La política internacional se convierte una vez más en el escaparate de Pedro Sánchez. Esta vez ha sido en Copenhague, en la cumbre de seguridad europea, donde los líderes del continente han hablado con tono de urgencia de la amenaza rusa y de la fragilidad de la defensa común. Y allí, fiel a su estilo, Sánchez ha vuelto a ser “don R”, como le llama Carlos Herrera, el presidente que ya empieza a ser conocido en Europa más por sus excentricidades que por su firmeza.
Mientras la primera ministra de Dinamarca alerta de que Europa vive el momento más peligroso desde la Segunda Guerra Mundial, Sánchez vuelve a insistir en su discurso del cambio climático, ajeno al clamor de los países que piden más inversión en defensa. Herrera lo resume con dureza: “El Sánchez que se fotografía en la esquinita de la foto para hacerse el distinguido es el mismo que comete las estupideces de hablar de clima mientras los polacos ven pasar drones rusos sobre sus casas”.
En su editorial de las ocho de la mañana en Herrera en COPE, el comunicador señala que el presidente español ha pasado de ser un desconocido a convertirse en el ejemplo de lo que Europa no necesita: propaganda, gestos vacíos y discursos fuera de lugar. La Unión Europea, dice Herrera, “ya empieza a conocerle como lo que es: un presidente que no se entera de nada o que simplemente ha perdido el rumbo”.
La cumbre de Copenhague y la seguridad europea
En Dinamarca, los mandatarios europeos han hablado por primera vez en términos bélicos de la defensa común. Se plantea la creación de un “muro de drones” para proteger a los países del Este, cada vez más hostigados por incursiones híbridas de Rusia. Desde barcos pesqueros rusos han partido ataques con drones contra vecinos europeos, un ejemplo claro de la amenaza latente.
Herrera subraya que, aunque en España la tensión no se perciba con la misma intensidad, en el este de Europa la población vive con la certeza de que la paz está quebrada. Ucrania, con la experiencia amarga de la guerra, se ha convertido en la referencia de un modelo de defensa que ahora todos quieren replicar. Y sobre la mesa, propuestas como la del canciller alemán para usar los activos rusos congelados y financiar armamento que sostenga la resistencia de Kiev.
Pedro Sánchez y el discurso que chirría
En medio de ese debate crucial, Pedro Sánchez insiste en hablar de cambio climático como si de seguridad se tratara. “Una tomadura de pelo”, lo define Herrera, que recuerda que a países como Polonia no se les puede hablar de sostenibilidad cuando tienen a Rusia amenazando a diario su espacio aéreo.
La imagen que se lleva Europa del presidente español es la de un dirigente más preocupado por su narrativa personal que por comprometerse con la defensa. Y allí, entre socios que reclaman responsabilidad, Sánchez se erige en la caricatura del líder que no aporta nada más que titulares grandilocuentes.
El fiasco del barco Furor
Herrera también dedica parte de su editorial al ridículo del Gobierno con el envío del buque Furor. La nave de la Armada cruzó el Mediterráneo sin traspasar las aguas territoriales, incapaz de intervenir ni de aportar nada a la crisis de la flotilla pro-palestina interceptada por Israel.
El comunicador insiste en que se trata de otra operación de propaganda, diseñada para que Sánchez luciera durante su estancia en Nueva York, pero que solo ha servido para aumentar las críticas de sus socios de gobierno. “Ha cruzado el Mediterráneo para nada, un viaje patético”, sentencia Herrera.
La flotilla de las “tres petardas”
La llamada “cuki flotilla” fue detenida a 80 kilómetros de la costa de Gaza. Las fuerzas israelíes abordaron los barcos y condujeron a los activistas hasta el puerto de Ashod para proceder a su deportación. Herrera ironiza sobre los personajes que han convertido la travesía en un espectáculo mediático: desde Greta Thunberg hasta la mediática “Barbigaza”, convertida de la nada en tertuliana estrella.
Para el periodista, la operación israelí ha sido “exquisita” en las formas, mientras que el papel de España se ha reducido a un mero gesto sin peso ni efecto real.
Hamás, Qatar y el plan de Trump
En paralelo, Oriente Medio sigue pendiente de la respuesta de Hamás al plan de paz propuesto por Donald Trump. La organización terrorista pide más garantías sobre la retirada israelí, mientras que Qatar juega un papel clave en las negociaciones. La Casa Blanca ha difundido incluso imágenes de Netanyahu disculpándose ante el emir qatarí, mientras Trump firmaba un acuerdo por el que cualquier ataque a Qatar será considerado una amenaza directa a Estados Unidos.
Según Herrera, el apoyo masivo de países árabes y de Israel al plan deja a Hamás con poco margen de maniobra, tras haber sido golpeado militarmente y perder parte de la batalla de la propaganda internacional.
Begoña Gómez y el recurso contra el juez Peinado
El análisis de Herrera también baja al terreno nacional, donde el ruido judicial no cesa. Begoña Gómez ha presentado un recurso contra la decisión del juez Peinado de llevar su caso a un jurado popular. Una vía que, según apunta el comunicador, “es peligrosa para los intereses del Gobierno”, ya que abre la causa al juicio directo de ciudadanos madrileños.
Además, el runrún apunta a que el Gobierno podría maniobrar para relevar al jefe de la UCO, ascendiendo al actual coronel a general y colocando en su lugar a alguien más influenciable. Una jugada que, en palabras de Herrera, “sería una patada hacia arriba para blindar la investigación de cualquier incomodidad”.
El embargo de armas y la idiotez del calendario
Por último, Herrera destaca el error —o la provocación— del Gobierno al fijar para el 7 de octubre la votación en el Congreso sobre el embargo de armas a Israel, justo el día en que se cumplen dos años de la matanza perpetrada por Hamás. “Esto o es maldad o es idiotez”, sentencia el locutor, recordando el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puede ser fruto de la idiotez.
La votación, al igual que otras iniciativas del Ejecutivo como la ley de movilidad sostenible o el techo de gasto, parece condenada al fracaso en un escenario donde Sánchez ya no encuentra complicidad ni siquiera entre sus propios socios.
