domingo. 22.03.2026

Carlos Herrera: "Este martes será interesante saber si estamos en guerra o no"

El director de Herrera en COPE analiza la nueva dimensión de la guerra en Oriente Próximo, el pánico económico con el barril de petróleo en 110 dólares y la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de enviar la fragata Cristóbal Colón a la zona sin pedir autorización al Congreso
Carlos Herrera señala que el petróleo ya está en 110 dólares y el pánico económico ya golpea a los mercados
Carlos Herrera señala que el petróleo ya está en 110 dólares y el pánico económico ya golpea a los mercados

La guerra en Oriente Próximo entra en una nueva fase y deja de ser, al menos en la percepción de los mercados y de las cancillerías occidentales, una crisis de recorrido corto. Esa es la idea que articula el monólogo de Carlos Herrera en la mañana de este lunes, en la que advierte de que el conflicto ha adquirido una dimensión distinta, más prolongada, más incierta y con un potencial desestabilizador mucho mayor del que se podía anticipar en los primeros compases.

El periodista sostiene que las consecuencias de esta guerra no se limitan a la destrucción, al dolor humano y a la pérdida de vidas, que considera consustanciales a cualquier conflicto armado, sino que se trasladan ya con toda crudeza al terreno económico. El ejemplo más visible está en el petróleo, cuyo barril se coloca en 110 dólares, en el desplome de los mercados asiáticos y en una sensación de miedo que se extiende entre inversores, empresas y gobiernos ante la posibilidad de que la crisis energética no sea puntual, sino duradera.

En ese contexto, Herrera sitúa también a España en el centro de una contradicción política y jurídica que, a su juicio, va a marcar la semana. El Gobierno de Pedro Sánchez envía a la zona de conflicto la fragata Cristóbal Colón, el buque más moderno de la Armada española, mientras mantiene un discurso ambiguo sobre el alcance de la implicación española y evita, según denuncia el comunicador, pedir autorización al Congreso de los Diputados, pese a que la Ley de Defensa Nacional obliga a ello.

Oriente Próximo entra en una guerra de desgaste con consecuencias globales

Para Carlos Herrera, la guerra ya no ofrece la apariencia de una operación relámpago ni de una escalada limitada. Lo que ve ahora es un conflicto que va “para largo”, una guerra de desgaste en la que ninguno de los actores principales da señales de retirada o de repliegue estratégico. Irán sigue golpeado, pero el régimen resiste. Israel mantiene la contundencia militar. Estados Unidos no modifica su línea. Y los países árabes del Golfo soportan la presión mientras intentan evitar una expansión aún mayor del incendio regional.

El periodista introduce además un elemento que considera fundamental para comprender la prolongación del conflicto: la transformación del equilibrio militar contemporáneo. Recuerda que ya se ha visto en Ucrania cómo los ejércitos más poderosos pierden parte de su ventaja cuando se ven obligados a neutralizar con sistemas costosísimos ataques relativamente baratos con drones. En su explicación, un centenar de drones puede costar apenas unos pocos millones de dólares, mientras que responder con defensa antiaérea avanzada multiplica de forma desproporcionada el gasto. Esa asimetría, subraya, cambia la lógica del campo de batalla y también la del mercado.

A esa dificultad se suma la resistencia interna del régimen iraní. Herrera afirma que no hay, de momento, una sublevación popular contra los ayatolás, no porque falten motivos, sino porque la represión es feroz. El sistema no se afloja. Al contrario, endurece la línea sucesoria con la elección de Mojtaba Jamenei, hijo del líder asesinado, como sucesor, lo que refuerza la idea de continuidad dura y aleja cualquier hipótesis de negociación inmediata. Por eso, el conflicto no se encamina hoy hacia la desescalada, sino hacia una prolongación incierta.

El petróleo en 110 dólares y el pánico económico que ya golpea a los mercados

Uno de los ejes más fuertes del análisis de Carlos Herrera está en el impacto económico inmediato de la guerra. El dato del barril de crudo en 110 dólares no es, en su lectura, una simple cifra de mercado, sino la señal de un pánico más profundo. Las bolsas asiáticas han reaccionado con fuertes caídas, hasta el punto de que la de Corea del Sur ha tenido que cerrar tras desplomarse alrededor de un 7%, en una jornada que el periodista presenta como indicativa del miedo a una crisis energética de gran alcance.

El origen de esa convulsión está en el bloqueo de la producción y del tráfico energético en la zona del estrecho de Ormuz, pero también en la amenaza de que la inestabilidad se extienda a puntos aún más críticos como el Mar Rojo o el canal de Suez. Herrera insiste en que cuando los mercados perciben que una guerra no se va a resolver pronto y que ninguno de los protagonistas introduce cambios sustanciales en su estrategia, el dinero reacciona retirándose, encareciendo materias primas y castigando a las economías más expuestas al comercio global.

El problema, añade, no es solo de extracción. Muchas infraestructuras petrolíferas en Irán y en otros países del Golfo han sufrido daños, y eso afecta a toda la cadena: producción, refino, almacenamiento y distribución. De ahí que, incluso si mañana hubiera un alto el fuego, el impacto no desaparecería automáticamente. Y si la guerra se prolonga, la crisis podría superar incluso episodios históricos como la del canal de Suez a mediados del siglo pasado. En España, ese golpe ya se empieza a notar en el precio de los carburantes, con la gasolina de 95 en torno a 1,7 euros y el diésel en 1,8 euros, agravado en este último caso por los problemas de suministro en Europa desde que el continente deja de comprar diésel a Rusia.

Irán, Israel y Estados Unidos no aflojan: una guerra sin salida rápida a la vista

En el retrato que hace Herrera, ninguno de los actores principales muestra voluntad real de aflojar. Irán sigue lanzando misiles y drones contra países vecinos y golpea infraestructuras especialmente sensibles, como una planta de agua potable en Bahréin, un objetivo que el periodista considera revelador de la gravedad de la escalada, porque en los países del Golfo el agua es un recurso tan estratégico como el petróleo. La guerra, por tanto, ya no afecta solo a bases o instalaciones militares, sino a elementos críticos de la vida civil.

Israel, por su parte, sostiene dos frentes abiertos, Irán y Líbano, y no da señales de repliegue. Estados Unidos tampoco altera la estrategia y deja abierta incluso la posibilidad de desplegar tropas de élite sobre el terreno con el objetivo de controlar el uranio iraní y evitar una eventual bomba nuclear. Herrera no presenta esto como un mero juego de amenazas, sino como una posibilidad que encaja en la lógica militar del conflicto si la inteligencia occidental considera que el material estratégico puede escapar al control.

Los países árabes del Golfo, mientras tanto, resisten los ataques, dejan hacer a Estados Unidos e Israel y evitan por ahora entrar en una escalada mayor. Pero la pregunta, insiste el comunicador, es cuánto tiempo puede aguantar ese equilibrio inestable. Cuánto arsenal le queda a Irán, cuánto tiempo resistirán los mercados, cuánto durará la disrupción del petróleo y cuánto pueden soportar los gobiernos aliados antes de verse obligados a tomar decisiones más profundas. Ahí está, a su juicio, la verdadera dimensión del problema.

La fragata Cristóbal Colón y la gran pregunta política en España

El tramo más político del monólogo llega cuando Carlos Herrera conecta la guerra con la posición española. El periodista subraya que este martes la Junta de Portavoces del Congreso fijará la comparecencia de Pedro Sánchez para informar sobre el conflicto y lanza una frase que resume su reproche: “será interesante saber si estamos en guerra o no”. Formalmente, sostiene, el Gobierno mantiene que no. Pero materialmente, España ya ha enviado a la zona a su mejor fragata, la Cristóbal Colón, lo que convierte el debate en algo mucho más serio que una simple cuestión semántica.

Herrera recuerda que la Ley de Defensa Nacional obliga al Ejecutivo a solicitar permiso a la Cámara para este tipo de despliegues. Sin embargo, acusa al presidente del Gobierno de no hacerlo porque, a su juicio, solo podría sacarlo adelante con los votos del Partido Popular. Por eso, añade, Sánchez intenta sostener que no hace falta autorización al considerar que la misión de la fragata en Chipre es esencialmente la misma que venía realizando en el Báltico. Para el periodista, esa explicación no resiste el menor análisis: defender Europa frente a la amenaza rusa en el norte no es lo mismo que operar en el Mediterráneo oriental bajo el impacto de misiles iraníes.

La crítica no se limita a la legalidad del procedimiento, sino también a la coherencia política. Herrera denuncia que el Ejecutivo construye un discurso público sobre el “no a la guerra”, mientras toma decisiones operativas que implican a España en el escenario de conflicto. De ahí que, en su análisis, el martes sea políticamente importante: porque obligará al presidente a explicar, aunque sea a regañadientes, el verdadero alcance de la participación española y a responder si el país está o no ya involucrado en un teatro bélico de primer orden.

Resaca del 8M y desgaste de un feminismo que ya no moviliza como antes

El monólogo se cierra con otro asunto de política interna: la resaca de las movilizaciones del 8M, que Carlos Herrera retrata como una jornada con “más pena que gloria”. A su juicio, el descenso de movilización no se debe a una pérdida de apoyo a la igualdad entre hombres y mujeres, que da por ampliamente compartida por la sociedad, sino al desgaste de quienes han encabezado ese discurso en los últimos años y que, según su visión, han perdido credibilidad.

Herrera carga contra lo que considera las contradicciones del feminismo político español, citando de manera expresa la llamada ley del “solo sí es sí”, a la que responsabiliza de haber favorecido rebajas de condenas y excarcelaciones, y recordando también la tolerancia, a su juicio hipócrita, con comportamientos impropios en dirigentes del propio entorno ideológico. En ese contexto, sostiene que mucha gente ya no se siente representada por determinadas pancartas ni por determinadas dirigentes.

Incluso llega a señalar la ausencia de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, en unas marchas en las que, según recuerda, su presencia era habitual. Y vincula esa ausencia con la polémica sobre los negocios de prostitución en el entorno familiar político que menciona durante su intervención. El resultado final, en su lectura, es un feminismo a la baja, incapaz de recuperar movilización ni siquiera incorporando al lema del 8M el “no a la guerra”, que tampoco consigue esta vez reactivar una protesta masiva.

En conjunto, el monólogo de Carlos Herrera dibuja una doble inquietud para esta semana: la de una guerra que amenaza con extenderse y desordenar la economía global, y la de una España que, en palabras del periodista, tendrá que aclarar este martes si participa de verdad en esa guerra mientras ya despliega medios militares en la zona sin haber pasado antes por el control del Congreso.

Carlos Herrera: "Este martes será interesante saber si estamos en guerra o no"