domingo. 22.03.2026

Carlos Herrera: "Pedro Sánchez dice que las catástrofes ocurren, pero esto no es un meteorito, no han hecho su trabajo"

El director de Herrera en COPE contra el Gobierno una semana después del accidente de Adamuz, rechaza que se trate de una fatalidad inevitable y señala directamente a la gestión del mantenimiento ferroviario y a las responsabilidades políticas
Carlos Herrera amplía el foco y vincula la tragedia con un problema estructural
Carlos Herrera amplía el foco y vincula la tragedia con un problema estructural

Una semana después del trágico accidente ferroviario de Adamuz, la sensación de deterioro del sistema ferroviario español se ha instalado con fuerza en la opinión pública. Las incidencias diarias, los servicios interrumpidos y la confusión constante en líneas clave como las cercanías catalanas o algunos corredores de Madrid refuerzan la percepción de que algo esencial no está funcionando como debería.

En este contexto, Carlos Herrera ha dedicado su monólogo matinal en Herrera en COPE a desmontar el discurso del Gobierno tras la tragedia. El comunicador rechaza de plano que lo ocurrido pueda encuadrarse en el ámbito de las catástrofes inevitables y advierte de que el descarrilamiento no responde a una causa fortuita, sino a una cadena de decisiones, omisiones y fallos humanos.

Para Herrera, el mensaje lanzado por Pedro Sánchez, al afirmar que “las tragedias ocurren”, no solo es insuficiente, sino profundamente evasivo. “Esto no es un meteorito”, subraya, insistiendo en que los trenes modernos no descarrilan si se hace correctamente el trabajo de mantenimiento y supervisión.

No fue una fatalidad, fue una responsabilidad

El comunicador insiste en una idea central: en un país moderno, con un sistema ferroviario avanzado, un accidente de esta magnitud no puede atribuirse a la mala suerte. A su juicio, si todos los protocolos se hubieran cumplido y si la inversión hubiera sido la adecuada, el siniestro no se habría producido.

Herrera rechaza comparar Adamuz con catástrofes naturales o hechos imprevisibles. No se trata —remarca— ni de un fenómeno meteorológico extremo ni de un ataque externo, sino de una infraestructura crítica que falló. Y cuando una infraestructura crítica falla, alguien ha dejado de cumplir con su obligación.

Esta reflexión cobra más fuerza al recordar que España llegó a ser un referente internacional en alta velocidad. En ese contexto, el impacto político del accidente no vendría dado solo por el número de víctimas, sino por producirse en un sistema que presumía de excelencia.

La vía, en el centro de todas las miradas

En su análisis, Herrera sostiene que ya nadie duda de que el origen del siniestro estuvo en la vía, pese a los distintos intentos iniciales de desviar el foco. Relata cómo, en apenas unos días, el relato oficial ha ido mutando: primero se apuntó al tren, después a posibles defectos de fabricación, más tarde al material del raíl y finalmente a un tramo supuestamente recién renovado.

Para el comunicador, esta sucesión de explicaciones contradictorias evidencia un intento de minimizar o diluir la responsabilidad de la gestión pública. La conclusión a la que llega es clara: si el fallo estuvo en la vía, la responsabilidad recae directamente en Adif y en el Ministerio de Transportes, encargados del mantenimiento y la seguridad de la red.

Herrera critica especialmente que, lejos de aclarar lo sucedido, las comparecencias públicas hayan servido para “escurrir el bulto” más que para ofrecer explicaciones sólidas y coherentes.

Óscar Puente, cada día más señalado

El ministro de Transportes, Óscar Puente, aparece como una de las figuras más cuestionadas en el análisis de Herrera. El comunicador compara la acumulación de versiones y matices ofrecidos por el ministro en apenas una semana con otros episodios recientes en los que se criticó duramente a responsables autonómicos por cambios en su relato.

Según Herrera, la transparencia no consiste en una ronda mediática continua, sino en asumir errores, explicar fallos y rendir cuentas. En este sentido, recuerda que ya se han producido peticiones formales de dimisión, tanto desde el Partido Popular como desde Esquerra Republicana, precisamente por considerar que el ministro ha faltado a la verdad en sus explicaciones.

El deterioro del servicio, las quejas previas de maquinistas y usuarios, y la caída relativa de la inversión en mantenimiento forman, a su juicio, un contexto que hace insostenible seguir hablando de accidente imprevisible.

Caos ferroviario y sensación de país que no funciona

Más allá de Adamuz, Herrera amplía el foco y vincula la tragedia con un problema estructural. Las interrupciones constantes, la falta de fiabilidad del servicio y el descontrol en puntos clave del país refuerzan la idea de que el sistema ferroviario atraviesa una etapa de degradación.

El comunicador insiste en que no basta con construir cientos de kilómetros de alta velocidad si después no se mantienen adecuadamente. Recaudar más que nunca, disponer de fondos europeos millonarios y, aun así, ofrecer servicios cada vez más deficientes es, para él, el verdadero síntoma de la mala gestión.

“No es mala suerte, es mala gestión”, resume Herrera, señalando que la incompetencia y la falta de previsión tienen consecuencias directas cuando se trata de infraestructuras críticas.

Las incógnitas que siguen abiertas

Aunque defiende dejar trabajar a los investigadores, Herrera subraya que las preguntas esenciales siguen sin respuesta:

  • ¿Por qué falló una vía que debía estar en perfecto estado?
  • ¿Por qué no se atendieron adecuadamente las alertas previas?
  • ¿Por qué el sistema reaccionó con tanta confusión en los primeros momentos?

Para el comunicador, el tiempo acabará aclarando si el fallo fue de la vía o del tren, pero lo que ya resulta evidente es que el deterioro acumulado del sistema ferroviario es responsabilidad política directa del Gobierno.

Una responsabilidad que, insiste, no puede esconderse detrás de discursos genéricos sobre empatía o fatalidad. Porque, como concluye con contundencia, esto no fue un meteorito: alguien no hizo su trabajo, y eso es exactamente lo que debe investigarse y depurarse hasta el final.

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