Carlos Herrera ha sido especialmente duro este martes con la comparecencia de Pedro Sánchez para hacer balance del año. Un acto que, lejos de servir para aclarar responsabilidades políticas o para anunciar medidas de regeneración democrática, confirmó —según el periodista— que el presidente del Gobierno no tiene intención alguna de abandonar la Moncloa, ocurra lo que ocurra a su alrededor.
“A Pedro Sánchez no le saca de la Moncloa ni la Guardia Civil”, sentenció Herrera en Herrera en COPE, utilizando una expresión que resume la sensación de bloqueo institucional que, a su juicio, vive España. Ni una cuestión de confianza, ni una moción de censura, ni unas elecciones adelantadas parecen estar en el horizonte de un presidente que, tras semanas de redadas policiales, detenciones, dimisiones y denuncias por acoso, optó por una huida hacia adelante envuelta en anuncios menores y en el discurso habitual de confrontación.
Herrera subraya que la comparecencia de Sánchez llegó tras uno de los periodos más convulsos de la legislatura. La UCO ha registrado empresas y organismos clave como Forestalia, la SEPI, Mercasa, Enusa, Cepides o Plus Ultra, además de dependencias vinculadas a los ministerios de Industria, Transición Ecológica, Economía y Hacienda. A ello se suman las investigaciones sobre Koldo García, Leire Díez, el rescate de Plus Ultra y otras tramas que afectan al entorno socialista.
Pese a este contexto, el presidente optó por un mensaje que Herrera califica de desconectado de la realidad. En lugar de asumir errores o anunciar cambios de calado, Sánchez presentó como gran solución un nuevo bono de transporte, el llamado “bonotren”, una medida que para el comunicador resulta casi ofensiva ante la magnitud de lo que está ocurriendo.
“La UCO entra en medio país y la respuesta del presidente es un bono”, ironizó Herrera, destacando que ni siquiera se planteó una remodelación del Gobierno, algo que incluso su socio de coalición, Sumar, le había sugerido.
Bostezos, desdén y una rueda de prensa controlada
Otro de los aspectos que más indignación provocó en Herrera fue la actitud personal de Sánchez durante la comparecencia. El comunicador describe una escena en la que había más asesores que periodistas, con preguntas muy limitadas y un presidente que, ante cuestiones incómodas sobre responsabilidades políticas, fingía bostezar o respondía con desdén.
Para Herrera, este gesto simboliza el estado mental del presidente:
“Sánchez habló para la gente que no escucha la radio ni lee la prensa, para quienes solo reciben consignas. Para el resto, fue un ejercicio de desfachatez”.
El periodista se pregunta si la comparecencia ha servido para algo. Y su conclusión es clara: no ha convencido a nadie, ni siquiera a los medios tradicionalmente más próximos al Gobierno.
Ni los aliados mediáticos compran ya el relato
Herrera destaca que incluso diarios y analistas habitualmente favorables a Sánchez han mostrado una distancia inédita. Recuerda las palabras de Ignacio Sánchez-Cuenca, uno de los intelectuales más alineados con el sanchismo, advirtiendo de que la obsesión del presidente por mantenerse en el poder puede provocar una crisis de supervivencia en el PSOE “de la que no quedarán ni los restos”.
También señala editoriales críticos en La Vanguardia, que llegó a hablar de una “frenética huida hacia adelante”, una expresión que, según Herrera, define perfectamente la estrategia del Gobierno: avanzar sin rumbo, confiando en que el desgaste no termine de romper la estructura.
Los socios, rehenes de Sánchez
La comparecencia tampoco sirvió para recomponer relaciones con los socios parlamentarios. Herrera es tajante: “Son rehenes de Sánchez”.
Ni ERC, ni Sumar, ni otros apoyos circunstanciales tienen margen real para romper, porque —según el comunicador— no tienen a dónde ir. De ahí que Sánchez se permita despreciar sus críticas públicas, convencido de que nadie forzará una ruptura que los llevaría a elecciones.
Como ejemplo, Herrera cita el anuncio de un encuentro en Moncloa con Oriol Junqueras, líder de ERC y beneficiario de la amnistía impulsada por el propio Gobierno. Un gesto que, lejos de normalizar la situación política, refuerza la idea de que Sánchez seguirá sosteniéndose mediante pactos extremos, incluso en plena tormenta judicial.
Un déjà vu del “me quedo” tras la imputación de Begoña Gómez
Herrera encuentra paralelismos claros entre esta comparecencia y la que Sánchez realizó el 29 de abril de 2024, tras tomarse cinco días de “reflexión” cuando se conoció la imputación de su esposa, Begoña Gómez. Entonces, como ahora, el presidente habló de bulos, fango, conspiraciones mediáticas y ataques de la derecha.
El mensaje fue idéntico: “De aquí no me echa nadie”.
Para Herrera, este patrón revela que Sánchez está dispuesto a inventarse lo que sea necesario para resistir, incluso aunque el país acumule tres años sin presupuestos, con elecciones autonómicas en el horizonte y un clima político cada vez más irrespirable.
Rufián, Plus Ultra y Zapatero: más frentes abiertos
El editorial también repasa otros episodios recientes que alimentan la sensación de descomposición. Desde la actuación de Gabriel Rufián en la comisión de investigación de la DANA —que Herrera califica de demagogia y acoso— hasta las informaciones sobre la relación de José Luis Rodríguez Zapatero con uno de los detenidos en la trama de Plus Ultra, apenas tres días antes de su arresto.
Según las investigaciones periodísticas citadas por Herrera, el rescate de 53 millones de euros a una aerolínea con un solo avión se produjo con todos los informes técnicos en contra, tras una intervención muy activa del expresidente socialista. Un episodio que sigue generando preguntas incómodas y que amplía el cerco sobre el entorno del PSOE.
Objetivo de Pedro Sánchez: resistir a cualquier precio
Carlos Herrera cierra su análisis con una idea que atraviesa todo su monólogo: Pedro Sánchez ha decidido resistir a cualquier precio, incluso si eso implica despreciar a los periodistas, ignorar a sus socios, desoír a la oposición y minimizar una avalancha de investigaciones judiciales.
“La única forma de sacarle de la Moncloa —concluye Herrera— parece ser la Guardia Civil. Porque ni elecciones, ni Parlamento, ni sentido común parecen suficientes”.
Una afirmación que resume el momento político que vive España y que deja abierta una pregunta inquietante: ¿Cuánto más puede aguantar una legislatura sostenida únicamente por la voluntad de un presidente de no marcharse?
