pena”. Una expresión que el comunicador traduce con ironía: “Claro que le vale la pena… mientras siga atrincherado en la Moncloa y protegido de la acción de la justicia”.

Zapatero, Plus Ultra y nuevas sombras que se ciernen sobre el PSOE

El editorial también recoge informaciones que siguen ampliando el cerco. Herrera se hace eco de las revelaciones sobre encuentros entre José Luis Rodríguez Zapatero y uno de los implicados en la trama de blanqueo vinculada al rescate de Plus Ultra, apenas horas antes de su detención. Unas imágenes y datos que, según señala, vuelven a poner en cuestión el papel del expresidente socialista y su entorno empresarial.

A ello se suman nuevas informaciones sobre Leire Díez, que habría formado parte de comités encargados de validar contrataciones de urgencia durante la pandemia desde empresas públicas dependientes de la SEPI, así como la permanencia en el organismo de altos cargos relacionados con el fondo de rescate.

Una democracia donde opinar se convierte en un problema

Carlos Herrera concluye con una advertencia clara: el problema ya no es solo la corrupción o la parálisis institucional, sino la deriva autoritaria del discurso político. Un presidente que decide quién puede opinar, que manda a callar a quienes discrepan y que convierte cualquier crítica en un ataque a la democracia, mientras acumula escándalos sin asumir responsabilidades.

“Que un obispo no pueda opinar, pero que el Gobierno pueda insultar jueces, atacar a fiscales y despreciar a la oposición”, resume Herrera, “se comenta solo”.

En un país con tres años sin presupuestos, con investigaciones judiciales abiertas en cascada y con un Ejecutivo cada vez más aislado, la libertad de expresión vuelve a estar en el centro del debate, no por quienes la ejercen, sino por quienes pretenden limitarla.

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